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Publicado el 06 de julio, 2019

Paula Schmidt: Percepción peligrosa tras el desastre de Rancagua

Periodista y Licenciada en Historia Paula Schmidt

Generalmente, la reacción tras un escándalo es desear borrar con el codo lo que se escribió con la mano; pero querer hacer una revolución del sistema, sin detenerse a considerar sus fortalezas, además de imposible, implica daños colaterales y consecuencias no deseadas.

Paula Schmidt Periodista y Licenciada en Historia
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¿Usted se acuerda de Patricio Tombolini? Haga memoria, año 2002, cuando estalló el caso «coimas”, cuestión que fue asumida por el entonces ministro de la Corte de Apelaciones de Rancagua, Carlos Aránguiz. Tombolini fue sentenciado por cohecho a tres años y un día de prisión efectiva. Sin embargo, tras apelar a la Corte de Apelaciones (de Rancagua), el ex subsecretario de Transportes de Ricardo Lagos obtuvo una rebaja que le permitiría cumplir la condena sin ser encarcelado.

Trece años después, cuando todo parecía estar más tranquilo en la Región de O’Higgins, sobrevino la explosión de otro suceso de inesperadas consecuencias: el caso Caval. Nuevamente una figura pública estaría en el ojo del huracán. Pero no cualquier figura pública. Esta vez, el protagonista era Sebastián Dávalos, hijo de la Presidenta Bachelet, acusado, junto a su mujer, Natalia Compagnon, de un supuesto tráfico de influencias. Se replicaba así, en la Corte de Apelaciones de Rancagua, no sólo otro hecho de alta connotación pública, sino también el roce de la judicatura local con el mundo de la política.

Pareciera ser que en la VI Región se fue generando una bola de nieve que, en vez de derretirse, se fue solidificando en el tiempo e hizo muy complejo descifrar “por qué pasa lo que pasa” en la Corte de Apelaciones de Rancagua.

Esta semana, en un hecho lamentable, Marcelo Albornoz, ex ministro de la mencionada Corte de Apelaciones, se quitó la vida. Suspendido de su cargo junto a dos de sus pares, Albornoz, más que un victimario, quizás fue víctima de un entorno corroído y condenado a fracasar porque nadie tiró antes de la hebra que podría haber desenrollado un ambiente más bien sacado de una sórdida novela policial.  

Generalmente, la reacción tras un escándalo es desear borrar con el codo lo que se escribió con la mano; pero querer hacer una revolución del sistema, sin detenerse a considerar sus fortalezas, además de imposible, implica daños colaterales y consecuencias no deseadas.

El Poder Judicial es una institución más que convive con la baja aceptación de la ciudadanía. ¿Qué hacer para cambiar esto? A comienzos de este año, el gobierno anunció que reevaluaría los mecanismos para nombrar a fiscales y jueces, pero no explicó cómo lo haría ni justificó una medida que, además de innecesaria, podría gatillar altos costos para la futura solvencia de la justicia. Generalmente, la reacción tras un escándalo es desear borrar con el codo lo que se escribió con la mano; pero querer hacer una revolución del sistema, sin detenerse a considerar sus fortalezas, además de imposible, implica daños colaterales y consecuencias no deseadas.

Por lo tanto, para acrecentar y proteger el verdadero poder de la ley, quienes mejor saben y conocen las vulnerabilidades del aparato judicial son precisamente quienes están insertos en éste. Es tentador (pero, simplista) afirmar que “todos” son corruptos o que “todos” son tránsfugas. Eso obedece más bien a un impulso catártico que podría justificarse para otro tipo de asuntos, pero no para echar en un saco roto a todo el Poder Judicial.

Los enredos de los casos Coimas y Caval parecen entrelazarse como salidos de una máquina del tiempo. Ambos nos invitan a llevar a cabo cambios que quizás hayan sido indebidamente postergados. Por lo tanto, ahora es el momento de corregir lo que realmente se necesita reparar, pero resguardando los matices y empleando gran discernimiento. En primer término, para que la muerte del ministro Albornoz haya sido la gota final de un vaso que terminó por rebalsarse de la peor forma y, segundo, para rectificar la peligrosa percepción de que todo anda mal en la judicatura chilena, siendo que no es así.

@LaPolaSchmidt

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