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Publicado el 30 de noviembre, 2018

Paula Schmidt: Entre viáticos, dimes y diretes, ¿cuánto cuesta servir a la Patria?

Periodista y Licenciada en Historia Paula Schmidt

Poco tiempo y mucho trabajo es lo que consume la agenda de un diputado o un senador. No obstante, conocemos poco sobre los resultados tangibles que obtiene Chile por medio de las comisiones de servicio, el amistoso intercambio con autoridades extranjeras para obtener nuevos aprendizajes, o reuniones extraparlamentarias para intercambiar experiencias que, se supone, son todas funciones necesarias para nutrir la tarea legislativa transformándola en más eficiente, transparente y necesaria.

Paula Schmidt Periodista y Licenciada en Historia
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Durante los primeros 100 años de nuestra vida republicana, los parlamentarios chilenos no recibían un sueldo. Fue sólo a partir de la Constitución de 1925 cuando se determinó un salario para los honorables del Congreso y, desde entonces, la “dieta” (nada escuálida) de un parlamentario hoy es 12 veces más que el sueldo promedio ($517 mil pesos) que gana alrededor del 49% de la población.

 

Más rápido que la espuma, a la hora de reajustar(se) recursos que provienen de las arcas fiscales, nuestros congresistas parecieran olvidar sus rencillas políticas, transformándose en un variopinto club de amigos que estrechan lazos de concordia y unidad. No obstante, surgen los reclamos y la ciudadanía arquea las cejas, contemplando con angustiosa pasividad cómo nuestros parlamentarios se encumbran como los mejor pagados de la OCDE, en comparación al resto de sus miembros.

 

La Comisión del Régimen Interno de la Cámara de Diputados no publica los montos líquidos de sus representantes. Cada vez que un miembro del Congreso insinúa debatir sobre el tema, rápidamente surgen otras prioridades. Hace 6 meses, el Presidente Piñera hizo alusión a una mayor austeridad fiscal y el Presidente del Senado, Carlos Montes, salió públicamente a apoyar sus dichos. Sin embargo, es un secreto a voces que el Estado no subsiste con palabras de buena crianza y en momentos en que la confianza se ha transformado en un lujo social, el refrán “la mujer del César…” refleja muy bien lo que se espera de nuestros legisladores: mayor transparencia para demostrarle a sus representados que no todo es viajes, viáticos y prebendas a la hora de servir a la Patria.

 

El Senador de Evópoli, Felipe Kast, apunta en la dirección correcta. Esta semana envió una carta a todos sus pares para eliminar el subsidio de viático para la alimentación de un legislador cada vez que emprende vuelo fuera del Congreso. Un tímido comienzo. Pero algo es algo. Menos comilona no sólo fortalecería el corazón de nuestros parlamentarios, sino también el de la ciudadanía, poco acostumbrada a sentir afecto hacia una clase política que pareciera estar encumbrada en el Olimpo, bajando cada cierto tiempo cuando se acerca una elección.

 

Ahora, no pongo en tela de juicio el loable trabajo que realiza un parlamentario, ya que, por medio de un trabajo bien hecho, éste es capaz de encausar leyes acorde a las necesidades del país, reflejando nuestros valores republicanos, defendiendo las causas de quienes representa, cumpliendo con sus promesas y acrecentando los lazos ciudadanos. Poco tiempo y mucho trabajo es lo que consume la agenda de un diputado o un senador. No obstante, conocemos poco sobre los resultados tangibles que obtiene Chile por medio de las comisiones de servicio, el amistoso intercambio con autoridades extranjeras para obtener nuevos aprendizajes, o reuniones extraparlamentarias para intercambiar experiencias que, se supone, son todas funciones necesarias para nutrir la tarea legislativa transformándola en más eficiente, transparente y necesaria.

 

Cuando aparecen las encuestas con resultados desastrosos para la clase política, ésta muchas veces parece inmutable, a pesar de la retórica amable y las prédicas que auguran cambios, pero que nunca llegan. Para rescatar de las catacumbas a nuestros parlamentarios no es necesario retroceder 100 años, ya que la dinámica social es otra. Sin embargo, una labor compleja como la que ejerce un diputado o senador debe ir acompañada no sólo de viáticos, viajes u otros beneficios, sino del compás de una ciudadanía que no siga pensando que los costos asociados al trabajo de sus parlamentarios no son proporcionales a los beneficios que obtiene la sociedad.

 

@LaPolaSchmidt

 

 

FOTO : PABLO OVALLE ISASMENDI/AGENCIAUNO

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