Son innumerables las muestras de contención que está exhibiendo el próximo gobierno. La guinda de la torta, el nombramiento de Mario Marcel en Hacienda, que como presidente del Banco Central tuvo que enfrentar hace unos meses las Barras Bravas de Gabriel Boric. Lo maltrataron por argumentar en contra de los sucesivos retiros de los fondos de pensiones que comandaron los diputados, entre ellos, el Presidente electo.

La ultra izquierda que representa el nuevo gobierno usó la agitación y el descontento para destronar a la izquierda democrática y también para llegar al poder. Fueron años de remover los problemas, primero como estudiantes y luego como diputados. Se apoderaron de las calles, se adjudicaron la representación de los movimientos sociales, crearon eslóganes como “no + APF” , se montaron arriba de la “dignidad” y de las pensiones. Luego, abrazaron las causas identitarias para barrer entre los grupos de diversidad sexual, feministas, abortistas, indigenistas, animalistas, etc…

Era una oleada imbatible de descontento transformador que rugía cambios y los impulsaba sin asco a la violencia. Pero llegó al momento de diseñar la sociedad a la pinta de estos grupos y lo que vemos ahora es que están preocupados de las expectativas que ellos mismos crearon. Parece que ya no es tan posible tener un sueldo mínimo de 500 mil pesos, acortar la jornada de trabajo (con 700 mil cesantes) a 40 horas, transformar la matriz productiva, asegurar derechos sociales, darle vivienda y dignidad a todos los chilenos, por mencionar algo.

Cómo no, ahora hablan de “ponderar expectativas”, de cambios graduales y con responsabilidad fiscal, con diálogo con los empresarios a los que piensan continuar ordeñando, aunque caiga la inversión y las expectativas de crecimiento económico para los próximos años sean magras. Ahora se suben a otro caballo porque miran el país real y no pinta nada de fácil aterrizar el programa de Boric, aunque todo su elenco repita que “todos los ministros están comprometidos con el programa”.

Al margen de la deteriorada situación fiscal post pandemia y del manejo de ésta (al menos, no estará Izkia Siches criticándolo y exigiendo un cortocircuito), es imposible eludir problemas contingentes tales como el avance del desafío armado al Estado en las regiones de Biobío y La Araucanía (con 4 homicidios la semana pasada), el clamor por la inseguridad en las poblaciones y en todo Chile o los coletazos de la inmigración por el norte.  Sin contar con el indulto general que comprometió Boric a las familias de personas procesadas por el Poder Judicial por cometer delitos como destrucción de infraestructura pública y privada (el Metro y supermercados), robos, saqueos y lanzamientos de molotov a Carabineros.

Y, ¿qué vemos? Que no hay plan. El indulto (mal planteado y peor desarrollado) se lo quieren endilgar al actual Congreso para que pague los costos de aparecer perdonando delincuentes cuando lo que corresponde más bien es dar una señal de dureza frente al aumento de las infracciones violentas. Y en materia de orden público, no se oye nada para detener el crimen organizado que no sea la reforma a Carabineros. Y frente a la violencia en la Macrozona Sur, pareciera que la propuesta de Boric se agota en no renovar el estado de excepción que rige desde octubre. Su futura ministra del Interior confía en que ello no signifique un aumento de la violencia. Aspira también a que no sigan muriendo mapuches y no mapuches. Puras buenas intenciones de la mano de la propuesta novedosa de la nueva vocera comunista de controlar los desmanes “con diálogo y mayor inteligencia” . Al menos han delimitado el diálogo a los que quieren la paz, luego que Siches lo ofreciera “incluso con la CAM”.

Después de oír y leer a la troika Siches-Jackson-Vallejos, tampoco se entiende qué van a hacer distinto para enmendar lo que tanto han criticado. En inmigración, por ejemplo, no parece posible mantener un ingreso extranjero controlado, oponiéndose al mismo tiempo a las expulsiones y protegiendo a los irregulares.

Quizás sería bueno que, antes que se venga marzo, la troika se juntara con su Presidente y traten de bajar el programa a la realidad y propongan soluciones concretas frente a los acuciantes problemas que enfrentan los chilenos, empezando por el de la seguridad. La épica y las palabras bonitas de inclusión y dignidad no bastan. El tratamiento de contención que nos están dando ahora que están por asumir el poder, tiene los días contados hasta que la gente empiece a exigir resultados. Si lo iban a hacer mejor y distinto, las cosas no pueden seguir igual y menos aún, peor.

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