Para progresar necesitamos de un entorno de paz y equilibrio que nos permita desarrollar al máximo nuestras capacidades. No ha pasado ni un mes de este nuevo año y pareciera que ese entorno seguro que nos permite crecer es cada vez más incierto. La discusión del proyecto de indulto para los presos de la revuelta es una señal de esa incertidumbre.

La seguridad se está transformando en uno de los temas centrales de la transición. Con más preguntas que respuestas, muchos miran expectantes los movimientos del Presidente Electo.

Sin bien no podemos aventurarnos en cómo será su gobierno, existen algunas señales que nos permiten plantear ciertos escenarios. La más clara, los reiterados llamados que ha hecho Gabriel Boric a apurar el proyecto de indulto a los presos de la revuelta. La propuesta busca extinguir la acción penal en delitos como barricadas, homicidio calificado y simple en grado frustrado, maltrato o amenazas a policías, daño a monumentos, desórdenes y porte de armas, entre otros.

El futuro Presidente tiene un difícil desafío por delante. Seguridad, bienestar y desarrollo son los pilares que entrega el Estado a la población. Quienes, como señalaba Rousseau en el Contrato Social, tienen como objetivo “encontrar una forma de asociación que defienda y proteja de toda fuerza común a la persona y a los bienes de cada asociado”. Asociación que es ejercida por el Estado, representada por la nueva administración y que debe velar por el bienestar de todos.

La amnistía a quienes fueron detenidos por diversos delitos durante las manifestaciones de 2019 es una señal importante sobre cómo se buscará enfrentar un tema que impacta en la vida diaria de los chilenos. El futuro mandatario deberá lidiar con visiones enfrentadas y buscar un equilibrio que, esperamos, avance hacia soluciones. Por una lado, se encuentran vecinos, Pymes y locatarios. Por otro, grupos violentistas y manifestantes detenidos. No será fácil convivir con esas dos almas, requerirá de mucha habilidad para generar acuerdos y compromisos transversales. El famoso proyecto de indulto es el mejor ejemplo de eso.

“Indultar delincuentes es avalar la delincuencia y reírse del sufrimiento de vecinos, emprendedores y carabineros”, decía una pequeña inserción de Yo Apoyo a Carabineros en El Mercurio de ayer, un día después de que un grupo que protestaba exigiendo el indulto frente a La Moneda Chica se enfrentara con detectives. Pareciera que no habrá luna de miel. Los recién designados ministros deberán responder con fuerza a estas dos almas, equilibrando de la mejor manera la balanza de la justicia.

Esa virtud que de acuerdo con la filosofía antigua tiene que ver con dar a cada quien lo suyo, deberá entregar a locatarios y vecinos de las zonas afectadas por las protestas lo que corresponde. Lo mismo para quienes cometieron los delitos. Esta es la única manera de avanzar en la paz y equilibrio que se requiere para progresar.

Las formas de abordar las problemáticas pueden ser diferentes. Lo distinto no necesariamente es malo. Por el bien de Chile, deseamos lo mejor al nuevo gobierno. Pero de buenos deseos no vive el hombre. Las señales son importantes. Deben lograr que la convivencia de las dos almas se de en el mejor contexto posible. Con justicia y firmeza deberá hacer uso del monopolio de la fuerza cuando corresponda, al mismo tiempo que genere acuerdos que busquen construir un mejor país. Por Chile y por los chilenos, esperamos que el nuevo liderazgo nos sorprenda. Todos necesitamos buenos resultados que nos permitan desarrollar al máximo nuestras capacidades.

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