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Publicado el 07 de diciembre, 2018

Patricio Navia: Un país de propietarios

Sociólogo y cientista político Patricio Navia
Igual que lo que pasó con el debate educacional hace unos años, la discusión en materia de vivienda y urbanismo está evolucionando de una cuestión de cobertura a una cuestión de calidad. Por eso, el Estado —no sólo este gobierno— ha comenzado a centrar sus esfuerzos en mejorar la calidad de vida en los barrios y no solo en construir nuevas viviendas.
Patricio Navia Sociólogo y cientista político
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Si bien para 4 de cada 6 chilenos la casa propia sigue siendo un sueño, el hecho que un 60% de ellos la tenga es fiel testimonio de que el país ha avanzado decididamente por el sendero del desarrollo y crecimiento inclusivo desde el retorno de la democracia. Porque es mucho más fácil focalizar los programas sociales cuando los que los necesitan son una minoría del país, el sueño de la casa propia puede ser una realidad si como país nos mantenemos firme en la hoja de ruta que hemos venido avanzando en las últimas décadas.

 

El ministro de Vivienda Cristián Monckeberg incendió la pradera con una declaración autocomplaciente que salió recién a la luz pública, al señalar que “la gran mayoría de los chilenos somos propietarios. La casita, dos departamentos…”.  En un país donde muchos están acostumbrados a creer que todo es malo, a Monckeberg le cayeron encima en las redes sociales, recordándoles los campamentos, la pobreza, las poblaciones, la desigualdad y, porque este es un gobierno de derecha, las violaciones a los derechos humanos cometidas en dictadura. Como bien sabemos, en Chile ninguna crítica al gobierno de Piñera está completa hasta que no se mencionen las violaciones a los derechos humanos cometidas en dictadura.

 

Nunca en su historia Chile tuvo un porcentaje tan alto de propietarios. Las políticas de inclusión social han logrado, incluso, que los subsidios de vivienda lleguen a inmigrantes recientes.

 

Pero la evidencia, que el propio Monckeberg se encargó de entregar el día de ayer nos habla de un país donde el sueño de la casa propia es una realidad para el 60% de los chilenos. Es verdad que hay mucha gente en campamentos y que muchos otros están en listas de espera para recibir sus subsidios de vivienda. Pero el hecho de que hace décadas que la vivienda propia no es uno de los tres problemas más urgentes para los chilenos refleja que el país ha avanzado decididamente en ello. Nunca en su historia Chile tuvo un porcentaje tan alto de propietarios. Las políticas de inclusión social han logrado, incluso, que los subsidios de vivienda lleguen a inmigrantes recientes.

 

En comparación, en Estados Unidos, donde el sueño de la vivienda propia constituye la materialización del sueño americano, la población propietaria de sus viviendas pasó de 69% en 2005 a un 64% en 2018. En Chile, de mantenerse esta tendencia al alza, en 10 años superaremos a Estados Unidos en el porcentaje de la población nacional que vive en viviendas propias. Muchos dirán que el problema en realidad es la calidad de las viviendas, la falta de infraestructura de urbanismo adecuada, los guetos urbanos, la falta de parques y la inseguridad en las poblaciones, barrios, villas y condominios del país. Pues bien, eso precisamente era lo que estaba diciendo Monckeberg. El mayor problema en Chile no es el de la vivienda —porque una mayoría de los chilenos vive en vivienda propia. No es un problema de cobertura, es un problema de calidad.

 

Igual que lo que pasó con el debate educacional hace unos años, la discusión en materia de vivienda y urbanismo está evolucionando de una cuestión de cobertura a una cuestión de calidad. Por eso, el Estado —no sólo este gobierno— ha comenzado a centrar sus esfuerzos en mejorar la calidad de vida en los barrios y no solo en construir nuevas viviendas. Los debates sobre el transporte público, la incorporación de ciclovías y parques, la seguridad en los barrios y el desarrollo integral solo pueden convertirse en prioritarios—como lo están siendo ahora —porque el país ha logrado avanzar en solucionar problemas urgentes e inmediatos de cobertura.

 

Podríamos ayudar a que muchos lo dejen de pasar tan mal si nos centráramos en focalizar el gasto social en los que peor lo pasan y no en los que más ruido hacen o más marchas organizan.

 

Es verdad que en Chile hay mucha gente que todavía lo pasa mal. Pero el porcentaje de chilenos que lo pasa mal es menor hoy que antes —y podría ser todavía menor si los gobiernos se centraran más en políticas que promuevan el crecimiento económico y la creación de empleos. E incluso los que lo pasan mal, lo pasan menos mal ahora que hace 5 ó 10 años. Y podríamos ayudar a que muchos lo dejen de pasar tan mal si nos centráramos en focalizar el gasto social en los que peor lo pasan y no en los que más ruido hacen o más marchas organizan. También es cierto que hay altos niveles de desigualdad, pero Chile hoy es menos desigual que nunca antes en su historia. No es cuestión de ver el vaso medio lleno y medio vacío. La innegable realidad es que el vaso en Chile está cada vez más lleno. En materia de vivienda, está en tres quintos lleno.

 

Luego, los autoflagelantes que creen que todo lo hacemos mal y que el país está a punto de estallar por la pobreza y la marginalización, seguirán negándose a ver una realidad mucho más positiva y optimista. Mientras ellos reclaman, el país seguirá avanzando en hacer realidad el sueño de la casa propia para ese otro 40% que todavía espera y para construir mejor calidad de vida, con más infraestructura, parques y seguridad para todos los chilenos —incluidos aquellos que se niegan a reconocer los grandes avances que han hecho de Chile un país donde la mayoría de las personas son propietarias de sus viviendas.

 

FOTO: RODRIGO SAENZ/AGENCIAUNO

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