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Publicado el 24 de diciembre, 2018

Pilar Molina: La respuesta de la mayoría feliz

Periodista Pilar Molina

Ese casi 80% de chilenos felices debiera responder con calma y sin golpes a esos seres desaforados que estallan en garabatos o histeria por un topón del auto, por una opinión política que no comparten, por una reivindicación de cualquier tipo. Esa gran mayoría debiera enrostrar con cariño y una sonrisa, pero con severidad, la violencia que usan algunos -muy pocos- para conseguir sus objetivos.

Pilar Molina Periodista
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Muchas veces los análisis periodísticos contingentes te proyectan un país de discordia, polarizado, crispado. Y qué decir cuando hablan los políticos, como si estuviéramos ad portas de un colapso político e institucional. Que si no es la crisis de Carabineros, es que nos pusimos del lado de los países fascistas por no suscribir un pacto de la ONU, o que el bloqueo de un grupo de trabajadores eventuales de una parte del puerto de Valparaíso amenaza la economía nacional.

Pero ese cuadro de tan alta alarma social no se condice con las encuestas que sindican a Chile como uno de los países más felices del mundo. Sí, porque no es menor que ocupe el lugar 25 entre 156 en el ranking mundial de la ONU sobre felicidad, el cual mide ingresos, pero también el apoyo social, la esperanza de una vida sana, la libertad social, la generosidad y la ausencia de corrupción.

Este júbilo también la reflejan las encuestas locales. La última CEP de noviembre indicó que casi el 80% de los chilenos se declara “muy feliz” o “bastante feliz”, descendiendo fuerte los “nada” o “poco felices”. Y puertas adentro los chilenos son aún más plenos. En la misma encuesta, el 91% se declara “muy satisfecho” o “completamente satisfecho” con sus relaciones con los miembros de su familia y apenas un 7% se posiciona en el eje de la insatisfacción.

Más allá de “ellos” (opinólogos, periodistas, políticos, entre otros), la inmensa mayoría navega en los mares de la felicidad y ese 79% que no se oye, debiera tomar una actitud más proactiva.

Para ser feliz no sólo influye el factor familiar, sino que también las condiciones de trabajo, los ingresos, la salud, el tiempo de ocio… ¿Por qué la alta satisfacción en todos esos ámbitos no se refleja para nada en la mirada que trasluce la élite? Quizás el problema es nuestra élite, que siguiendo el adagio de “malas noticias, buenas noticias para los medios”, se dedica a alimentar los noticiarios y programas de radio y televisión con una mirada casi escatológica de Chile y sus circunstancias.

Lo claro es que más allá de “ellos” (opinólogos, periodistas, políticos, entre otros), la inmensa mayoría navega en los mares de la felicidad y ese 79% que no se oye, debiera tomar una actitud más proactiva. No permitir que la apacible navegación sea amenazada por un grupito de desalmados que golpea con puños y patadas nada menos que al presidente del Tribunal Constitucional y, lo más patético, por una supuesta defensa de derechos humanos de las víctimas, que considera inadmisible dar libertad condicional a personas que hayan cometido crímenes de lesa humanidad. Esa gran mayoría de chilenos debiera enrostrar con cariño y una sonrisa, pero con severidad, la violencia que usan algunos para conseguir sus objetivos, no importando cuánto daño hagan al comercio, los exportadores o a los porteños con sus barricadas y destrozos por una reivindicación laboral. Ese casi 80% de chilenos felices debiera responder con calma y sin golpes a esos seres desaforados que estallan en garabatos o histeria por un topón del auto, por una opinión política que no comparten, por una reivindicación de cualquier tipo. Este Chile feliz, el gran ausente en los medios de comunicación, debiera procurar impregnar de ventura y alegría los lugares públicos, empezando por las calles, las plazas, las ciudades y los campos y coparle los espacios a los que reivindican la violencia, ven el mundo en blanco y negro, alimentan el odio y el caos y no respetan a nadie.

La respuesta inmune decidida de los chilenos felices debiera finalmente plegar a todos los catastrofistas y violentos que lucran con el caos a unirse a la mayoría contenta.

Estos irruptores no pueden ser felices cuando se expresan con tanta virulencia en contra del prójimo y la sociedad que los alberga. Son muy pocos, pero son el problema. Y si no forman parte de la élite, al menos responden a ella. Y son los chilenos felices los que debieran actuar, como los linfocitos detectan las sustancias extrañan que enferman el cuerpo, generando los anticuerpos para aislar las amenazas de bacterias y virus destructores del tejido social. La respuesta inmune decidida de los chilenos felices debiera finalmente plegar a todos los catastrofistas y violentos que lucran con el caos a unirse a la mayoría contenta. Hoy que es 24 tenemos un día de esperanza y unidad y enfilamos hacia una nuevo año en blanco donde podemos empezar a construir todos un mejor país, seduciendo también a los que han elegido el camino equivocado.

 

FOTO: HANS SCOTT/AGENCIAUNO

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