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Publicado el 11 de marzo, 2019

Pilar Molina: La pugna por cosechar la causa feminista

Periodista Pilar Molina

Las mujeres no marcharon con alegría y en forma pacífica el viernes por este itinerario ideológico propio del feminismo radicalizado de izquierda que bien sabe representar Beatriz Sánchez.Salieron en masa a las calles junto a sus hijos y parejas a expresar la voluntad de cambio y hacer conciencia sobre los problemas comunes que afectan a las mujeres.

Pilar Molina Periodista
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Notable el éxito de la movilización en todo Chile por el día internacional de la mujer. Carabineros informó 190 mil personas en Santiago, más que en las marchas contra las AFP o la de los estudiantes en 2011. Tanta participación brinda una oportunidad, la última dicen algunos dirigentes, para la rearticulación de la izquierda, la cual le ha sido esquiva desde que deviniera en Nueva Mayoría y luego en ex Nueva Mayoría, junto al Frente Amplio. La desigualdad de género se convertiría en lo que fue el lucro en 2011 para movilizar a familias enteras que protestaban no solo contra el endeudamiento en la educación, sino que por la mala calidad o la desigualdad.

Pero el mismo éxito de la marcha hace imposible que sus convocantes puedan cosecharlo instrumentalizando la causa feminista para la oposición y “destruir el modelo”, como oí decir a una vocera en televisión, y avanzar en las propuestas de la Coordinadora para el 8M. Éstas no sólo apuntan al sentimiento compartido de terminar con la violencia contra la mujer y darle a ella equidad en el trato, sino que plantean un derecho al aborto libre y financiado por el Estado, una educación como derecho social “desmercantilizado”, poner fin al capitalismo y al “extractivismo”, darle “soberanía y autodeterminación a los pueblos y territorios en resistencia”. Un lenguaje más propio del Partido Comunista y el Frente Amplio que de una socialdemocracia en cualquiera de sus formas.

Pero las mujeres no marcharon con alegría y en forma pacífica el viernes por este itinerario ideológico propio del feminismo radicalizado de izquierda que bien sabe representar Beatriz Sánchez. Salieron en masa a las calles junto a sus hijos y parejas a expresar la voluntad de cambio y hacer conciencia sobre los problemas comunes que afectan a las mujeres. Se volcaron en regiones y la Alameda por el sentimiento compartido del abuso, que nos pagan peor que a los hombres por igual labor, nos escuchan con menos atención, sólo piensan en nosotras para aportar en directorios para cumplir con cuotas, ofrecen columnas en los diarios para no ser acusados de misóginos. Por, en definitiva, no ser consideradas como iguales a la hora de distribuir recursos para compensar los años de crianza y maternidad, al momento de incluirlas, escucharlas y respetarlas.

El gobierno está consciente que este propósito común trasciende los proyectos de la izquierda y por eso ha buscado impedirle su apropiación ideológica. La Coordinadora 8M hasta expresó su malestar con que el Ejecutivo se esté “robando la movilización y se plantee como el gobierno de los derechos de las mujeres”. La crítica es a que La Moneda procure mantener el liderazgo en la agenda pro mujer, abrazando la causa por la igualdad de derechos y la equidad de género con iniciativas legales y el apoyo reiterado del Presidente, la ministra de la Mujer Isabel Plá y de la Primera Dama. Cecilia Morel incluso pidió a las mujeres no dividirse por sus opiniones, “todas somos una”, advirtió, y el Ejecutivo se apuró en conmemorar el viernes 8 anunciando nuevas iniciativas para sancionar la violencia, como el hostigamiento digital.

El mismo viernes otra mujer fue asesinada, sumando una nueva víctima a la décima de este año que cayó en manos de su pareja. Los 42 femicidios de 2018 y los 118 frustrados son la prueba al canto de que muchos siguen considerándolas “cosa propia” a las que se les puede dar cualquier trato.

Falta mucho por avanzar, mucha conciencia por conquistar. Pero las mujeres también tienen que creérsela y estar a la altura de sus cargos, no como si fueran hombres, pero sí como “pares”. Y eso pareciera ser incompatible con ver periodistas en la televisión comentado estos temas que quieren ser respetadas y escuchadas, que aparecen con tenidas más provocadoras que profesionales. Lo mismo ocurre con otras altas funcionarias públicas que no se ven a la altura de sus responsabilidades con vestidos cortos y apretados e incómodos tacos agujas. Ojalá que más que sexys, se vieran empoderadas. Creo que, si queremos empoderarnos, tenemos que renunciar a buscar la consideración y el piropo masculino del cual después nos quejamos.

FOTO: DIEGO IBACACHE/AGENCIAUNO

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