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Publicado el 7 septiembre, 2020

Pilar Molina: Chao a la “niña bonita”

Periodista Pilar Molina

El centro al cual quería apostar la DC, lejos del Partido Comunista, está más huérfano que nunca, porque cada día más sus parlamentarios son incapaces de marcar la diferencia programática con los de izquierda.

Pilar Molina Periodista
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Se quería dejar querer y convertirse en un partido con identidad propia y fuerte que los demás cortejarían para obtener su apoyo. Ya no pesaba como antes en la oposición, pero podía inclinar la balanza a favor del oficialismo o sus contrarios. La intención de Fuad Chahín, cuando asumió la presidencia en junio de 2018, parecía ser convertir a la Democracia Cristiana en un partido bisagra, recuperando su identidad esencial. La pérdida de ésta fue la que vació a la Falange de importantes próceres, como Mariana Aylwin o Gutemberg Martínez. Después de la mala evaluación para la DC de lo que fue la alianza con el PC en el gobierno de la Nueva Mayoría de Michelle Bachelet, se postulaba entonces invertir las prioridades: primero definir las líneas programáticas y después el pacto.

Pero la verdad es que esa estrategia ha estado bien cerca del fracaso. El partido llegó a un par de acuerdos con el gobierno, pero no fue capaz de articular a sus propios parlamentarios, los llamados disidentes, en el Senado. Es lo que pasó con la reforma previsional en enero pasado. Diputados DC fueron claves para que La Moneda aprobara su propuesta, donde acordaron puntos esenciales como aumentar en 6 puntos porcentuales la cotización, yendo la mitad a cuentas individuales y el saldo a un sistema de reparto. Acto seguido, sin embargo, los senadores disidentes dijeron que el acuerdo de la directiva y los diputados no los obligaba y que ellos querían otra cosa, como de hecho lo han estado exigiendo en el Senado (que el 100% del alza vaya a un sistema de reparto). Han evaporado así las posibilidades de aprobar esa reforma, a pesar de la conciencia de su urgencia.

La Falange pasó de una estrategia de buscar acuerdos con el gobierno en reformas claves, como la tributaria, a la de dar explicaciones. El eje cambió radicalmente después del 18 de octubre. Se ha hecho habitual a sus parlamentarios asegurar que se han alineado en todo lo grueso con la oposición cuando son acusados por sus pares de ultra izquierda de desleales y de haber contribuido al estallido social al colaborar con el gobierno. De hecho, a veces Matías Walker pareciera querer ser visto como más de izquierda que los del Frente Amplio o los comunistas. No sólo llevando la guaripola para mociones inconstitucionales populistas que los ultra aplauden, sino que también para proponer acusar la semana pasada al ministro del Interior. Este no lleva dos meses en La Moneda y se convertiría en la sexta autoridad del gobierno en ser acusada.

A veces Matías Walker pareciera querer ser visto como más de izquierda que los del Frente Amplio o los comunistas.

Ese centro al cual quería apostar la DC, lejos del Partido Comunista, está más huérfano que nunca, porque cada día más sus parlamentarios son incapaces de marcar la diferencia programática con los de izquierda. Ni siquiera pueden decir francamente que no votarían por un comunista como Daniel Jadue para candidato presidencial de la oposición y menos dar los argumentos de fondo. “No me sentiría cómodo”, opina Matías Walker, y Fuad Chahín alude a sus posturas extremas, pero no aborda las diferencias cruciales que debiera tener un humanista cristiano con un comunista. Algunos senadores de la disidencia, como Yasna Provoste, se caracterizan por alinearse con sus pares más radicalizados del Senado (Navarro, Bianchi y el frentista Latorre) para promover la nacionalización de los ahorros previsionales.

Y ¿qué ha logrado la DC? Que ya no es niña bonita para nadie. La Moneda ya no confía en llegar a acuerdo con sus parlamentarios y la izquierda no pierde oportunidad de basurearlos, como al que nadie quiere (“vagón de cola”, “traidores del pueblo”). El consejo general del sábado pasado emitió una declaración instando a la izquierda a ir unidos en una sola lista para las primarias en noviembre y las elecciones de alcaldes y gobernadores en abril próximo. Plantean que consensuar un mecanismo para definir los postulantes sería “una señal inequívoca de coherencia frente al país”, demostrar que son capaces de ir de la mano al plebiscito y al proceso constituyente.

Desde el Frente Amplio, la mayoría de sus dirigentes no se tomó ni un minuto para reaccionar que mal pueden ir juntos a primarias si no tienen un proyecto compartido. La Falange, sin embargo, no ha sido capaz de definir esa línea programática propia que ofreció. Y ha asumido una posición más de defensa que de identidad propia, ahora que se acercan elecciones uninominales para las que requiere pactos electorales. El tiempo para buscar acuerdos únicamente con el objetivo de derrotar la derecha, sin embargo, ya parece agotado. Como le recordó el candidato comunista Jadue a la DC, ya no están los tiempos para formar gobierno unidos y después excusarse en que no leyeron el programa.

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