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Publicado el 14 de enero, 2019

Pilar Molina: La misma oposición de 2010: crispar y bloquear

Periodista Pilar Molina

“Todos Contra el Gobierno” debiera ser el nombre que reemplace al de la Nueva Mayoría, porque ahí sí que hay unidad de propósitos.

Pilar Molina Periodista
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Esta semana la oposición terminó de clarificar que sigue la misma estrategia que durante el primer gobierno que desplazó a la izquierda del poder y el primero de Sebastián Piñera: crispar los ánimos al máximo, frenar los proyectos del gobierno en el Congreso usando su mayoría en ambas Cámaras y procurar desacreditar las autoridades del oficialismo.

Esta vez le tocó al ministro del Interior. La desafortunada frase de que la “interferencia” en la comunicación con el general (R) Mauro Victtoriano le impidió entender que él le había informado desde el inicio que el comunero Camilo Catrillanca no iba armado brindó una nueva oportunidad para poner en el banquillo a Andrés Chadwick. Parecía imposible que prosperara una acusación constitucional en su contra, porque los dichos del general Victtoriano ni siquiera concuerdan con el informe escrito de su institución a Interior y es hasta bochornoso el contraste con lo que fue el comportamiento de la administración Bachelet con las irregularidades en Carabineros. Chadwick ha demostrado que no está dispuesto a aceptar ninguna, aún a costa de pasar a retiro a más de 50 generales desde que salió Villalobos, y ha sido categórico en condenar la muerte de Catrillanca y la seguidilla de mentiras que salieron de la institución para justificar que el joven fue asesinado sin que estuviera armado y sin que hubiera un enfrentamiento en ese instante.

Pero en la idea de continuar desacreditándolo, apuntando al desgaste del ministro y del equipo político, se constituyó la comisión investigadora del homicidio en la Cámara y un equipo de expertos que informará sobre el mérito jurídico de acusar constitucionalmente al jefe de gabinete. La decisión fue postergada a marzo, de manera que el descrédito de la principal figura política del oficialismo se convierta en una profecía autocumplida.

La idea de la acusación constitucional no es solucionar el impasse en La Araucanía o la crisis con Carabineros, sino que usar el caso Catrillanca como arma contra el gobierno.

“Todos Contra el Gobierno” debiera ser el nombre que reemplace al de la Nueva Mayoría, porque ahí sí que hay unidad de propósitos, aunque no haya unanimidad, porque senadores DC como Jorge Pizarro o Francisco Huenchumilla se encargaron de cuestionar la pertinencia e injusticia de acusar a Chadwick. La idea no es solucionar el impasse en La Araucanía o la crisis con Carabineros, sino que usar el caso Catrillanca como arma contra el gobierno.

Y la estrategia de descrédito del Ejecutivo tiene una segunda pata que es la de bloquear los proyectos de ley más importantes y cualquiera que pueda permitir lucimiento a La Moneda. La izquierda ha procurado no aprobar la ley corta que el gobierno presentó en abril para reajustar en un 25% la subvención de los niños en residencias administradas por fundaciones privadas. Es unánime la opinión que el actual monto -inferior a los 400 mil pesos- no alcanza a cubrir ni la mitad de los costos de institucionalizar a menores vulnerables, pero la oposición se ha dedicado a elevar las exigencias sin entregar más recursos. La directora del Sename, Susana Tonda, rogó a los senadores aprobar la ley la semana pasada, pero no ocurrió, y en vez surgieron nuevas ideas creativas, como convertir los organismos colaboradores en servicios públicos. Una propuesta tan genial como la de la Comisión de Familia de la Cámara, que antes planteó que estos organismos rindan cuenta de todas las platas recibidas desde el inicio, aunque sean del siglo 19, como la Sociedad Protectora de la Infancia, creada en 1894. Que no haya ofertas privadas para casi el 40 porciento de las 87 residencias que está licitando el Sename no es algo que importe a los parlamentarios de izquierda. Ellos desconfían del sector privado y no les va ni viene que sean las residencias administradas por el Estado (los CREAD) las involucrados en los mayores escándalos de violaciones y muertes de menores bajo la protección del Estado.

Mucho menos dispuesta está la oposición a aprobar los proyectos estructurales de la administración de Piñera. Y en esto sí que ha tenido éxito la izquierda, porque pasó el primer año y La Moneda no ha sido capaz de sacar adelante las modificaciones más importantes que prometió para enmendar los errores legislativos de su antecesora, como la reforma tributaria y laboral. También está pendiente mejorar las pensiones, que probablemente sea lo más trascedente.

¿Por qué Piñera se juega por enmendar la falta de reconocimiento del mérito en el sistema público de educación si no tiene los votos en el Congreso?

Y en vez de concentrarse en lo que “debe”, La Moneda amplía el arco legislativo proponiendo enmendar la mal llamada Ley de Inclusión de Bachelet. Mal llamada, porque con ella la única matrícula que aumentó en su período fue la de los colegios particulares pagados, que, por definición, aumentan la segregación. Medida en esos términos, fue un fracaso, pero el gobierno inició una nueva batalla que no puede ganar en el Congreso, porque ideológicamente ya la obtuvo la ex Nueva Mayoría, que considera que “para los otros” (los que no son de la élite) no existe ningún mérito académico que haya que reconocer en los procesos de admisión escolar, porque las mejores notas sólo responden a niveles socioeconómicos diferentes. Como a su entender, detrás no hay esfuerzo personal ni dedicación de las familias, la ex Nueva Mayoría inició con éxito la demolición de los colegios de excelencia académica.

¿Por qué Piñera se juega por enmendar la falta de reconocimiento del mérito en el sistema público de educación si no tiene los votos en el Congreso? Quizás porque estaba en el programa de Chile Vamos o porque es una herramienta para negociar otras reformas, o por las encuestas, pero lo que sea, terminará distrayendo al gobierno de recuperar la agenda en lo sustancial y no lo accesorio que es superar la crisis política que le abrió la oposición con la muerte de Catrillanca, el desempeño económico inferior a las expectativas y las reformas pendientes. El cómo da para otra columna, pero un gobierno fuerte debe tener ministros vigorosos y da la sensación que pierden fuerzas que no gana el Presidente por copar los espacios.

 

FOTO:CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO

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