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Publicado el 24 mayo, 2021

Pilar Molina: Los independientes, ahora ¿también al Congreso?

Periodista Pilar Molina

Si se miran los cuatro principales grupos, más el de los pueblos originarios, el color que prima es el rojo.  Y desde la Lista del Pueblo han empezado a surgir opiniones que dibujan un contorno antisistémico y antidiálogo que preocupa a cualquiera que no desee una revolución sin líderes ni alternativas viables.

Pilar Molina Periodista
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Ni uno de los analistas lo vio venir. No recuerdo que ninguno anticipara que podía producirse una sorpresa con las listas de independientes, que podrían elegir más convencionales que los otros tres bloques tradicionales (Chile Vamos, la ex Concertación y el PC con el Frente Amplio). Menos, que una de esas listas (la del Pueblo) sumaría más convencionales que la ex Concertación (26 contra 25) y que sus líderes vendrían del corazón mismo de la “primera línea” de las protestas en Plaza Baquedano.

El tsunami llegó silencioso como suele hacerlo y con una fuerza que determinó también los resultados de alcaldes, convirtiéndola en la municipal más votada desde que rige el voto voluntario. Ese millón adicional que entró a sufragar en la Región Metropolitana le permitió a los incumbentes de Chile Vamos incluso subir su votación, pero al caer en términos de porcentajes, no se reeligieron sus ediles en Santiago, Maipú o San Miguel y tampoco el que entró a competir por Ñuñoa. Todos con mayor votación que en 2016.

Volviendo a los constituyentes, no debieran sorprender los resultados. Fueron fieles a lo que se votó en el plebiscito de octubre, cuando casi el 80% señaló que no quería que los partidos redactaran la nueva Constitución. Y así fue. Lo que ocurre es que el establishment pensó que las personas elegirían los independientes al interior de las listas de los partidos tradicionales. De hecho, fueron electos 39 convencionales de ese modo. Pero el 40% de los votantes se fue a la segura y prefirió marcar una persona entre las listas de independientes, favoreciendo a las más rupturistas en su publicidad (la del Pueblo). Más atrás quedó la de Independientes por una Nueva Constitución, con otros 11 cupos para la centro izquierda. Los restantes 10 convencionales electos al margen de los partidos, del total de 48, salieron de la cincuentena de listas que compitieron en todo Chile.

Sin lugar a dudas que la izquierda, básicamente por la irrupción de las listas de independientes, que eligieron el mayor número de convencionales, 48, fue la gran ganadora en la constituyente, aunque nadie lograra los 2/3 como bloque. Los partidos de izquierda, sin embargo, no tienen nada que celebrar, salvo la feroz caída de Chile Vamos, que perdió para sus convencionales casi 500 mil votos que estuvieron por el Rechazo en el plebiscito de octubre, donde la derecha fue dividida.

Revolución Democrática, que fue el partido más votado del Frente Amplio, se empinó apenas al 6%. El PC, por su parte, mantuvo su tradicional preferencia del 5%. La lista del Apruebo (de la ex Concertación más colgajos), que también es de izquierda, salió última como bloque. Pero si se miran los cuatro principales grupos más el de los pueblos originarios, el color que prima es el rojo.  Y desde la Lista del Pueblo han empezado a surgir opiniones que dibujan un contorno antisistémico y antidiálogo que preocupa a cualquiera que no desee una revolución sin líderes ni alternativas viables. Pretender amnistiar a los imputados o condenados por los delitos cometidos después del 18 de octubre de 2019, amenazar con expropiar a las grandes familias sin derecho a indemnización o prohibir la inversión extranjera; asegurar que jamás hablarán con la derecha ni con otros partidos, sólo con el pueblo… parece salido de una historieta de ficción.

Hay que agradecer a nuestros parlamentarios que permitieran competir esas listas de independientes que juntaron grupos heterogéneos cuyo único denominador común parece ser terminar con el modelo, usado como sinónimo del actual ordenamiento jurídico, económico, social y cultural. El candidato presidencial comunista Daniel Jadue ya empezó a hacerles guiños, anunciando que sus diputados y los del Frente Amplio propondrán legislar para que también puedan ir como listas en las parlamentarias de noviembre. Eso significa sentar a estos grupos antisistémicos en el Congreso y terminar con la democracia representativa. Un poco peor de lo que hay hoy, hay que reconocerlo. Pero peor, porque si hoy la gobernabilidad ha sido puesta en jaque por el fraccionamiento político y la radicalización de la mayoría en el Congreso, es improbable que pueda dar sustentabilidad a un futuro Presidente esta suma de grupos que se originan en la “primera línea” o en causas donde priman los anti (liberalismo, patriarcal, colonial, AFP, derechos de agua, centralización, etc.).

Quizás Jadue, o también Gabriel Boric, quien se sumó al cambio legislativo, crean que les sería más fácil gobernar con personas ajenas a los partidos, ya que son finalmente de izquierda. Pero hay otros en esta misma postura. Repitiendo el discurso que los partidos no cuentan con legitimidad ciudadana ni “representan la diversidad de la sociedad”, el electo constituyente Benito Baranda se pregunta “por qué no nivelar la cancha” para que las candidaturas extra partidos puedan participar en igualdad de condiciones a los conglomerados políticos en las próximas parlamentarias.

Incluso en la derecha, tanto Mario Desbordes como el diputado Tomás Fuentes de RN se han mostrado abiertos a terminar con la democracia representativa que conocemos y permitir que lleguen al Congreso personas sin ningún filtro institucional, de las que se desconoce qué programa de futuro comparten. El diputado Pepe Auth, en contraste, señaló que no conoce “ningún país del mundo que haga esto para sus instancias permanentes de representación como el Congreso Nacional. Por la gobernabilidad, se requiere de agrupaciones colectivas con posiciones comunes frente a lo diversos temas; y también por transparencia frente al electorado, que debe conocer identidad, ideas y programas de quienes elige como parte de un colectivo estable y duradero”.

Es de esperar que esta discusión no se convierta en otra como la de los retiros anticipados de los fondos de pensiones. Nuestros parlamentarios han sido una máquina de demolición de la institucionalidad y sería prudente que en su último tiempo se detengan.

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