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Publicado el 08 de agosto, 2015

Pertinacia irresponsable

Consultor de empresas Jaime Jankelevich
Lo sensato hubiera sido que la potente señal de desaprobación enviada por la ciudadanía se hubiese traducido en un cambio de rumbo por parte del gobierno para enmendar sus errores y recuperar la confianza.
Jaime Jankelevich Consultor de empresas

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La Real Academia de la lengua define pertinacia como obstinación, terquedad o tenacidad en mantener una opinión, una doctrina o la resolución que se ha tomado e irresponsable a quien adopta decisiones importantes sin la debida meditación.

Lo que uno espera de quienes tienen a su cargo el gobierno de un país es que cuando existe evidencia de que sus políticas públicas han estado mal diseñadas y que provocan un mayoritario rechazo en la ciudadanía por los negativos efectos que han originado y podrían causar a futuro, se detengan, analicen con realismo los errores cometidos y con humilde responsabilidad enmienden el rumbo.

Cuando esto no ocurre y, por el contrario, se insiste en seguir adelante sin renunciar o solo con cambios cosméticos, porque no se asumen los propios errores y por el contrario se cree que los problemas son artificialmente causados por poderosos y mezquinos intereses, estamos en presencia de pertinacia irresponsable.

Lamentablemente, en nuestra región tenemos suficientes ejemplos de esta naturaleza. Gobiernos cuyas políticas populistas devastan los países, destruyendo las economías, generando pobreza, coartando la democracia, obstruyendo las libertades, corrompiendo las instituciones más fundamentales y siempre atribuyéndole la causa de todos los males a inexistentes fantasmas producto de su propia imaginación.

¿Y cuán lejos estamos en Chile de una irresponsable pertinacia?

No es secreto para nadie que las reformas introducidas por el actual gobierno han causado un deterioro grave en la inversión, el crecimiento, las expectativas y la confianza en que el país va por buen camino. Se han generado enormes dudas en cuanto al futuro de la educación, a la convivencia al interior de las empresas por la reforma laboral que está por aprobarse y se alimenta la incertidumbre ante el inicio de un proceso de cambio constitucional del cual poco y nada se dice o se sabe.

Todo lo anterior ha provocado que un 70% de los chilenos desapruebe la forma en que la Presidenta Bachelet está conduciendo su gobierno y un 75% objete cómo éste está desarrollando su labor. Lo sensato hubiera sido que esta potente señal enviada por la ciudadanía se hubiese traducido en un cambio de rumbo por parte del gobierno para enmendar sus errores y recuperar así las confianzas perdidas.

Pero sorprendentemente no ha sido así. Hay importantes figuras en el oficialismo que opinan públicamente que el descontento se debe a que los chilenos quieren reformas aún más profundas y por lo tanto radicalizar las mismas es el camino a seguir. Otros creen que las encuestas son sesgadas porque las manejan institutos en manos de la derecha y por lo tanto no son confiables. Y la Presidenta se queja diciendo “la prensa no es nuestra y no comparte nuestras ideas”, como si los problemas reales fueran consecuencia de aquello.

Y en cuanto al cónclave oficialista, las esperanzas que se tenían sobre su resultado se diluyeron prontamente al conocerse sus conclusiones, las que señalan que no hubo mea culpa, que el principal objetivo era recomponer las relaciones al interior de la Nueva Mayoría y alinear al conglomerado con las reformas del gobierno, pero ningún llamado a  cambiar de rumbo, sino que, por el contrario, todo indica que se seguirá adelante con el programa sin renunciamientos.

¿Pertinacia Irresponsable? El tiempo lo dirá.

 

Jaime Jankelevich, Consultor de Empresas.

 

 

FOTO:FELIPE FREDES FERNANDEZ/AGENCIAUNO

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