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Publicado el 29 de octubre, 2019

Paula Schmidt: ¿El nuevo Chile? No todavía

Periodista y Licenciada en Historia Paula Schmidt

Aún es prematuro hablar de un nuevo Chile, ya que todavía no hay pruebas (sólo diagnósticos) que verifiquen que nuestra sociedad está preparada para lograr lo más complejo para revertir una crisis social: un orden que conlleve a la unidad.

Paula Schmidt Periodista y Licenciada en Historia
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Quienes están detrás de los primeros incendios, prendieron una chispa perversa sustentada en la violencia, cuyo objetivo fue diseminar el odio, desestabilizar nuestra democracia e infligir una herida profunda sobre nuestra identidad.

En esta crisis lo que ha sobrado son críticas, acusaciones y recetas mágicas. Todos tienen algo que decir, pero con muy poco realismo y templanza. A la vez, al gobierno se le enrostra tanto las causas del reventón social como el de no hacer lo indicado para lograr la calma, a lo que se suma el rapaz aprovechamiento de una oposición cuyas declaraciones dejan a la vista que sólo persigue fines políticos y manipular las fragmentadas emociones de la ciudadanía.

A una semana de la hecatombe del 18 de octubre, millones de chilenos salieron a manifestarse y pedir un cambio detrás de otro. Para algunos, esto sería el síntoma de una solidaridad que aflora y la muestra de un nuevo Chile. Espero que tanta ilusión y altas expectativas puedan suplir la angustia e incertidumbre del sinnúmero de compatriotas e inmigrantes cuyas vidas fueron desgarradas por los más graves destrozos y desmanes desde el retorno a la democracia.  ¿Es posible que una, dos o mil marchas más les devuelva la fe en su país?

Es por eso que aún es prematuro hablar de un nuevo Chile, ya que todavía no hay pruebas (sólo diagnósticos) que verifiquen que nuestra sociedad está preparada para revertir la crisis social. Necesitamos de un orden, que todavía permanece en segundo plano, para fortalecernos, unirnos y volver a conversar. ¿Pero, cómo se logra eso?

En primer término, con el esfuerzo transversal de una elite que manifiesta su deseo de querer orden social. Lo que no se reduce a más uniformados en las calles, sino a las muestras de generosidad de quienes asumen sus responsabilidades y mantienen altura de miras. Justamente lo que ha escaseado en el triste comportamiento de muchos parlamentarios, en las enrabiadas declaraciones de líderes sindicales y las vehementes opiniones de diversas figuras públicas. Todos, desde un pedestal de privilegio, han hecho lo suyo para seguir irritando el ambiente y, lo que es sumamente desleal, dejándole a otros enfrentar las inquietudes (y el desorden) que generan sus dichos.

Un segundo elemento es la convicción. El gobierno de Sebastián Piñera permanece en el ojo de un huracán que parece no bajar nunca de intensidad. Ahora, más que nunca, el Mandatario pondrá a prueba su liderazgo. Sin embargo, antes de seguir sumando más compromisos, deberá instaurar orden. Sin este pre requisito, todo lo que quiera desarrollar durante los próximos dos años le será prácticamente imposible. Acorde a Maquiavelo, hay pocos dispuestos a sacrificar su alma para gobernar al Estado. Llegó la hora de saber si el Presidente tendrá suficiente convicción para no ceder a cada nueva demanda impuesta desde la calle, haciendo uso no sólo de atribuciones, sino también de su obligación moral de restaurar un orden que le permita a los habitantes de sectores como Puente Alto, no sólo de recuperar el metro, despejar el centro de la comuna o volver a tener un supermercado, sino también de recobrar su dignidad, saber que no los han olvidado y que los llamados a la lucha serán sofocados por un orden que les entregue la paz, seguridad y confianza que se merecen. Sólo así el gobierno y las nuevas autoridades dejarán de cosechar tormentas.

Por último, no hay que perder de vista lo siguiente: los cuestionamientos a las decisiones del gobierno a partir de la crisis, las provocaciones a Carabineros y miembros de las Fuerzas Armadas, las interminables peticiones en cada manifestación, los llamados a derrocar el gobierno, la angustia y desesperación de las víctimas inocentes de los incendios y saqueos y los insultos por las redes sociales han sido focos mucho más amargos de controlar, digerir y de apagar que los primeros incendios.

¿Quién puede afirmar, entonces, que ha nacido un nuevo Chile? Demasiadas voces, pero de muy poca sustancia. El primer paso es restablecer el orden, ya que éste permite reflexionar y abrir el diálogo, pero sobre todo porque entrega lecciones que los chilenos en su conjunto no deben olvidar. Sobre cómo somos, qué hicimos mal, cuáles son nuestras fortalezas y cuáles son las etapas para gestar un proyecto país que nos lleve a superar esta crisis.

Si queremos retomar el rumbo necesitamos saber con quienes contamos para restablecer el orden social, ya que el Chile nuevo requerirá de mucho tiempo, liderazgo y la unidad de todos para recuperarse.

@LaPolaSchmidt

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