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Publicado el 2 enero, 2021

Paula Schmidt: Política y Covid-19 en modo 2021

Periodista y Licenciada en Historia Paula Schmidt

Si fuimos capaces de aprender (algunos más que otros) sobre los riesgos del coronavirus, debemos hacer lo mismo para no repetir los errores de 2020 en materia política. El 2021 ofrece la oportunidad de incorporar nuevos hábitos para “higienizar” las malas prácticas, ya que las consecuencias para el país pueden ser tan inesperadas e irreversibles como las provocadas por el covid-19.

Paula Schmidt Periodista y Licenciada en Historia
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Por fin llegó la renovación del calendario; sin embargo, dejar atrás 2020 no será fácil porque, así como no estamos ni cómodos ni preparados para la incertidumbre, tampoco queremos perder el control sobre nuestro destino. No obstante, el coronavirus nos arrebató la inercia que existía antes de su aparición y que nos ofrecía mayor seguridad frente a los cambios. Para las nuevas generaciones, la pandemia las ha obligado como nunca antes a permanecer ancladas sobre el presente sabiendo que su futuro será complejo.

Y, por otra parte, para las más adultas, darse cuenta que muchos de los problemas existentes, tales como la desigualdad de oportunidades en el acceso a bienes y servicios de calidad, merecían de una mayor atención y profundos cambios, pero mucho antes de tener que adherirlas a la pesada carga de la pandemia. Desde el envejecimiento de la población hasta la conciencia de que “desigualdad” también significa hablar de capital social, discriminación y calidad de vida. Hoy, el covid-19, además de recordarnos que no somos capaces de controlarlo todo, también ha hecho sangrar un poquito más las heridas a nivel social.

Es por eso que nuestra amarga dosis de desilusión a fines de 2019 no fue algo exclusivo a nosotros, ni tampoco muy original, ya que tuvo similitudes con diversas manifestaciones alrededor del mundo que reflejaron la pérdida de fe de los ciudadanos hacia sus instituciones y un desencantamiento extremo hacia sus dirigentes. Por lo que la mejor forma de dictaminar cambios sin perder más tiempo fue presionando desde las calles y, si fuese necesario, de manera violenta.

Para Chile, 2020 nos demostró entre otras cosas que, a pesar de los cambios sociales de las últimas tres décadas, nuestras fortalezas (y debilidades) siguen siendo casi las mismas. En parte, por la poca renovación de liderazgos políticos que dificulta romper con la “inercia” (no la olvide). Es así como hemos logrado mantenernos eficientes en gestión, pero cada vez más desorganizados y con poca voluntad de (querer) llegar a acuerdos políticos, salvo en contextos excepcionales y bajo extrema presión como en noviembre de 2019. La mala costumbre de apretar los dientes para no abrir la mente provocó que las grandes decisiones del 2020, tales como avanzar en medidas para reactivar nuestra economía, quedaran replegadas en un segundo plano; detrás de un populismo que nunca resulta aburrido hasta que hace sentir sus efectos. Primero suave y fácil de digerir, luego doloroso, punzante y difícil de curar.

La sensatez de la política es lo que más se requiere durante una crisis, pero hubo poco de eso durante 2020. Más bien sobresalieron demostraciones de oportunismo político y una alarmante confusión de algunos representantes sobre la trascendencia de sus malas decisiones en materia pública y, por otro lado, un gobierno desgastado desde el 18-O que de igual forma logró hacerse cargo en lo sanitario, pero no así en lo político, dejando flancos abiertos durante otro año que será complejo para el país consumido por el frenesí electoral que comenzará en abril.

En materia sanitaria 2020 ofreció valiosas lecciones sobre lo que debíamos hacer para mantener el virus a raya sin sucumbir a sus amenazas. Por lo tanto, fue por medio de la experiencia y no de la teoría como alteramos nuestros hábitos de comportamiento e higiene.   

Por lo tanto, si fuimos capaces de aprender (algunos más que otros) sobre los riesgos del coronavirus, debemos hacer lo mismo para no repetir los errores de 2020 en materia política. El 2021 ofrece la oportunidad de incorporar nuevos hábitos para “higienizar” las malas prácticas, ya que las consecuencias para el país pueden ser tan inesperadas e irreversibles como las provocadas por el covid-19.

@LaPaulaSchmidt

  1. Felipe Guzmán Rencoret dice:

    Conceptos muy claros. Especialmente “detrás de un populismo que nunca resulta aburrido hasta que hace sentir sus efectos. Primero suave y fácil de digerir, luego doloroso, punzante y difícil de curar.” Qué cierto!

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