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Publicado el 24 de junio, 2015

Pensar, repensar y fortalecer la centroderecha

Las ideas no vendrán, necesariamente, de la mera labor de intelectuales, sino que encontrarán sus raíces en la misma sociedad de la que somos parte.
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El sábado pasado me tocó asistir a la mesa redonda “Pensar la centroderecha”, organizada por Andrés Allamand y Jaime Bellolio, un punto de encuentro entre intelectuales, académicos y políticos. Si hay una idea difundida hoy es la falta de diágnostico, relato, o más dramáticamente: la falta de ideas que aqueja a la centroderecha. El encuentro del sábado fue valioso porque contribuye a derribar los muros que existen entre la labor especulativa, propia de los intelectuales, y la práctica, propia de los políticos.

Derribar esos muros no será fácil, como quedó claro con las intervenciones de ex ministros, parlamentarios e incluso la del ex Presidente Piñera, que siguieron a las exposiciones de Daniel Mansuy, José Francisco García, Pablo Ortúzar y Hugo Herrera. Sin embargo, todos coincidieron en que es una tarea imprescindible. Se debe generar una propuesta política que convenza a los chilenos y que dote a la centroderecha de un ideario de ruta sólido, novedoso, atractivo y transformador. Así lo demuestra la experiencia de coaliciones políticas exitosas: la revolución de los ‘80 que lideraron Thatcher y Reagan no se entiende sin el aporte del Instituto de Asuntos Económicos en Inglaterra o de la fundación Heritage en Estados Unidos. Del mismo modo que las transformaciones del gobierno de José María Aznar en España, como bien relata en sus memorias, fueron planificadas varios años antes en FAES y siguen siendo defendidas y promovidas hasta la actualidad desde ese centro de estudios.

Como era de esperar, la palabra más utilizada fue “libertad”, lo que no debiera sorprendernos cuando hoy asistimos a uno de los mayores y mejor articulado ataque que la libertad de las personas, las familias y la sociedad civil ha experimentado en Chile en los últimos 20 años. Aun así, no podemos quedarnos solo en ese eje, debemos incorporar a nuestra argumentación el objetivo de la justicia, ya que solo en conjunto representan fielmente a una centroderecha moderna, que sintoniza con las principales preocupaciones de nuestros compatriotas.

A su vez, en el encuentro se criticó duramente el reduccionismo económico, alegando que nuestro sector ha caído en reiteradas ocasiones en una visión puramente economicista. Si bien nuestra argumentación debe responder a una antropología –de la cual se derivan las principales ideas políticas- y deben tener siempre un sustrato ético y moral, también es necesario huir de un reduccionismo antieconómico, que pretende ignorar el valor de la economía en el progreso social que ha tenido Chile, y que ha permitido que millones de personas salgan de la pobreza, que sus hijos accedan a la educación superior y que las familias chilenas vivan mejor. En otro sentido, criticar el reduccionismo económico no debe ser utilizado como excusa para una crítica encubierta a las ideas de una economía libre.

Por último, un tema recurrente fue si el problema eran las ideas o cómo las comunicábamos. El problema es más complejo que eso. No solo debemos responder al ¿qué comunicar? y al ¿cómo comunicar? Tan importante como eso es responder al dónde comunicar estas ideas, ya que es necesario ampliar los espacios de influencia y ámbitos de acción, tan importante como seminarios y columnas resulta la participación activa en asambleas de estudiantes, centros de alumnos, juntas de vecinos o sindicatos donde muchas veces las ideas de la justicia y la libertad brillan por su ausencia. Al mismo tiempo resulta urgente mejorar quiénes deben transmitir estas ideas, y aquí se requiere un aporte más amplio: jóvenes y adultos, políticos e intelectuales, de Santiago y regiones, en un verdadero complemento de edad, experiencia y formación profesional.

Pensar la centroderecha es un desafío difícil, pero crucial si ésta quiere ser nuevamente protagonista del cambio radical que Chile afrontará en los próximos 20 años. Las ideas no vendrán, necesariamente, de la mera labor de intelectuales, sino que encontrarán sus raíces en la misma sociedad de la que somos parte, en las realidades de progreso que ha experimentado y en los desafíos pendientes, en el lamentable estancamiento del país y en la certeza de que Chile puede progresar mucho más. Y por supuesto, en el reconocimiento de lo que han hecho las generaciones que han conducido el país en las últimas décadas, y en el necesario aporte que corresponde desempeñar a nuestra generación.

 

Julio Isamit, Presidente Chile Siempre.

 

 

FOTO: MATIAS DELACROIX/ AGENCIAUNO

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