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Publicado el 30 de septiembre, 2019

Pilar Molina: Legislar la migración sobre rocas

Periodista Pilar Molina

Ya lo había dicho Joseph Ramos, vicepresidente de la Comisión Nacional de Productividad: “Los migrantes contribuyen mucho más al país de lo que al país le cuesta”. Y el informe de política monetaria de junio del Banco Central estableció su efecto positivo sobre el crecimiento tendencial y la productividad, dado que tienen mayor nivel educacional promedio que los chilenos y llegan a empleos de menor calificación.

Pilar Molina Periodista
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En tiempos donde se imponen los mitos, las ofertas populistas que lucen hoy y son hambre para mañana, en que los legisladores desprecian el rigor científico y los datos fácticos, que quieren prohibir medir los resultados en educación argumentando que estigmatiza… Bueno, en esa época, deberíamos valorar como un aporte el libro “Migración en Chile, evidencia y mitos de una nueva realidad”, donde 23 autores abordan en 400 páginas cómo impactan los flujos extranjeros que llegan a Chile a radicarse. Es decir, los migrantes.

Ya lo había dicho Joseph Ramos, vicepresidente de la Comisión Nacional de Productividad: “Los migrantes contribuyen mucho más al país de lo que al país le cuesta”. Y el informe de política monetaria de junio del Banco Central estableció su efecto positivo sobre el crecimiento tendencial y la productividad, dado que tienen mayor nivel educacional promedio que los chilenos y llegan a empleos de menor calificación. En suma, que son un aporte a la economía, generando anualmente medio punto del PIB al año, lo que es alrededor de US$1.800 millones.

¿Qué dice el libro frente a los temores clásicos que quitan las pegas, bajan los sueldos, recargan las políticas sociales disputando viviendas y los servicios de salud gratuitos? Que el fisco recibe anualmente más de mil millones de dólares en concepto de impuestos y pago de trámites en Extranjería, que entre 2002 y 2018 accedieron apenas al 0,79 por ciento de los subsidios habitacionales, que concentran apenas el uno por ciento  del total de los egresos hospitalarios y que la inmensa mayoría de los chilenos no ha tenido nunca, o casi nunca, una mala experiencia con un migrante.

Ya estamos claros que la geografía étnica cambió para siempre en las calles de Santiago y en regiones con casi un millón 400 mil extranjeros, que suman cerca del siete por ciento de la población total y cuya presencia ha subido exponencialmente en los últimos tres años, producto del fracaso de los gobiernos en sus países de origen (Venezuela y Haití) o la incapacidad de otros para crear prosperidad en forma sostenida. Ya no nos damos vuelta a mirar a alguien de color, no nos extraña que nos atienda un venezolano o peruano en cualquier servicio y nos hemos habituado al trato amable y alegre que los caracteriza y contrasta con el modo rudo de la mayoría de los chilenos.

Puede que importen gastos al Estado y aumenten la oferta de trabajo -señala uno de los investigadores del libro- pero incrementan también la demanda por bienes y servicios, lo que reactiva la producción y el empleo. Y en un país que envejece sin vuelta, porque los chilenos rehúyen tener hijos, contrarrestan las menores tasas de crecimiento del empleo, ayudando a fortalecer la actividad económica.

Respecto a la delincuencia, otra área de mito urbano, los investigadores señalan que la percepción tampoco acompaña a la realidad porque los imputados extranjeros son apenas el tres por ciento del total en 2018 y la tasa de delitos de mayor connotación social baja a partir de 2014 y se mantiene estable en 2017 y 2018, años en que hay un fuerte aumento de las visas a extranjeros. Aunque falta evidencia concluyente, nada permitiría pensar que los migrantes delinquen más que los nacionales. Al contrario, un chileno tiene más posibilidades de terminar preso que un afuerino.

Este libro editado por la Universidad Alberto Hurtado y el Servicio Jesuita a Migrantes es sin duda un aporte en momentos en que el Congreso está legislando la nueva ley de Migración. Lo que esperamos es que los colegisladores no se den gustos populistas y empiecen a introducir indicaciones que contraríen la evidencia fáctica y los datos contenidos en sus páginas.

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