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Publicado el 30 de marzo, 2020

Pilar Molina: Aplanar la curva de la economía

Periodista Pilar Molina

Las cifras son mucho peores que la contracción del 1,6% que significó la crisis financiera de 2009 y nos retrotrae a la pesadilla de la recesión en 1982 y 1983, cuando la economía cayó 11% y 5%, respectivamente. Y nos pilla bastante más desplumados.

Pilar Molina Periodista

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Está de moda la expresión que la única forma de surfear la pandemia del Covid-19 es aplanando la curva de contagios, de manera de hacer más lento el ritmo de casos nuevos. Se busca evitar de ese modo un peak que sature y colapse los sistemas de salud e impida atender los pacientes más complicados.

Pero esta pandemia está sirviendo para aplanar otra curva, la de la economía. Cuántas veces hemos escuchado las incesantes críticas a nuestro modelo de desarrollo y la expresión que hay alternativas que privilegian la igualdad que son más justas. Hasta una diputada de derecha opinó que a ella no le importaría que Chile fuera más pobre (aplanar el crecimiento) si hubiera menos desigualdad (menos efecto negativo).

Bueno, lo apologistas de la igualdad van a ver cómo se aplana la curva de crecimiento económico en todo el planeta Tierra y, aunque nunca lo van a reconocer, verán las nefastas consecuencias de la nula o negativa expansión.

El FMI declaró el viernes que el mundo está en recesión y Estados Unidos decidió inyectar un chorro de 2 billones de dólares a las empresas y los hogares. Chile, que ya venía remecido por la rebelión del 18-0, tiene un programa bastante más modesto que involucra 11 mil 700 millones de dólares (el 4,7% del PIB versus el 6% que representan los paquetes de los países del G20).

Pero nunca va a ser la solución cuánto se inyecte para que las empresas no quiebren, los empleados no queden cesantes y las familias tengan para comer. El aporte estatal que anunció el gobierno al fondo de cesantía por 2 mil millones de dólares, aunque se triplicara, no podría reemplazar los ingresos que tendrían los trabajadores si continuaran activos. La razón es muy simple: el subsidio no crea riqueza, el trabajo sí. La política social sólo distribuye lo que ganaron otros en actividades productivas y que ingresó como impuesto al arca fiscal.

La producción industrial y las ventas al por menor retrocedieron entre un 14% y un 21% los primeros dos meses de este año en China por las medidas que tomó el país asiático para impedir la propagación del virus. La cuarentena de siete comunas de la Región Metropolitana, a la cual se agregaron tres más el viernes y seguirán otras, inmoviliza sin duda las fuerzas productivas. No se trata sólo de los que no pueden cumplir con sus trabajos desde sus hogares, sino que de los que tampoco pueden entrar a las áreas en cuarentena que ya suman un millón 650 mil personas. La construcción detenida por esta medida representa la mitad de la de todo Santiago y emplea entre 130 y 150 mil personas.

Goldman Sachs anticipa que el PIB de Chile caería 3% este año, mientras un reporte del Economist sitúa la cifra para América Latina en -4,8%. Las cifras son mucho peores que la contracción del 1,6% que significó la crisis financiera de 2009 y nos retrotrae a la pesadilla de la recesión en 1982 y 1983, cuando la economía cayó 11% y 5%, respectivamente. Y nos pilla bastante más desplumados que para la crisis de 2009, cuando teníamos el doble de recursos en bonos soberanos y éramos acreedores netos. Hacienda calcula a lo menos 5 mil millones de dólares menos de ingresos este año. Entre la menor demanda de cobre y de nuestras exportaciones y el aporte de los factores sociales y políticos internos, la inversión se desplomaría en un 8%.

El horizonte recesivo se ve crítico e incierto. Y será más apocalíptico mientras más se prolongue el virus sin vacuna y mientras menos benigno llegue el invierno de la mano de otros virus como la influenza y el sincicial. Por eso sorprende escuchar a ex autoridades y parlamentarios de la oposición, en contra de la opinión experta, insistir en extender a todo el territorio y la Región Metropolitana la cuarentena nacional, hablando del “cierre” como si éste fuera un “privilegio”. Oí a un conductor de TV criticando que las personas del sector poniente no puedan también disfrutar de quedarse en sus casas sin trabajar (¿en qué está pensando?; ¿hay alguien feliz encerrado?).

Lo paradojal es que los que sueñan con paralizar la economía (sin buscar ningún equilibrio con los requerimientos sanitarios) proponen al unísono todo tipo de medidas para desfondar las arcas fiscales. A regañadientes aprobaron la semana pasada el bono de $50 mil pesos que favorecerá a 2,7 millones de personas y todos los beneficios del gobierno les parecen insuficientes o “miserables”. Por eso se negaron a darle curso a la iniciativa del Ejecutivo que para evitar la quiebra de las pymes permite suspender el vínculo laboral y activar el seguro de cesantía. Las dos Cámaras dieron un penoso espectáculo la semana pasada compitiendo por quién pide más exenciones de pagos. Parece olvidar esa mayoría parlamentaria que todos esos beneficios indiscriminados (como el postergar 3 meses el permiso de circulación) significan sangrar los recursos del Estado para acudir en ayuda de los más vulnerables.

La desconexión con la realidad no les impedirá, sin embargo, presenciar cómo Chile se hace más pobre y más desigual con menos crecimiento. No les bastó con verlo en la administración 2 de Michelle Bachelet. Habrá más pobres, pero ellos no estarán entre los afectados.

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