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Publicado el 05 de junio, 2020

Pedro Pablo Díaz: Pandemia y un mundo sin fronteras

Embajador de Chile en Portugal Pedro Pablo Díaz

Un acontecimiento que estaba destinado a ser una celebración cultural en conmemoración de una gesta histórica, como consecuencia de la pandemia se tuvo que reinventar, y con gran éxito demostró -como Magallanes y Elcano hace 500 años- que no hay fronteras cuando hay deseo de llegar más allá.

Pedro Pablo Díaz Embajador de Chile en Portugal

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La exposición “Tesoros de América: La Mezcla Latina” tenía previsto desembarcar en Cascáis, Lisboa, las obras de 29 artistas contemporáneos chilenos, proyectando en sus lienzos la prolongación del pasado en un presente diverso y multicolor. Felizmente todos llegaron y, en ágil adaptación, se transformó con notable éxito en un encuentro virtual (se puede ver aquí). Lejos de posponer o retrasar un encuentro, al igual que la tormenta o la mala mar no impidieron avanzar la expedición de estos navegantes, 29 artistas chilenos llegaron a buen puerto en forma virtual.

No es la primera vez que el mundo del arte y de la cultura se comunica virtualmente, pero sí es la primera vez que una pandemia obliga a todos a repensar cauces para el diálogo, el encuentro, la investigación, el descubrimiento que nos permitan a todos llegar más lejos… A modo de gran paradoja resultó que el motivo de la conmemoración se está pudiendo celebrar virtualmente 500 años después y de esta forma inspirar a generaciones de internautas navegantes y piratas en redes que apenas saben de su rico pasado.

El intercambio de ideas y la aproximación entre los pueblos ya no tienen barreras gracias a las tecnologías audiovisuales y de comunicación, pero es cierto  que ha tenido que desatarse una pandemia para que hayamos podido transitar por meses de confinamiento e incertidumbre gracias a esa ingente, generosa e ingeniosa proliferación de iniciativas compartidas virtualmente, y que nos han emocionado, inspirado, conmovido y en definitiva hecho sentir próximos, cercanos, comprometidos, en resumen, compartiendo un común destino.

Numerosos museos del mundo, teatros, auditorios, salas de exposiciones, centros de ocio y músicos de todos los géneros han compartido en gratuidad y generosamente su talento, abriendo nuevas ventanas al conocimiento mutuo y al estimulo intelectual.

Para la diplomacia económica, cultural, científica, y por qué no, también deportiva, sustituir la actividad presencial y la proximidad física por una mayor presencia a través de las redes constituye un reto nuevo, inquietante y estimulante. Debe elevar nuestros estándares de calidad y ambición. La realidad virtual podría y de hecho parece que puede diluir nuestras presencias, perfiles y límites y hacernos en gran medida prescindibles. Si un partido de fútbol se puede ver de modo casi presencial gracias a los hologramas, o una conferencia celebrarse en video, ¿dónde quedan la emoción, el contacto, la proximidad, la vehemencia o el guiño de complicidad para convencer, persuadir, consensuar?

Se abre un nuevo reto para los Estados. Para definir y consolidar su presencia e impacto en una comunidad internacional, cada vez más virtual, tienen que asociarse y apoyarse en los mejores exponentes de la excelencia en el sector privado y la sociedad civil. Añadir valor agregado con diplomacia económica, cultural, científica y deportiva también en formato digital para, como Magallanes y Elcano, llegar más allá.

Una de las grandes interrogantes que ha hecho aflorar esta crisis son los riesgos del desequilibrio tecnológico. No estar presentes en las redes, tener nuestro perfil ahí, ¿puede convertirnos en inexistentes? La brecha tecnológica -y no solo la pobreza- puede también generar exclusión.

No es casual que la dupla Magallanes/Elcano lograra redondear el mundo, puesto que ellos eran los que portaban los últimos avances en cartografía, astronomía, náutica, además de mucha ambición. Esos fueron los factores que trajeron financiación al proyecto castellano portugués y sedujeron a 240 marineros y desheredados con promesas de aventura y prosperidad.

Del mismo modo que la gesta de Magallanes/Elcano, fruto de la unión de esfuerzos y recursos humanos, financieros, tecnológicos, públicos y privados, reportó extraordinarios beneficios y perspectivas de progreso, los avances tecnológicos y científicos de hoy, multiplicados por el aporte financiero, compartidos por las diversas comunidades científicas, deberían permitirnos afrontar los retos del futuro, por cierto también compartidos, como el Covid 19 ha demostrado, pero sin dejar a nadie atrás.

Las conmemoraciones que nuestros pueblos se aprestan a celebrar en el curso del año tienen como finalidad poner un valor, pero sobre todo extraer de tan vasto legado confianza en nuestros pueblos e inspiración al diseñar su futuro.

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