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Publicado el 21 de septiembre, 2018

Paula Schmidt: Las tradiciones de Fiestas Patrias según el análisis de un compatriota liberal

Periodista y Licenciada en Historia Paula Schmidt

Este año mi “asaíto” dieciochero sobresalió a otros almuerzos más clásicos en donde la parrilla es la protagonista para congregar a la familia y a los amigos bien dispuestos a quedar ahumados con tal de saborear un buen pedazo de carne, un anticucho o un choripán. 

Paula Schmidt Periodista y Licenciada en Historia

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Este 2018, aunque mi evento no dejó de lado las cepas de la zona Central, el pebre y ensalada a la chilena, hubo una serie de otras cualidades que lo hicieron distinto. Por una parte, el menú, que ahora sacaba a relucir las bondades del “slow food”. Empanadas rellenas con carne de soya, ensalada de kale y lombardas guisadas con piñones cautivaban a los comensales, quienes ya no eran atraídos -sino más bien ahuyentados- por el olor a asado, mientras amenizaban su conversación con una copa de champaña o Aperol en la mano. Todo esto, mientras escuchaban una música de fondo en inglés. De lejos, el cuadro se parecía más a una reunión social cosmopolita que a una verdadera celebración nacional.

 

Reconozco que, en gran parte del país, las características de mi almuerzo eran la excepción. Sin embargo, yo no habría estado tan atenta a los nuevos aires que se respiraban en mi encuentro si no hubiese sido por las expresiones de un intelectual “liberal” chileno, quien quiso compartir de forma pública, a través de las redes sociales, que la cueca le parece horrible estéticamente; que el día de las Glorias del Ejército huelen a belicosidad y que ya era hora de que los Te Deum dejasen de ser televisados, porque el Estado de Chile es laico. Tras conocer sus aseveraciones, me imagino que el arrojado académico se habría sentido más a gusto en mi evento que comiendo chorrillanas en la Yein Fonda del Parque O’Higgins, o tomándose un jote en la Piojera, o escuchando las cuecas bravas de Roberto Parra y Los Chileneros.

 

La esencia de la Parada Militar no es para que las Fuerzas Armadas flexionen sus músculos, sino para que la ciudadanía rinda homenaje a los representantes de instituciones cuyo fin histórico ha sido el de salvaguardar la integridad del territorio nacional

 

Ahora, con respecto a la Parada Militar. La tradición republicana de Chile se compone de diversos hitos a lo largo de su historia. El desfile de las tropas se origina en los cuatro grandes conflictos en que Chile intervino y resultó vencedor: las guerras de Independencia; en la Expedición Libertadora del Perú; contra la Confederación Perú-boliviana y en la Guerra del Pacífico. En 1832, el desfile se instauró como una actividad adicional a la conmemoración de la Primera Junta de Gobierno de 1810. Luego, en 1915, el Presidente Ramón Barros Luco cambió la fecha al 19 de septiembre para celebrar el “Día de las Glorias del Ejército”. Por lo tanto, la esencia de la Parada Militar no es para que las Fuerzas Armadas flexionen sus músculos, sino para que la ciudadanía rinda homenaje a los representantes de instituciones cuyo fin histórico ha sido el de salvaguardar la integridad del territorio nacional;  y así lo parecen entender las miles de familias que se congregan cada año en el Parque O’Higgins para compartir un asado, elevar volantines y ser parte de una tradición que venera más a los uniformados que a las armas que portan.

 

Si somos capaces de atender, escuchar y legislar a favor de las minorías, ¿por qué no estamos capacitados para aceptar (sin incomodarse, ni denostar) que la religiosidad es parte de nuestra diversidad social?

 

Por último, sobre los Te Deum.  El autor de los dichos antes mencionados reclamaba que las autoridades políticas se someten al “sermoneo” de la religión cada vez que asisten a estas ceremonias. Entiendo su mirada, ya que un “liberal-liberal” como él no siente apego hacia la religión. Todo lo contrario, más bien le irrita que la sociedad chilena aún no haya logrado acallar (de una vez por todas) la voz de las iglesias. Si bien yo no tengo ni los pergaminos ni la mitad del conocimiento intelectual que acreditan la inteligencia del académico en cuestión, creo no necesitar de años de estudio para valorar y respetar el aporte de la religión en la vida de las personas, quienes, por lo demás, están libres de adherirse o no a sus preceptos. Sin embargo, el Estado de Chile es laico y, por lo mismo, inclusivo. Las iglesias son instituciones que conforman una parte de su sociedad. Si somos capaces de atender, escuchar y legislar a favor de las minorías, ¿por qué no estamos capacitados para aceptar (sin incomodarse, ni denostar) que la religiosidad es parte de nuestra diversidad social?

 

El discurso de mi compatriota es válido siempre y cuando se apegue a su dogma de fe que se circunscribe a la libertad absoluta. Lo que incluye salir de su trinchera liberal sin menospreciar el sentir de aquellos chilenos quienes, cada mes de septiembre, conmemoran y celebran tradiciones que, para su corazón de librepensador, ya no serían relevantes.

 

@LaPolaSchmidt

 

FOTO: RODRIGO SAENZ/AGENCIAUNO

 

 

 

 

 

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