En un contexto donde la narrativa juega un rol clave para alcanzar el poder y mantenerlo en el tiempo, la consistencia del relato es fundamental para enfrentar desafíos políticos. Y vaya ¡qué desafíos tenemos en Chile! La problemática en la Macrozona Sur es uno de ellos. En esa parte del país, el poder ha transitado desde el Estado a las orgánicas radicales impulsado por un mensaje poco claro que ha empoderado a los grupos equivocados. 

Poco más de 400 personas distribuidas en 7 organizaciones violentas han construido una historia entorno a sus objetivos, han mantenido un hilo conductor y no lo han cambiado en el tiempo. El control territorial es uno de los resultados deseados que materializan de distintas maneras. En la otra vereda, el Estado liderado por un gobierno que a través de acciones contradictorias impulsa un relato que ha permitido a esos cuatrocientos ganar poder. 

Como candidato, Gabriel Boric visitó La Araucanía, como Presidente aún no lo hace. Como abanderado del Frente Amplio, en octubre del año pasado, desde esa región, dijo no poder seguir repitiendo “las mismas recetas que han causado más violencia y más división”, para criticar una medida que esta semana se volvió a renovar: el Estado de Excepción Constitucional de Emergencia. 

En ese mismo viaje se refirió a “las legítimas reivindicaciones del pueblo nación Mapuche”, frente a eso me pregunto si esos siete grupos representan las demandas de ese pueblo originario. Es importante usar con cuidado las palabras, no tienen el mismo significado para todos. 

El relato es fundamental, pero las acciones deben ser coherentes con él. No es posible enviar esos mensajes cuando las medidas que se toman despliegan a militares y policías en una condición de excepcionalidad para contener el problema de seguridad. Entonces, ¿con qué narrativa se quedan esos 400 que utilizan la violencia como método de acción política?

Esos siete grupos han emitido comunicados claros y directos donde han dicho que no importa el Presidente de turno ni la nueva Constitución, la lucha debe seguir. Especialmente uno ha sido enfático: la CAM. Ha llamado a la resistencia violenta a su gente y a otros. El relato se ha mantenido. Ni la plurinacionalidad ni los territorios autónomos va a desviarlos de su proyecto estratégico “tanto en lo militar, en lo político-cultural, así como en lo productivo, intensificando las recuperaciones territoriales (…)”, según lo afirmaron en su último mensaje. 

La problemática de la Macrozona Sur tiene un aspecto de seguridad que no podemos negar, pero ese asunto requiere respuestas que van más allá de lo militar y policial. Las soluciones deben venir del mundo político, son ellos los que deben acordar un mensaje y ponerse de acuerdo en cuál es la naturaleza de la amenaza. Mientras eso no pase los violentistas seguirán teniendo poder y consolidando esa capacidad de afectar a otros para alcanzar los resultados esperados. 

El control de la narrativa es fundamental cuando hablamos de poder, y, en este caso en particular es esa narrativa la que está fallando. Un relato confuso lo único que conseguirá es que otros ocupen los vacíos que deja la confusión y la población siga sufriendo los efectos de la violencia. 

*Pilar Lizana es investigadora AthenaLab.

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