Muchos han salido a proponer que el Presidente Boric asuma un gobierno de unidad nacional al día siguiente del plebiscito, el lunes 5 de septiembre.  Si gana el Rechazo, por supuesto, porque ya sabemos lo que ocurrirá si triunfa el Apruebo: el Mandatario exigirá implementar el ruidoso nuevo texto constitucional y llevar adelante todas sus reformas, sin concesiones a la oposición, aun cuando no tenga mayoría en la Cámara ni en el Senado. 

Si se rechaza la propuesta constitucional, en cambio, como todo lo indica, Gabriel Boric debiera dar una serie de pasos para no convertirse en un “lame duck”, sin ninguna influencia en el desarrollo de la nueva Carta Fundamental y los proyectos que empiecen a atender, ¡por fin!, los problemas reales de las personas. 

No le será fácil a Boric, porque aceptar la pérdida significa para el Presidente: 

  • distanciarse del socialismo no democrático, si no quiere enclaustrarse en un gobierno de minoría y descapitalizado ante la opinión pública;
  • renunciar a la troika de amigos para gobernar, porque si bien pudieron ser importantes para el asalto al poder, no han funcionado para administrarlo;
  • dejar de insistir en las transformaciones refundacionales del país y todas sus instituciones y de continuar acusando a quienes no las comparten de hacerlo porque quieren “mantener sus privilegios”;
  • aceptar que los países que progresan son aquellos que emprenden los cambios en forma gradual y que jamás arriesgan lo avanzado con políticas tipo big bang, que pretenden transformarlo todo a la vez, sin ningún estudio sobre las consecuencias previsibles en los diferentes escenarios;
  • reconocer que su ventaja comparativa con su coalición del Frente Amplio y del Partido Comunista está en ser “activistas”. Significa que pueden ser muy buenos en la oposición y pésimos en la administración de las políticas públicas;
  • humildemente, girarse en búsqueda de ayuda para gobernar a aquellos que culparon del supuesto fracaso de los “30 años” y amenazaron con reemplazarlos (o enterrarlos) en la política; 
  • abandonar la soberbia y el “voluntarismo” que los ha caracterizado como coalición de gobierno (esto último lo admite Boric en la entrevista de la revista Time, para enfrentar el problema de la violencia mapuche), y abrazar que la política es el arte de lo posible. Eso significa que el sistema de pensiones se puede mejorar sin destruirlo y sin apuntar a otro con peor evaluación que el chileno en los rankings especializados (el uruguayo). O que antes de  cambiar un sistema de salud hay que diseñar el nuevo, donde el acceso y la calidad es tanto o más importante que capturar la cotización del 7% de los 3,3 millones de beneficiarios de las isapres. O que “el chancho mal pelado” no lo arreglará una reforma tributaria que convertirá a los cerdos en animales tan escuálidos que no habrá piel que pelar; 
  • lo más importante, admitir que es posible que no finalice su mandato si no se resuelve a enfrentar la falta de orden público, la inseguridad y la violencia terrorista en la macrozona sur. Antes, él y sus aliados neutralizaron la acción del ex Presidente Piñera tendiente a reimponer el orden público, pero él tiene la suerte de enfrentar la cancha libre  (salvo en su propia coalición) para cumplir con su deber de hacer uso de la fuerza para la protección de la ciudadanía y la paz social. 

Pero, conociendo al personaje, es importante que hasta los más “buenistas” no olviden que tenemos un Presidente que considera que sus giros en 180 grados responden a que ahora es gobierno (un remolino que pagamos todos los chilenos) y que cuando creemos que ha aprendido y tomado una nueva posición, una y diez veces más vuelve atrás. Esta semana fue lamentable verlo denostando a los empresarios en la Sonami, y proponiendo condicionar la exportación de materias primas a que las potencias dejen de contaminar. Revela no solo su soberbia habitual (aunque la disculpe después con gestos y frases ensayadas), sino además su ignorancia en materia económica. Y a pesar de sus reiterados dichos condenado la violencia ahora, fue ominoso su silencio frente al feroz ataque terrorista en Contulmo, mientras dedicaba su tiempo y pasión a familiares de los detenidos desaparecidos de hace 20 o 40 años. 

Si mañana se impone el Rechazo, la estudiada oratoria de Boric con frases aludiendo a la unidad nacional y a su oferta de “ser el Presidente de todos los chilenos”, habrá que filtrarlas por el gatopardismo del Mandatario. Todo cambia para que nada cambie en él.  

*Pilar Molina es periodista. 


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