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Publicado el 18 de mayo, 2020

Pilar Molina: Izkia Siches sin pudor

Periodista Pilar Molina

Es difícil aislar los dardos de la dirigenta gremial de una intencionalidad política. Cada situación, como decretar una cuarentena masiva, la convierte en una oportunidad de crítica pública que erosiona la confianza para acatar.

Pilar Molina Periodista

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Aunque en las encuestas la ciudadanía valora el rol que ha jugado la presidenta del Colegio Médico en la pandemia, su crítica al manejo oficialista ha sido constante y muy contraproducente al minar su credibilidad.  Esta semana pareció llegar al paroxismo porque, aprovechando el explosivo disparo del número de contagiados con Sars-cov-2, , descargó su ira. Hablando en forma muy exaltada, Izkia Siches exigió “una nueva forma de gobernar la pandemia”. Aunque se dirigió a la prensa saliendo de la oficina del ministro del Interior en La Moneda, lamentó que “no podemos seguir hablándole a una pared” y acusó al Ministerio de Salud de “empeñarse en contener y retener la información solamente para ellos”.

La crítica de esta dirigenta gremial ha sido perseverante. Pareció amainar tras ser invitada a integrar la Mesa Social Covid 19, que partió el 22 de marzo con alcaldes, académicos y otros como instancia de coordinación y colaboración para enfrentar el brote viral. Apenas días después, sin embargo, disparó que el gobierno había fracasado en la estrategia para enfrentar la pandemia y lo acusó de falta de transparencia. Poco después señaló en una entrevista que la Mesa Social era una instancia “cosmética” para dejar tranquilos a los alcaldes y al Colegio Médico.

No renunció a continuar integrando la mesa y tampoco a continuar cuestionando la estrategia sanitaria del gobierno que éste discute con el Consejo Asesor Covid 19, integrado por epidemiólogos y expertos en salud pública. Los miembros de este comité experto han discrepado de las decisiones del gobierno, como retomar las funciones presenciales gradualmente en la administración pública y los colegios, pero lo han hecho ver sin buscar minar la autoridad. La actitud disonante y poco colaborativa de Izkia Siches, en cambio, fue reparada en una inserción de 200 médicos que salieron a apoyar el liderazgo del Minsal en el combate contra el coronavirus. Esos mismos pares han cuestionado que la dirigenta de 34 años hable a nombre de todos los médicos de Chile, recordando que sólo fue electa con poco más de 6 mil votos y los médicos suman 50 mil y los colegiados, 26 mil. De hecho, no se ve cierta su reelección en agosto, fecha a la cual se postergó la elección gremial por la crisis. En esta oportunidad irán unidas las dos listas que ella venció en 2017.

La primera mujer en presidir el Colmed se declara de izquierda. Antes fue comunista y es cercana al Frente Amplio. Lamentó en una entrevista la semana pasada que no ha logrado convencer “que nuestro colegio no representa a la oposición, sino a una comunidad médica”. Pero tampoco se reserva sus opiniones políticas. Afirma que el gobierno no tiene credibilidad y reprocha al Presidente la posibilidad de postegar el plebiscito: “pueden ir al mall, pero no a la elección”, ironizó.

A la dirigenta no parecen amilanarla las críticas de sus pares. Su antecesor en la testera del gremio, Enrique Paris, ha reiterado la disconformidad de muchos médicos con sus ataques constantes a la autoridad sanitaria y al Presidente. Paris ha hecho ver que los mismos que no pudieron derrotar a Piñera escudándose en el movimiento social están intentándolo ahora con el coronavirus.

El cirujano Renato Acuña, quien la desafiará en las elecciones postergadas a agosto, la acusó de intrumentarlizar el gremio como un partido político de oposición. Añadió que Siches no practica internamente las críticas de falta de transparencia que formula al Minsal porque “nosotros tuvimos que llegar a pedir una auditoría forense para saber qué estaba pasando con los fondos del colegio”.

Es difícil aislar los dardos de la dirigenta gremial de una intencionalidad política. Cada situación, como decretar una cuarentena masiva, la convierte en una oportunidad de crítica pública que erosiona la confianza para acatar. Más ahora, cuando desde el sábado entraron en cuarentena todas las comunas del Gran Santiago y otras seis de la Región Metropolitana, lo que pone a prueba la obediencia ciudadana, sobre todo, en los sectores más vulnerables.

Aunque el ministro Jaime Mañalich reconoció esta semana la gravedad de la situación y que era necesaria esa drástica medida para reducir la explosión de contagiados en a lo menos un tercio, ella continúa con su propia pauta ácida, alimentado las sospechas que siembran las noticias falsas de los muertos en los pasillos del Hospital San José, de las 3 mil tumbas que se cavan en el Cementerio General o  las cifras negras de muertos por el virus.

Y es curioso, porque no estamos hablando de Venezuela, que declara 10 muertes por el Covid-19. Ni de Argentina, que decidió no seguir haciendo tests masivos por lo caro. Estamos hablando de Chile, que ha logrado casi duplicar la cantidad de ventiladores mecánicos en dos meses, en medio de la guerra desatada en el exterior para impedir su venta. Estamos hablando del país de América Latina que más tests hace, razón que puede ayudar a explicar el alto número de contagios detectados (43.781 al sábado 16), a pesar de lo cual tiene una de las letalidades proporcionalmente más bajas del mundo.

Es bien fácil no hacerse cargo del fantasma de la escasez de camas críticas y el peligro que corre el personal de salud y estar siempre divulgando “errores” cuando ni Siches le creyó al gobierno la crisis sanitaria que se nos venía encima y para la cual comenzó los preparativos en enero. De hecho, ella llamó a apoyar la marcha masiva feminista el 8 de marzo, cuando ya había 10 contagios con Sars-Cov-2 y apenas 3 días antes que la OMS decretara la pandemia mundial por el coronavirus.  ¿Cómo estaría Chile si fuera Siches quien se hubiera hecho cargo de enfrentar la pandemia?

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