¡¿Qué señales nos está dando la ministra del Interior?! En su primera semana en el cargo viajó a La Araucanía para iniciar el diálogo con las comunidades, su comitiva se trasladó sin personal uniformado ni vehículos blindados y luego de ser atacada y amedrentada con disparos al aire, decidió no presentar querellas. Pareciera, pues, que la parte débil de la negociación con las orgánicas radicalizadas es el gobierno.

No se negocia con violentistas. Sin embargo, la realidad no es en blanco y negro, está llena de matices. Evidentemente no se negocia con ellos, al menos mientras no estén dispuestos a dejar la violencia. Luego de una estrategia que los combata y que los debilite, todos terminan por negociar. El asunto está en las señales que se envían y cómo éstas son interpretadas. 

Fue advertida del riesgo de ingresar a Temucuicui, decidió ir sin protección para mostrar su compromiso con la paz. Pero la realidad es más fuerte: las rutas se encuentran cortadas por barreras instaladas para amedrentar a la población, Huentelolén era una de ellas; existe narcotráfico en la zona, en 2021 se incautó un 53% más de droga que en 2020; y el tráfico de armas es real: a febrero de este año, se habían decomisado 129 armas. 

No me cabe duda de que la ministra tenía buenas intenciones y que esperaba poder marcar un cambio en la aproximación al problema. Pero, cuando las condiciones no están dadas, hay que conocer el entorno, analizarlo, comprenderlo, y, finalmente, asumir que en un contexto de inseguridad como el que existe en la Macrozona Sur, donde la media de violencia diaria va entre 3 y 5,5 eventos cada 24 horas, el gobierno debe utilizar todas sus facultades legítimas para restaurar el Estado de Derecho. A veces el cambio de tono no es suficiente.

En Colombia, por ejemplo, se desarrolló un proceso de paz con las FARC, pero solamente después de que el Estado, a través del legítimo uso del monopolio de la fuerza, había conseguido la posición de ventaja frente a la guerrilla. Por supuesto que Chile no es Colombia, a pesar de que se encuentra en el segundo lugar de América Latina, después de ese país, como el Estado con más actos terroristas.

Estos datos deben preocuparnos. Sí, pero también debemos ocuparnos, y en este momento el liderazgo lo tiene el nuevo gobierno. De ahí que las señales son tan importantes. Se podrá entender que llenar de querellas que no siempre tienen resultados tampoco pueda ser una medida eficiente, pero mostrar debilidad frente a un grupo que ha lucrado con la violencia, amenazado a las comunidades y que dice tener un problema con el Estado de Chile, tampoco es aceptable. Pareciera que el silencio de La Moneda apunta a esto último. 

¿Hasta dónde podrá llegar el discurso político de campaña y la solidaridad que los nuevos líderes alguna vez mostraron con la “causa mapuche”? No creo que mucho más lejos. 

El retiro del Estado de Emergencia sin una estrategia de corto, mediano y largo plazo sólo contribuirá al aumento de la violencia, ya sea porque las orgánicas radicalizadas se sientan empoderadas o porque busquen probar al Ejecutivo para saber hasta dónde presionar. Es hora de empezar a enviar las señales correctas a la comunidad y a los violentitas. La posición de ventaja, debería tenerla el Estado. 

*Pilar Lizana es investigadora AthenaLab.

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