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Publicado el 07 de abril, 2020

Paula Schmidt: La clave para ganarle al Covid-19

Periodista y Licenciada en Historia Paula Schmidt

Una vez que haya concluido la extenuante maratón por reducir las dañinas consecuencias del Covid-19 en el mundo, surgirá la oportunidad para que la política también se vea transformada de manera positiva, pero siempre y cuando sus representantes tomen conciencia de que la medida de su éxito no está en demostrar quién corre más rápido, sino en cuántos ayudaron a cruzar la meta. 

Paula Schmidt Periodista y Licenciada en Historia

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La carrera más larga del mundo se llama Sri Chinmoy Self-Transcendence 3.100 Mile. En esta, los corredores tienen 52 días para completar, corriendo o caminando, 5 mil kilómetros, entre las 6 de la mañana y la medianoche. Lograr la hazaña implica recorrer la distancia de dos maratones y media por día, dormir un promedio de no más de 5 horas e invertir por lo menos en 18 pares de zapatillas.

Comparemos ese desafío con la frenética carrera del Covid-19. El primer caso se originó en diciembre pasado en Wuhan, China. Desde entonces, y en menos de tres meses, el virus ha logrado infectar a más de un millón de personas, quitándole la vida a 73 mil y logrando traspasar fronteras, haciéndome recordar el afamado libro del periodista Thomas Friedman, “La Tierra es Plana”. Es así como el coronavirus logró aplanar al mundo, ya que congeló la vida de 1.7 billones de seres humanos, puso en entredicho agendas políticas, amortiguó la economía a escala global, pero sobre todo generó incertidumbre sobre el futuro. A diferencia de la carrera de Sri Chinmoy, que puede parecer tortuosa y casi injustificable, la del Covid-19 es tremendamente más retorcida, ya que conocemos su línea de partida, pero no así cuándo ni cómo finalizará. Esta característica es la que ha puesto en entredicho el liderazgo mundial y que las esquirlas del desasosiego ciudadano exploten directamente en la cara de quienes están en la primera línea del poder, por lo que el gobierno de Sebastián Piñera y la clase política (tanto oficialista como opositora) no han sido la excepción.

A pesar de que hemos sorteado los inicios de la crisis sanitaria con relativo éxito, incluso obteniendo reconocimiento desde el extranjero, una gran parte de los chilenos desconfía ante las medidas de las autoridades. No es para menos, una pandemia de esta escala convive con el temor. Sin embargo, la última encuesta Cadem refleja que adyacente a la alarma ciudadana existe un elevado desapego y aprensión frente a las decisiones que se han tomado para restringir las amenazas del coronavirus. Es así como los más damnificados han sido el Mandatario y su ministro de Salud, Jaime Mañalich, ambos con un rechazo de un 48% y 54% respectivamente sobre su gestión, y para qué decir el juicio sobre la clase dirigente en su conjunto: digna de ser diagnosticada en fase terminal.  

¿Por qué el prejuicio y la poca valoración hacia un trabajo que ha requerido correr contra el tiempo 24/7 para disminuir los efectos del coronavirus sobre nuestro territorioLa respuesta proviene incluso antes del 18-O, cuando Chile aún se daba el lujo de pensar que iba por el camino correcto, pero sin poner la debida atención sobre la crisis de confianza que hoy le resta capital político y credibilidad a muchas de nuestras autoridades. Los mensajes poco constructivos que no apelan a la unidad y que, en algunos casos, han rayado en lo absurdo, ya casi no sorprenden, más bien han servido sólopara mantener vivo el rating. No obstante, esto es justamente lo que ha generado el hastío de una población que poco le interesa el protagonismo o las ansias de figuración pública de algunos. Es por eso que apelar a la unidad, a la autodisciplina y al orden en estos momentos tan críticos se torna más difícil cuando muchas de las voces encargadas de hacerlo poseen un historial poco coherente entre sus dichos y su accionar. Para una quinta parte del planeta, la pandemia ha restringido su capacidad de movimiento, pero no así su habilidad para reflexionar. Es por eso que una vez que haya concluido la extenuante maratón por reducir las dañinas consecuencias del Covid-19 en el mundo, surgirá la oportunidad para que la política también se vea transformada de manera positiva, pero siempre y cuando sus representantes tomen conciencia de que la medida de su éxito no está en demostrar quién corre más rápido, sino en cuántos ayudaron a cruzar la meta. 

@LaPaulaSchmidt

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