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Publicado el 02 de diciembre, 2019

Pilar Molina: Cada día que pasa… tic tac tic tac

Periodista Pilar Molina

Más allá del temor personal que pueda sentir frente al caso de derechos humanos que le han levantado, el Presidente tiene que asumir que él es quien tiene la responsabilidad de devolver Chile a la mínima civilización, arrebatándole las ciudades y las calles a los delincuentes, violentistas y sus cómplices que las han tomado de rehén.

Pilar Molina Periodista
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El domingo en que el Presidente anunció pedir a las FF.AA. resguardar la infraestructura crítica, terminó con el Ejecutivo abierto a hacer una reforma constitucional. Eso, después de una larga discusión sobre si correspondía o no, cuando las FF.AA. están para defender la seguridad interior y no el orden público, o si podía incluirse a los supermercados como críticos, entre otras disquisiciones.

Y pasan los días, tic tac tic tac, y no hay apoyo opositor para la agenda de seguridad anti encapuchados, anti barricadas y uso de bombas molotov y seguimos eludiendo decretar estado de excepción. Argumentan que hay trauma contra los militares en la calle y que de nada sirvió cuando salieron al comienzo del actual reventón, armados para la guerra y no para el control del orden público, y se expusieron a retos públicos del diputado Boric en la Plaza de Armas y se convirtieron en el hazmereír de los manifestantes que enfrentaron el toque de queda cantando en la Plaza Egaña… sin consecuencias.

Mientras los parlamentarios divagan bajo el amparo de un Congreso blindado, apenas 9 senadores de oposición se suman a sus pares oficialistas para emitir una declaración contra la violencia que amenaza la democracia. Tic tac tic tac y sigue el vandalismo, el saqueo, la destrucción de Valparaíso, de la estación intermodal de La Cisterna, de La Serena y se hacen frecuentes los espectáculos dantescos de jóvenes dedicados al asado con el producto del saqueo y otros disparando con rifles en Plaza Baquedano. Los pobladores comienzan a tomar en sus manos la defensa de los locales de sus comunas. La policía y carabineros, como reconoció el ministro de Defensa Alberto Espina, están absolutamente sobrepasados y desbordados y cuando quedan inermes contra la turba, tienen que retirarse. Ya son varias las ciudades complicadas (Valparaíso, Antofagasta y Concepción) porque las Cortes de Apelaciones les han prohibido usar la pistola antimotines y cuando se acaba el gas (si no se ha prohibido también), “nadie está obligado a lo imposible”, como dijo un coronel que tuvo que replegarse en Quilpué para proteger a sus carabineros.

La clase media y sus demandas sociales ya se retiraron de la calle; lo que las asola y destruye hoy día es la delincuencia y de ahí que, cuando los detienen, la mayoría exhibe un prontuario.

Tic tac tic tac, hoy suman 48 los días de exhibición de odio en las calles, de festivales de degradación de cuerpos humanos y de lo público; de provocación a la policía, de violencia inimaginable contra todo, hasta contra hospitales. Si ya se hace patente el pacto de la izquierda radicalizada con el lumpen-anarquismo y el narcotráfico para botar al gobierno, ya es tiempo de no seguir haciendo lo mismo. Chile no se merece continuar esperando otro reventón como el del martes último, que curiosamente y como los otros peak del martes 12 y el jueves 21, coincidieron con el epílogo de tres paros nacionales de la Mesa de Unidad Social. La clase media y sus demandas sociales ya se retiraron de la calle; lo que las asola y destruye hoy día es la delincuencia y de ahí que, cuando los detienen, la mayoría exhibe un prontuario.

Así, la oposición endilga toda la responsabilidad del deterioro del Estado de Derecho a La Moneda, asegurando que la violencia no para porque la agenda social ha sido mezquina (¿se lo creerán en verdad?). Sigue encontrando la unidad solo cuando actúa contra el Gobierno  -como ha sido con la acusación constitucional en contra el ex Ministro del Interior, Andrés Chadwick, aprobada esta semana- y ha dejado en claro que no piensa firmarle ningún cheque en blanco al Presidente para que reimponga el orden público con las FF.AA. Lo más lejos que llegan es a reconocerle que “él cuenta con las atribuciones que le da la Constitución”, pero que no se ilusione con involucrar al Congreso, le han dicho. Ya le impidieron al Mandatario tomar esa iniciativa en medio de otro peak de violencia infernal el martes 12 de noviembre, cuando condicionaron seguir dialogando a que no volviera a decretar el estado de excepción. Los parlamentarios quieren continuar como jueces y eximirse de cualquier responsabilidad por los costos que pueda significar reimponer el orden usando la fuerza que nuestro pacto social concede al Estado en forma monopólica. Es más, diputados de izquierda creen que todavía pueden sacar ventajas de la crisis y suben el ingreso mínimo a $550 mil y reducen la jornada laboral a 40 horas, sin trepidar en bailar arriba de la misma Constitución, que quieren cambiar por otra. Muchos parecen creer, sinceramente, que no hay otra que volver al estado de emergencia para eliminar la barbarie de las ciudades, pero el deseo de que el Presidente pague los costos políticos es superior al terror que les produce ver la democracia en riesgo y que esto puede terminar en dictadura o en confrontación civil (¿guerra civil?), como señaló el senador José Miguel Insulza.

El Presidente tiene que asumir que él es quien tiene la responsabilidad de devolver  Chile a la mínima civilización, arrebatándole las ciudades y las calles a los delincuentes, violentistas y sus cómplices que las han tomado de rehén.

Tic tac tic tac. Parece iluso pensar en plebiscitos y una nueva Constitución en un contexto de desenfreno y en el desamparo en que se encuentra la gente en los sectores populares, a los cuales ya les truncaron el transporte, les quemaron los supermercados y farmacias en que se abastecían y les mantienen la amenaza en pie. Ninguna agenda social tampoco sofocará la anomia.

Ya no sirve continuar dándose vueltas, pedirle a la Fiscalía que empiece a hacer la pega, investigue y no ofrezca salidas alternativas a los saqueadores. Pierde el tiempo Sebastián Piñera buscando que la oposición comparta responsabilidades de Estado. Más allá del temor personal que pueda sentir frente al caso de derechos humanos que le han levantado, el Presidente tiene que asumir que él es quien tiene la responsabilidad de devolver  Chile a la mínima civilización, arrebatándole las ciudades y las calles a los delincuentes, violentistas y sus cómplices que las han tomado de rehén. Devolver a los chilenos el control sobre sus vidas, la certeza para desplazarse, poder trabajar y enfrentar el descalabro económico que se nos está viniendo encima y que se convertirá en avalancha si no somos capaces de volver a crecer.

El Mandatario no va a impedir que volvamos a América Latina, de donde nos despegamos por hacer las cosas de un modo diferente que nos procuró grandes logros. Pero sí puede impedir que el deterioro nos convierta en una nueva Venezuela. Y si actúa a tiempo es hasta posible que pueda transformar esta crisis en una oportunidad para tener un mejor país, más integrado, sin sectores en manos de los narcos y más generoso en repartir los frutos de la riqueza. Esa posibilidad -tic tac tic tac- se aleja cada día que pasa.

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