El Gobierno de Gabriel Boric nos exige adaptarnos a sus rápidos vuelcos. Sus autoridades se disocian entre lo que hacen un día y lo que accionan al siguiente, entre lo que pensaban y lo que piensan. Vueltas de carnero oportunistas o táctica política, dirán algunos. Lo evidente es la falta de continuidad en lo que son su identidad y sus acciones.

Vamos viendo. Hasta en su génesis hay una disociación en la alianza electoral en el poder. El PC está aliado en el gobierno, pero con los pies en la calle, como lo ha aclarado muchas veces, pensando que de esa forma lo obligará a hacer las transformaciones comprometidas. Lo que más representa esta disociación es la dupla amigos-enemigos Boric-Jadue. Ambos amigos y enemigos. El alcalde creyó que podía usar al diputado para tener primarias y lo invitó a una elección donde se lo comieron con zapatos. Y ahora el perdedor no pierde oportunidad de sacarle ronchas a Boric, enrostrándole sus incoherencias entre lo que defendía ayer y lo que postula hoy. 

Las dos almas son nítidas en la administración. El Presidente puso la economía en manos de la Concertación o el socialismo democrático, y la política, siguiendo la misma lógica, en el sector del socialismo no democrático: el PC y los partidos y movimientos del Frente Amplio que lo apoyan. Creen que es viable manejar con el socialista ortodoxo Mario Marcel la economía, pero esta es en un 90% expectativas. Y ellas no mejoran cuando la administración calla frente a los manotazos que sus aliados en la Convención Constitucional le pegan todos los días a elementos básicos del mundo desarrollado como son el contrapeso y la separación de los poderes, un poder judicial independiente o el derecho de propiedad. Tampoco resulta congruente apostar a que el ministro de Hacienda dará la confianza suficiente para que el sector privado invierta y le permita al Estado recaudar 4 puntos del PIB en 4 años, mientras los partisanos del Mandatario aumentan la incertidumbre con baterías de medidas contrarias que ahogan la iniciativa privada. 

Claro que la desconexión en el pensamiento puede ser una defensa, porque hoy se le exige al nuevo Gobierno enfrentar la realidad y bajarse del pedestal opositor donde hacía una crítica feroz al uso de la fuerza. Y en su nuevo rol  aparece como primerísima responsabilidad hacerse cargo del orden público y entenderse con quienes están a cargo de él en la calle, como es la policía. Por eso resulta casi cómico verlos en el papel de antes, con la ministra Siches enjuiciando al carabinero atacado por una turba y enviando dos ministros a visitar al “niño” herido , para cuatro días después observarla visitando al carabinero antes despreciado y advirtiendo que “no vamos a tolerar (…) la golpiza a nuestros funcionarios de Carabineros”.  

Más que oportunismo, frente al temor al desborde anárquico, quizás están en un proceso de aprendizaje estas nuevas autoridades. Y capaz que en pocos meses más puedan llamar víctimas a las que lo son fruto de la violencia en los campos del sur y en las “Zonas Cero” y no sólo a los que han sufrido la represión de las fuerzas de orden y seguridad. Por ahora, comienzan por primera vez a mirar a “los otros”, lo que  indica una identidad en transición.

El problema de la incoherencia es que a veces se confunden entre una y otra identidad.  Entonces, creyéndose aún del bando de los que hablan del Wallmapu y “del pueblo mapuche en conflicto con el Estado”, como quieren que denominemos al problema bélico en el sur, emprenden acciones temerarias como internarse por caminos públicos a comunidades que los reciben a balazos (Temucuicui) o les cortan el paso (al subsecretario Monsalve en Cañete). Y  en un contínuum con su mirada victimista, y como si no fueran autoridad, siguen enarbolando el diálogo como método y solución y renuncian a querellarse contra los grupos insurgentes.

El mejor ejemplo de fuga disociativa ha sido la actitud de los Boric y su vocera Vallejo frente al quinto retiro. Las condiciones económicas no son peores a las que había en diciembre cuando ellos votaron a favor del cuarto retiro, usando fuertes epítetos en contra del oficialismo que lo consideraba  dañino. Aunque esos videos testimoniales circulan en redes sociales, la comunista Vallejo retoma (con cierta dificultad, sin duda) los mismos argumentos con que antes el oficialismo se oponía a continuar con los retiros de los ahorros cuyo destino son las pensiones. 

Dentro del cuadro disociativo está también tomar la parte de la realidad que acomoda y negar la otra. Es como  lo hace la pareja del Presidente, Irina Karamanos. La feminista usa La Moneda para darle realce a sus actividades con los trans, pero no es Primera Dama, advierte. 

*Pilar Molina es periodista.

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