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Publicado el 07 de enero, 2019

Pilar Molina: Boric y la peligrosa tolerancia a la violencia

Periodista Pilar Molina

En Chile hay una peligrosa tolerancia a la violencia. En todas sus formas, en las movilizaciones, en los denominados movimientos sociales, las protestas, huelgas, con barricadas en los puertos, incendios en La Araucanía, con overoles blancos en los colegios o artefactos explosivos en los paraderos, como el que le estalló a una pareja de inmigrantes el viernes pasado en Vicuña Mackenna.

Pilar Molina Periodista
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Me cargan los linchamientos públicos, cuando todos van sobre alguien que se tropezó o, como ocurre muchas veces, se levanta artificialmente una polémica por una palabra inapropiada o un gesto. Pero lo ocurrido con el diputado Gabriel Boric no responde a un aprovechamiento político ante una circunstancia puntual, aunque algunos tengan ese propósito. No, porque la reacción del diputado del Movimiento Autónomo fue totalmente consecuente con sus repuestas anteriores y posteriores frente al asesinato del senador Jaime Guzmán en democracia en 1991. Cuando le pasan la polera impresa con el rostro del senador con un disparo en la frente, él la mira, la despliega, se ríe, “buenaaaa”, celebra, y  agrega que la llevará a CNN.

Cierto que él ha condenado ese asesinato en democracia, “sin matices”, como señaló a modo de disculpas. Pero es difícil creer que su reacción cómplice con quien le regala la polera fuera producto de la sorpresa, como arguye el parlamentario.

Después de que festejara ese regalo macabro, revindica en enero de 2018 al Frente Patriótico y al Frente Autónomo, autor intelectual y material del asesinato, y expresa “todo mi respeto al comandante Ramiro y puede contar con todo nuestro apoyo como parlamentario” para traerlo de regreso a Chile, donde confían la vida de uno de los homicidas será menos severa que en Brasil. Allí  cumple condena por el secuestro de un empresario carioca. Por si quedaran dudas, Boric remata, hay que defender el legado del Frente en la historia. No matiza, no es crítico del uso de la violencia terrorista, no; “defender el legado”, dice claramente.

Lo curioso es que Boric parecía estar marcando un rumbo distinto dentro de un conglomerado que ha sido sistemático en su ambigüedad frente a la violencia.

Y frente al mismo tema, vuelve a ser cómplice de los asesinos cuando visita a Palma Salamanca en París en septiembre pasado, mientras Chile buscaba la extradición de quien confesó cómo mató al fundador de la UDI y secuestró a Cristián Edwards por meses y, una vez condenado, escapó de la cárcel.

Consecuentes los terroristas del Frente que han legitimado el asesinato del líder político gremialista, consecuente también en su apoyo el diputado, lo cual preocupa porque en Chile hay una peligrosa tolerancia a la violencia. En todas sus formas, en las movilizaciones, en los denominados movimientos sociales, las protestas, huelgas, con barricadas en los puertos, incendios en La Araucanía, con overoles blancos en los colegios o artefactos explosivos en los paraderos, como el que le estalló a una pareja de inmigrantes el viernes pasado en Vicuña Mackenna.

Y lo curioso es que Boric parecía estar marcando un rumbo distinto dentro de un conglomerado que ha sido sistemático en su ambigüedad frente a la violencia. De hecho, algunos de sus pares tildaron hasta de traición que Boric interpelara a la izquierda a pronunciarse sobre la falta de libertades y los derechos humanos en Venezuela, Nicaragua y Cuba. Lo hizo en su blog, en agosto, un mes antes de volar a París a reunirse con Palma Salamanca.

Pero hasta su propio Movimiento Autonomista (la comisión de política internacional) le respondió a su líder con el manido argumento esgrimido para exonerar a las dictaduras de izquierda: la “autodeterminación de los pueblos, la no intervención en los asuntos internos de otros Estados”, justificando la represión por “intentonas golpistas” de la oposición. Una y otra vez repiten a coro las mismas estrofas, al igual que el Partido Comunista, frente a las denuncias de cómo los regímenes socialistas torturan los derechos humanos y defenestran la democracia que les permitió ascender al poder.

Preocupante para Chile que quienes se presentan como savia nueva vengan contaminados de la ideología totalitaria que sólo conduce a la desgracia a los pueblos que la sufren.

Al coro sigue el empate, denunciando el apoyo a la dictadura militar, si no de los parlamentarios, de sus partidos y sus padres, como lo hizo Boric con el joven diputado Juan Antonio Coloma.

Es cierto que algunos del Frente Amplio, como Vlado Mirosevic, se sumaron a la reflexión de Boric, pero fue tal la andanada interna, que este diputado del Partido Liberal renuncia en septiembre pasado a la presidencia de la comisión de RREE de la Cámara, criticando la relativización del valor universal de los derechos humanos en sectores de su variopinta coalición de extrema izquierda.

Nadie ha interpelado estos días a los otros dirigentes del Frente Amplio, como  Giorgio Jackson, a propósito de la algarabía que le produjo a su líder la polera con el retrato del senador Guzmán asesinado. Cómo no, si quien comenzaba a perfilarse como una excepción dentro de los 14 partidos o movimientos de esta coalición termina siendo igual de ambiguo frente a la violencia cuando ésta se usa en contra del adversario político.

Preocupante para Chile que quienes se presentan como savia nueva vengan contaminados de la ideología totalitaria que sólo conduce a la desgracia a los pueblos que la sufren.

FOTO: HANS SCOTT /AGENCIAUNO

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