Columnas de opinión es presentado por:
Publicado el 15 de marzo, 2019

Paula Schmidt: La lección del caso Silber

Periodista y Licenciada en Historia Paula Schmidt

El griterío para obtener mayor protagonismo, los clamores vacíos y cambiantes y la queja pública constante no sólo afectan la imagen de los políticos, sino también desprende algo mucho más profundo: la poca lealtad hacia quienes depositaron un voto de confianza a la hora de elegirlos.

Paula Schmidt Periodista y Licenciada en Historia
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

En el ambiente político, saber qué decisiones tomar para equilibrar el poder, legislar o gobernar es sumamente complejo. Aunque la actividad requiere momentos de pausa, discernimiento y reflexión en la mayoría de los casos, el quehacer de un servidor público termina siendo tiranizado por lo inmediato, lo llamativo y lo “popular”; permeando de mala forma su labor y provocando que varios de sus miembros salgan malheridos y eyectados para siempre de una ruta llena de sucesos inesperados.

La acusación de violencia intrafamiliar contra el diputado DC, Gabriel Silber, ejemplifica los altos riesgos que enfrenta todo personaje público. Una denuncia grave, aunque anónima, enviada además a todos sus pares, que terminó por pulverizar algo más que su oportunidad de encabezar la Cámara.

El inculpado expresó que “la política es con llorar”, contradiciendo aquella frase (más bien para el bronce) formulada hace varios años por uno de sus pares, quien opina lo opuesto. No obstante, adhiero con el planteamiento del parlamentario decé, ya que las lágrimas (incluso las de cocodrilo) permiten alivianar las presiones de la política. Después de todo, la carne de los políticos (aunque algunos no lo crean) sigue siendo humana y no de chancho.

Cuando acontecen hechos como el de Silber, el ambiente político pronto se desordena ante los ojos de la opinión pública; porque los oportunismos no se hacen esperar, las lealtades se fragmentan, las emociones se entrecruzan y surgen varias frases nuevas para el bronce. Todo esto no sólo debilita la credibilidad de la clase política, sino también provoca dudas en la ciudadanía, la cual oscila a la hora de determinar si el comportamiento de sus representantes obedece más a su instinto animal que a la racionalidad.

Sin embargo, el foco de esta columna no recae en empatizar ni con Silber ni con ningún otro parlamentario hasta que se haya esclarecido su delicada situación, sino insistir en la necesidad de que la política, cada vez que surge una crisis, comience a mostrar su lado más amable, dejando de lado un comportamiento que pareciera estar más orientado hacia el secretismo e incluso al exhibicionismo individual, que a la prudencia y la sensatez.

Cuando reina el escepticismo, el desencanto, y los índices de confianza hacia la clase política están a punto de reventar como un globo, es cuando más se necesitan personalidades que sobresalgan por su convicción, templanza y madurez, y no por su  aguda capacidad de olfatear víctimas para hacer leña del árbol caído. Sin embargo, el “cosmos” del Congreso es reiteradamente sacudido por el “caos”. Hasta el momento, el comportamiento desplegado en el Parlamento es preocupante. Si el poder legislativo no es capaz de encauzar de manera serena el remezón generado por una denuncia anónima, ¿cómo ordena el naipe cuando debe establecer leyes?

El griterío para obtener mayor protagonismo, los clamores vacíos y cambiantes y la queja pública constante no sólo afectan la imagen de los políticos, sino también desprende algo mucho más profundo: la poca lealtad hacia quienes depositaron un voto de confianza a la hora de elegirlos.

El caso complejo y de gran connotación, como el de Gabriel Silber, es otro paréntesis más en el ruedo de la política. Sin embargo, también es una oportunidad para que la sociedad en su conjunto reflexione lo siguiente: quizás tener cuero de chancho o derramar lágrimas en política es necesario para subsistir, pero antes de empatizar  hay que concentrarse sobre quienes no dejan espacio para la especulación, no se repliegan ante lo momentos difíciles y, sobre todo, cultivan la altura de miras; porque “lo demás (como expresó el ex Presidente Ricardo Lagos) es simplemente música”.

@LaPolaSchmidt

FOTO : PABLO OVALLE ISASMENDI / AGENCIAUNO

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más

También te puede interesar: