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Publicado el 18 diciembre, 2020

Patricio Navia: ¿Y la vacuna para el populismo?

Sociólogo, cientista político, académico UDP Patricio Navia

El contexto es propicio para que se multipliquen las promesas populistas y los miembros de la convención constitucional se pongan crecientemente creativos respecto a qué tipo de garantías quedarán establecidas en la nueva constitución.

Patricio Navia Sociólogo, cientista político, académico UDP
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Ahora que la vacuna para el Covid-19 comienza a verse como una realidad próxima, las personas están comprensiblemente esperanzadas en que podremos superar la gigantesca crisis económica que produjo la pandemia. Pero como, lamentablemente, todavía no existe una vacuna contra el populismo y como en 2021 el país tendrá una intensa temporada electoral, la principal amenaza que enfrenta Chile tiene mucho más que ver con la clase política que con los innegables efectos adversos de la pandemia.

Las temporadas electorales siempre se caracterizan por el exceso de promesas. Igual que pretendientes buscando cortejar a potenciales parejas, los candidatos siempre prometen mucho más de lo que pueden cumplir —o de lo que tienen intenciones de cumplir. La inflación de promesas es inevitable en periodos electorales. En parte porque los propios votantes saben que los candidatos se exceden en lo que prometen al buscar diferenciarse de sus rivales, cada candidato exagera un poco sus compromisos y promesas. Porque además la gente no le pone mucha atención a las campañas, el exceso de información producto de la rapidez con la que viajan las noticias hace que, para poder captar la atención de las personas, los candidatos simplifiquen sus promesas y omitan toda la letra chica que, inevitablemente, siempre está asociada a cualquier compromiso.

Aunque eso siempre ocurre en temporada de campañas, el problema en 2021 va a ser que tendremos dos temporadas de campaña. Primero, en abril, escogeremos a los miembros de la convención constitucional. Como abundarán los candidatos, no bastará con que un aspirante a ser miembro de la convención prometa usar su criterio para contribuir a la redacción de un texto constitucional que represente a todos los chilenos. La gente esperará que los candidatos a la convención se comprometan con cuestiones concretas. Por eso, los candidatos prometerán que ellos defenderán el fin de las AFP, pensiones dignas para todo, derecho a la vivienda o inclusión social de los grupos marginados. Como la gente está acostumbrada a que las campañas electorales se centren en promesas, los candidatos a la constituyente no podrán discutir principios constitucionales en la campaña; deberán aterrizar sus mensajes a cuestiones concretas que importan a la gente.

Después de la elección de abril, incluso antes de que empiece a sesionar la convención constitucional, los chilenos nos veremos enfrentados a otra campaña. El 4 de julio de 2021 se realizarán las primarias para elegir a los candidatos presidenciales de las distintas coaliciones. Aunque pudiera ser que algunas coaliciones opten por no hacer primarias (como la Nueva Mayoría en 2017), otras se animarán a permitir que la gente escoja a los candidatos presidenciales y legislativos para la contienda de noviembre de 2021.

Por eso, la temporada de promesas no se acabará con la elección del 11 de abril. Es más, probablemente aumente la intensidad de las promesas, en tanto habrá menos candidatos presidenciales y, a medida que se acerque el día de la elección, habrá un creciente interés de las personas en lo que digan aquellos que aspiran a suceder a Sebastián Piñera en la presidencia a partir de marzo de 2022.

De hecho, ahí radica el verdadero problema que presenta esta temporada electoral. Si bien los candidatos siempre hacen promesas que no van a poder cumplir, en esta ocasión, varias de esas promesas pasarán rápidamente al debate en la convención constitucional. Los miembros de la convención —que estarán compitiendo por la atención de la opinión pública con lo que hagan los candidatos presidenciales en la campaña electoral— estarán tentados a incluir varias de esas promesas en el texto constitucional. Habrá una imperdible oportunidad para que la constitución se convierta en un largo listado de expectativas y sueños de las personas respecto a los derechos sociales universales que quisieran tener garantizados.

El contexto es propicio para que se multipliquen las promesas populistas y los miembros de la convención constitucional se pongan crecientemente creativos respecto a qué tipo de garantías quedarán establecidas en la nueva constitución. Es más, parece inevitable que, en la competencia por captar la atención —y la intención de voto— para la contienda de abril y para las elecciones de noviembre, el país experimente una irrupción de promesas populistas —declaraciones de buenas intenciones que resultan imposibles de materializar porque implicarían un aumento del gasto público imposible de financiar.

Por eso, aunque hay buenas razones para celebrar la llegada de la vacuna contra el Covid —y podemos comenzar a imaginar una mejor vida después de este complejo 2020— hay mayores razones para temer la ola de promesas populistas que ya empezado a invadir al país y que, inevitablemente, se multiplicarán para las campañas para la elección de los miembros de la convención constitucional el 11 de abril y para las campañas presidenciales y legislativas de noviembre de 2021.

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