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Publicado el 01 de marzo, 2015

Pelea de payaso

Hay que reconocer que la izquierda tiene un talento superior para hacer del debate una pelea de payaso.
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Uno de los cambios que ha provocado esta sociedad de la entretención, en que se busca pasarlo bien por sobre todas las cosas, es la inevitable declinación de los circos. Probablemente uno de los últimos resabios medievales, el espectáculo itinerante de payasos, malabaristas, domadores y magos se extingue inevitablemente ante la oferta tecnológica de juegos y diversas formas de videos, también en los más diferentes formatos.

La voz de señor Corales se apaga lentamente, pero su espectáculo nos deja un legado cultural con un tipo de humor que, de manera sencilla, muestra muchas de las inconsistencias de nuestra vida diaria. Entre ellas, un clásico es la llamada pelea de payaso.

La idea es simple, un payaso invita a otro a medir destreza con las manos en una suerte de combate de box de aficionados, pero el mismo que invita tiene un pito que le permite detener la pelea. Así, el que es al mismo tiempo árbitro y “boxeador”, golpea al otro y cuando el contrincante va a responder el golpe, el primero hace sonar el pito y dice: “pare la pelea”. La lógica se repite varias veces provocando la risa del público, ante la ingenuidad de uno y el abuso del otro.

Pero, en el fondo, la rutina de la pelea de payaso también nos hace reír, porque nos recuerda esa tendencia tan propia del que tiene poder, particularmente el estatal, de usar a discreción la condición de juez y parte en cualquier conflicto.

Otro ámbito en que la lógica de la pelea de payaso se aplica mucho es en la política. En los últimos días surgieron críticas por la brusca caída en la eficiencia de la reconstrucción en el año 2014, las cifras informadas son bastante elocuentes en este sentido. Ante la imposibilidad de refutarlas, desde el gobierno se hizo un llamado a “no politizar” la reconstrucción, porque esta es una tarea de Estado.

Y? O, como dice un amigo mío, ¿so what? Obvio que enfrentar las catástrofes naturales, en todas sus fases, es tarea del Estado, pero al Estado lo administra y lo gobierna el Presidente(a) de la República, junto a sus Ministros, que son sus colaboradores directos en esta misión. Para eso se los elige y esa es la tarea que se les encomienda. De manera que de lo primero que debe responder todo gobierno es del cumplimiento de las tareas del Estado.

Toda actividad del Estado es objeto de evaluación política, incluso las guerras que podrían considerarse la máxima expresión del desafío que exige unidad a un país. Precisamente esa evaluación es la que hace que la figura de Neville Chamberlain se haya perdido en la noche de los tiempos bajo el reproche de su país, mientras que Churchill haya sido elevado a los altares de la gloria en Gran Bretaña y en occidente para el resto de la eternidad. Por el juicio que se tiene respecto de la forma en que el gobierno de uno y otro asumió nada menos que la Segunda Guerra Mundial.

No es concebible pensar en que alguien pudiera decir que la figura de uno y otro Primer Ministro deben ser evaluadas sin considerar la guerra, porque ésta no puede politizarse. Absurdo.

Por lo demás, no fue esa la lógica que aplicó la Nueva Mayoría, ni respecto del terremoto ni en muchas otras materias, como el censo, cuando se trató de evaluar al gobierno del Presidente Piñera. Recuerdo una actividad de prensa en febrero del 2012, en que los presidentes de partido de la coalición opositora cuestionaron las cifras de reconstrucción.

Qué decir del Censo, alguien puede imaginar siquiera que el Presidente Piñera hubiera intentado argumentar que las estadísticas son un tema de Estado, así es que no se podía politizar? La oposición de entonces habría hecho pedazos el argumento, y con razón.

En esto de la crítica hay que reconocer que la izquierda tiene un talento superior para hacer del debate una pelea de payaso, administrando con maestría los llamados temas de Estado. Cuando el flanco es de la derecha, el problema es político; cuando es de la izquierda se convierte de inmediato en tema de Estado y se escucha el silbato, seguido de la orden perentoria: “pare la pelea”.

Sin embargo, y a fin de cuenta, la izquierda no hace más que su trabajo. Una cosa es que el argumento de los temas de Estado sea falaz y otro que el gobierno no tenga legítimo derecho a intentarlo, por si pasa. Y claro que pasa, una y otra vez.

Lo que me resulta sorprendente es la pasividad y falta de juicio crítico de la prensa. Que no haya ningún periodista que cuestione el argumento y que diga lo obvio: perdón, pero una cosa es que todos colaboren con la reconstrucción, porque es un tema de Estado, y otra que el Gobierno no responda de su gestión del Estado.

¿Desde cuándo los temas de Estado no son objeto de escrutinio político? Aceptar eso sería reducir la política a la mera evaluación de las formas.

¿Cómo lo hizo el Ministro en la entrevista? Bien, es tan simpático.

¿Cómo estuvo la ceremonia, te gustó? No, estuvo muy larga.

¿Qué te parece la reforma tributaria? No se, los tributos son un tema de Estado, así es que no tengo opinión política.

Se echa de menos un poco más de juicio crítico a la hora de evaluar a unos y a otros. En el circo la pelea de payaso puede hacer llorar de la risa; pero en la vida real, después de un tiempo, se termina la risa y solo quedan las ganas de llorar.

Gonzalo Cordero, Foro Líbero.

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