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Publicado el 01 de julio, 2019

Pilar Molina: A grandes crisis, soluciones extraordinarias

Periodista Pilar Molina

Ningún país de América Latina puede resolver la crisis humanitaria que enfrenta Venezuela por sí solo. Es por eso que toda América Latina debiera estar abocada a ver una solución conjunta, estableciendo cuotas y aportes de cada uno según sus realidades. Si en verdad quiere asumir un liderazgo mundial, esta es la oportunidad del Presidente Piñera. Más que G20, la APEC o la COP25, son esos millones de  manos extendidas las que lo requieren.

Pilar Molina Periodista
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Dura se pone la cosa cuando cuestiones humanitarias se mezclan con política y temas de seguridad. No estaba contemplado que explotara esta crisis de migrantes venezolanos que presionan en el norte para ingresar a Chile. Pero es tal la necesidad de esas familias, que cuando las condiciones migratorias se hicieron más estrictas en Ecuador y en Perú, se apuraron a alcanzar la frontera de Chile en Arica para asegurarse una nueva patria.

Llegaban “al asilo contra la opresión”, un país donde su Presidente viajó a Cúcuta a tratar de ingresar ayuda humanitaria a Venezuela, que define al gobierno de Nicolás Maduro como “una dictadura corrupta e incompetente” y que reconoció a Juan Guaidó como presidente encargado. Chile, sin embargo, en una reacción de dominó, entrecerró sus puertas y estableció que a partir del 22 de junio los venezolanos deben solicitar visa consular para ingresar como turistas. Hasta entonces podían entrar y quedarse a vivir, o bien solicitar la visa de responsabilidad democrática, creada en 2018, válida por un año y prorrogable por el mismo período, para la que se pide, entre otras cosas, certificado de antecedentes penales.

La Organización Internacional para las Migraciones proyecta que los 288.233 venezolanos que estaban en Chile en febrero pasado iban a subir a unos 550.000 a fines de este año.

Hasta del Partido Comunista y del Frente Amplio, ambiguos respecto al carácter dictatorial del régimen de Maduro, salieron a criticar que La Moneda creó expectativas de ingreso a Chile y ahora cierra la puerta. Razón no les falta, pero ¿podía permanecer impasible el gobierno mientras los otros países endurecen sus normas? Antes que eso ocurriera, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) proyectaba que los 288.233 venezolanos que estaban en Chile en febrero pasado iban a subir a unos 550.000 a fines de este año. Los que huyen del Socialismo del Siglo XXI bolivariano ya constituyen el grupo extranjero más importante acá y en el mundo se han convertido en el mayor flujo migratorio.

¿Podía La Moneda quedar impasible cuando el ritmo de huida se prevé continuará acelerándose exponencialmente? La OIM y la ACNUR (Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados) consideraban “asombroso” que los 695.000 emigrados a finales de 2015 pasaran a sumar 4 millones a mayo de este año. Desde noviembre se sumó otro millón y siga y sume, donde los principales destinos de las personas con hambre y necesidades básicas insatisfechas por Caracas son Colombia (1,3 millones), Perú (768 mil) y Chile en tercer lugar. Según un informe que la OEA entregó el jueves pasado, diariamente salen 5 mil personas y calcula que para 2020 el total podría superar los ¡7,5 millones!

El Presidente de Ecuador, Lenín Moreno, asoció en enero el aumento de la inseguridad con la inmigración. Los 263 mil venezolanos refugiados en Ecuador presionan su estructura económica y social como ocurre en el resto de Latinoamérica, porque la mayoría de los países no está preparada para recibir un enorme flujo sin consecuencias, donde la reacción más habitual es una ola xenofóbica.

Si hay una crisis humanitaria debemos hacernos cargo de esas personas y niños sufrientes.

Sebastián Piñera asumió con el compromiso de “ordenar la casa” luego de cuatro años de inmigración desregulada y sin siquiera conteo del número de personas que llegaba al país, muchos de los cuales terminaban hacinados y explotados. Es evidente que restringir aumentará los ingresos ilegales, alentará las mafias que trafican con almas en desventura y pondrá en grave peligros a quienes en la desesperación se internen por la pampa minada. Pero si hay una crisis humanitaria debemos hacernos cargo de esas personas y niños sufrientes. No basta con establecer una transición antes de endurecer las normas de ingreso porque el flujo seguirá aumentando, y continuarán llegando con pasaportes vencidos y los niños sin papeles porque pedir un orden mínimo a Caracas es pedirle peras al olmo.

Con su actual política Chile está vaciando el mar echando con una pala el agua en un hoyito en la playa… Después de siete días logró desocupar el control fronterizo en  Arica, llevando a las personas en 18 buses a tramitar sus visas al consulado chileno en Tacna. Allí, el gobierno habilitó albergues con abrigo, alimentación y lavandería para los migrantes. En una semana, al sábado, 470 venezolanos obtuvieron sus visas de responsabilidad democrática en ese consulado y entraron al país con rut. Pero aunque se desocupó la frontera, había otros 400 afuera del consulado y muchos empezaron a desplazarse esperanzados a pasos fronterizos en Colchane (Tarapacá) y a otros que limitan con Bolivia en la región de Antofagasta. El mismo viernes informaban que más de 200 personas procuraban entrar desde Colchane, lo que obligó al gobierno a transportarlos en buses a tramitar sus visas a La Paz, a más de 460 kms.

Toda América Latina debiera estar abocada a ver una solución conjunta, estableciendo cuotas y aportes de cada uno según sus realidades.

Qué absurdo es enredarse en la discusión si Chile tiene la obligación de recibir a todos quienes invoquen ser refugiados. “Ningun país de América Latina puede mantener la puerta abierta indefinidamente”, señaló sabiamente la vicepresidenta de Colombia, Martá Lucía Ramírez, el jueves pasado. Las mismas normas que obligan a conceder el asilo a quien cuya vida o libertad corren peligro, facultan medidas especiales ante ingresos masivos.

En suma, a grandes problemas, soluciones extraordinarias. Ningún país de América Latina puede resolver la crisis humanitaria que enfrenta Venezuela. Nadie tiene por sí mismo las teclas para darle rumbo a ese flujo creciente de millones de personas obligadas a mendigar un terruño donde trabajar, comer y dormir. No mucho más que eso. Es por eso que toda América Latina debiera estar abocada a ver una solución conjunta, estableciendo cuotas y aportes de cada uno según sus realidades. En eso debieran estar los mandatarios de la región, con el apoyo además de tanto organismo internacional que se dedica a evacuar informes. El penoso desplazamiento forzado no cambiará con el informe que la alta comisionada sobre las violaciones a los DDHH, Michelle Bachelet, prepara para el próximo viernes 5.

Si en verdad quiere asumir un liderazgo mundial, esta es la oportunidad del Presidente Piñera. Más que G20, la APEC o la COP25, son esos millones de  manos extendidas las que lo requieren.

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