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Publicado el 24 de diciembre, 2019

Paula Schmidt: Navidad 2019 y el regalo de la incertidumbre

Periodista y Licenciada en Historia Paula Schmidt

Ha habido todo tipo de propuestas durante estos dos últimos meses. Sin embargo, los verdaderos protagonistas de esta crisis siguen siendo aquellos que se resguardan detrás de una capucha, que no poseen ninguna lealtad hacia la clase política y que prefieren arriesgar un perdigón en un ojo antes de aceptar que las reglas de una democracia no se imponen de manera delirante, infligiendo miedo o intimidación.

Paula Schmidt Periodista y Licenciada en Historia

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A diferencia del calendario de un recluso, que descuenta los días esperando su libertad, el de los chilenos, a partir del 18/10, pareciera haberse detenido en el tiempo. Es así como llegamos a las vísperas de una Navidad que sólo augura mayor incertidumbre, restándole a los chilenos la posibilidad de recibir, a dos meses de iniciada la crisis, el regalo de poder reiniciar sus vidas en paz.

Si el residuo de ese “Chile nuevo” tras la única marcha pacífica del millón y tanto de compatriotas era un pacto de unidad nacional, la conclusión es que fracasamos, ya que los coletazos del estallido social han sido los semáforos humanos con sus chalecos amarillos, la sobredemanda de planchas de latón que ensombrecen las esperanzas de los locatarios y el olor al polvillo de lacrimógenas sobre veredas despedazadas. Todos símbolos de una etapa distinta, pero nada próspera para el país.

Dicen que “Chile despertó”. Pero la manera como lo hizo -de forma violenta, forzada y sin diálogo- ha terminado por lesionar a nuestra democracia, la cual no se merecía padecer incendios, barricadas ni destrucción para enmendar sus falencias. Por otra parte, la inexplicable pasividad y excesiva parsimonia de las autoridades es como se ha logrado desviar por completo la agenda del país, cooptada por medias verdades y demandas poco razonables. Cada día que pasa sin orden es otro más que nos aleja del progreso y nos hace retroceder. No sólo en desigualdad, como afirmó el presidente del Banco Central, sino también en nuestros índices de confianza, libertad y cohesión. Es así como hemos pasado a ser el hijo pródigo de la OCDE. El claroscuro de un país que sobredimensionó su trascendencia a nivel regional, pero que hoy permanece cautivo debido a un manejo político débil, poco sofisticado y zigzagueante.

Por otra parte, los acuerdos del poder legislativo, pero que a poco andar se diluyen, los nuevos proyectos de ley que vienen a abultar una ya sobrecargada agenda en el Congreso y, lo que nunca falta, promesas de cambios (porque ahora sí que sí) no han servido para contener la ansiedad de una población cada vez más consciente de que su calendario permanecerá interrumpido. El veredicto es lapidario: escasean liderazgos creíbles, mientras que abundan los actores sociales y, si seguimos así, la apuesta es demasiado riesgosa, ya que la fragmentación de la institucionalidad es como se sucumbe a populismos que le arrebatan de manera injusta el futuro a la ciudadanía.

Ha habido todo tipo de propuestas durante estos dos últimos meses. Sin embargo, los verdaderos protagonistas de esta crisis siguen siendo aquellos que se resguardan detrás de una capucha, que no poseen ninguna lealtad hacia la clase política y que prefieren arriesgar un perdigón en un ojo antes de aceptar que las reglas de una democracia no se imponen de manera delirante, infligiendo miedo o intimidación.

Es por eso que el deplorable estado de la Plaza Italia no sólo le ha robado la dignidad al General Baquedano, sino también a quienes habitan en sus alrededores, víctimas de disturbios (no marchas pacíficas) abusivos con sus derechos (humanos) y resignados (como la mayoría del país) a seguir bailando in aeternum al compás de funas y  acciones de individuos dispuestos a rescribir la historia sin pudor, a punta de grafitis, y desde las calles. Todo esto no sólo ha afectado que el país pueda celebrar la Navidad 2019 sin los estigmas provocados a partir del 18 de Octubre, sino también de que aún no consiga calcular con certeza cuando terminará por fin la inmerecida postergación a su calendario.

@LaPaulaSchmidt

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