El martes próximo se cumplen tres años desde el inicio de esa revolución social que es directamente la causa de que la extrema izquierda esté en La Moneda y de que la centroizquierda haya desaparecido como la principal fuerza política del país.

En verdad, mucho que celebrar tienen todos aquellos que apoyaron la violencia sin ambages o cínicamente, el incendio del Metro y de los supermercados, celebraron los “el que no baila no pasa”, condenaron a carabineros exigiendo su refundación y anularon su obligación de reprimir el uso de la fuerza. Lograron su cometido aquellos que pusieron al gobierno legítimo contra las cuerdas, lo culparon del desmadre y le exigieron, en el día de mayor violencia desde el 18 de octubre, iniciar el proceso por una nueva Constitución (declaración de todos los partidos de oposición el 12 de noviembre).

Para ellos, mucho que aplaudir, sin duda, porque alcanzaron el poder y están logrando cumplir con su promesa de terminar con el odiado neoliberalismo. La economía la tienen de rodillas y este otro año estará en el suelo, cuando será la única de la región que, según el FMI, no crecerá  y el PIB per cápita retrocederá al de 2013. A punta de retiros populistas que buscaban terminar con el sistema previsional y subiéndole la vara a los “mezquinos subsidios estatales”, desataron la inflación y dispararon las tasas de interés. El crédito está caro, el hipotecario alejó el sueño de la vivienda propia, las trabas ambientales y la incertidumbre política harán retroceder la inversión inmobiliaria a su menor nivel 15 años. 

Dijeron que no les gustaba el crecimiento y la economía “extractivista” y lograrán que en toda la administración de Gabriel Boric se mueva bajo el 2%, es decir, no se expanda en relación a la mayor población, y podrán vanagloriarse de la preocupación por el medio ambiente. Aunque no han sido capaces de desplegar su modelo para industrializar al país, que huele al experimento sesentero que nos hizo más pobres produciendo televisores y autos, han ahuyentado la inversión que a ellos les huele a “mercado de capitales” o es sinónimo de “los ricos” que sólo sirven para exigirles pagar más impuestos. Sin inversión no habrá emprendimientos, ni empleo ni mejores salarios, pero ellos creen que harán despegar un Chile más justo con sus reformas tributarias, laborales, previsionales y de la salud que en realidad sólo aumentan el riesgo de producir y vivir en este país.

Pero no sólo están teniendo éxito en derrumbar el modelo económico, inventando excusas para no ratificar tratados internacionales que son una oportunidad de comercio e inversión como el TPP11. Idealizando al “perro mata pacos”, como recordaba el padre de un carabinero asesinado esta semana, lograron sepultar la legitimidad de la policía para mantener el orden público. Y aunque de repente condenan la violencia, cada vez que puede el Presidente Boric expresa que su mayor preocupación no es tanto ella, sino que no se violen los derechos humanos en la represión del delito. Por eso prioriza la búsqueda de los desaparecidos, memoriales e indultos y aprueba raudo 296 pensiones de gracia para  las “víctimas” del  estallido social, que no son precisamente los que sufrieron el saqueo, la delincuencia o las molotov.

No debiera ser motivo de orgullo el recrudecimiento de la violencia en la macrozona sur, pero se niegan a usar el término terrorista, que censuraban, o a considerar siquiera la alternativa de un estado de excepción en forma, porque ellos consideraron y estiman que es “más violencia”, como decía el Presidente para votar en contra cada vez que se reanudaba su vigencia. Salvo usar a los militares como fachada, porque no tienen respaldo político para actuar, no hay un plan en serio para la zona, pero esa pareciera ser la idea. Ya nos informaron que prefieren que arda el que llaman “wallmapu” a que un comunero muera en manos de un uniformado, como sinceró la ex ministra Siches. 

Se opusieron tenazmente a regular la migración. Y en los hechos lo han logrado, dejando hacer con los ingresos clandestinos que amenazan la zona norte y se reparten por todo el país sin documentos. Presionado por los norteños, el Presidente amenazó el jueves a los clandestinos con “o se regularizan o se van”, pero mientras tanto la política es mirar para el lado, construir más albergues y ofrecer cambios legales para eventualmente retomar las expulsiones administrativas que se cuentan con los dedos de las manos. 

El listado de éxitos de los que se auto explican haber llegado al poder por el 18-O es largo. Imponen sus temas de género, sexuales, de DDHH y control de medios, como si eso alimentara a los chilenos o pudiera ser un impulso para prosperar. 

Algunos podrían opinar que no obtuvieron una nueva Constitución, pero no hubo fracaso en la derrota del borrador propuesto para el imaginario de Boric. No olvidar que él se visualiza a sí mismo como un adelantado a los tiempos. Por eso la lección que obtuvo del 62% que rechazó el borrador de Constitución, identificado con su programa de gobierno, es que “no puedes ir más rápido que tu gente”. Por eso insiste en la dirección rupturista de su programa y sigue intentando controlar el nuevo proceso constituyente.

Raya para la suma, si querían destruir el Chile de los 30 años, su institucionalidad, su economía y libertades, lo están logrando. Sin duda el martes 18 descorcharán espumante en La Moneda, sin mirar cómo la inmensa mayoría de los chilenos no tendrá nada por lo cual celebrar.

*Pilar Molina es periodista.

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