En su gira por Asia, el Presidente Gabriel Boric ha intentado hacer declaraciones que atraigan a inversionistas extranjeros a Chile. Pero como el Mandatario cree que Chile es un país con heridas profundas que ha ido por mal camino, su discurso termina siendo poco convincente. Si no está convencido de las bondades del país que hemos construido, Boric no podrá ser un promotor exitoso de Chile en el exterior.

Un vendedor de autos no va a ser exitoso promoviendo su producto si anuncia que el diseño del vehículo tiene problemas serios, pero que se está trabajando para mejorarlos. Ningún auto es perfecto, pero los vendedores deben buscar destacar las bondades del auto, no sus debilidades. Un vendedor de marcas caras minimiza el precio del auto, mientras que un vendedor de marcas menos conocidas destaca la conveniencia de comprar un auto más barato. Chile no es el auto más caro y ciertamente es de los mejores del mercado en América Latina. Pero nada de eso importa cuando el Presidente de la República, en lo que presumiblemente era un intento por presentar a Chile como un lugar atractivo para invertir, dice “no quiero presentarles aquí un país perfecto, una especie de paraíso en la tierra, porque no lo somos, estamos enfrentando problemas”

Es obvio que todos los países enfrentan problemas. Pero cuando andas promoviendo al país, debes destacar las oportunidades y no subrayar los problemas. Si Boric alguna vez hubiera tenido necesidad de pedir un préstamo en un banco, habría aprendido que lo importante es destacar las fortalezas propias y no dedicarse a resaltar las debilidades. Evidentemente, cada vez que alguien necesita capital es porque no tiene suficientes recursos propios o porque quiere compartir el riesgo (y la potencial ganancia). Por eso, el objetivo debe ser convencer al inversor de que sus fondos estarán seguros y producirán ganancias si se anima a invertir.  

De haber necesitado alguna vez de recursos para financiar algún proyecto (ya sea sus estudios o su primera vivienda), Boric sabría que lo más importante que hay que comunicar es que uno es confiable. Pero Boric, en cambio, optó por hablar de la falta de confianza que existe en el país: “uno de los principales focos de nuestro trabajo está hoy en construir confianzas. Si no somos capaces de construir confianzas entre el sector privado y el público, nada va a funcionar. No solo los invito a invertir en Chile, sino que construyamos confianzas y puedan aprender de nuestra cultura”. Echando por la borda las confianzas construidas en 35 años de democracia y de políticas amigables con el mercado, Boric presenta a Chile como un país que acaba de salir al mundo y que no tiene una reputación que mantener.

La falta de tino del presidente se evidenció todavía más cuando, tácitamente, sugirió que el país era un pésimo lugar para invertir. El presidente, argumentando a favor de los cambios que busca hacer, dijo “lo peor que puede pasar para las inversiones extranjeras es que no hagamos cambios y se mantenga el statu quo, sería lo más riesgoso”.

Cuesta pensar en una declaración más autodestructiva. Un presidente chileno nunca había saboteado de esa forma la imagen que tiene el país en el mundo. Aunque tal vez quiso decir otra cosa, lo que el Presidente terminó diciendo es que Chile es un país demasiado riesgoso para invertir hoy. Es cierto que Boric quiso dar una nota positiva a su declaración sugiriendo que, cuando se hagan las reformas que ha prometido su gobierno, las cosas van a mejorar. Pero cualquier inversionista cautelosamente pensará que lo más conveniente es esperar a ver qué pasa con las reformas antes de meter su dinero en un país riesgoso.

Resulta difícil de entender por qué un presidente querría hacer ese tipo de daño a la reputación de su propio país. Pero Boric no es un presidente cualquiera. El joven e inexperto mandatario chileno siempre ha creído que Chile ha ido por el camino equivocado en estos 33 años desde el retorno de la democracia. A diferencia de los inversionistas extranjeros que han creído en el rumbo que ha tomado el país, Boric quiere cambiar de rumbo. 

Respetuosos de las decisiones democráticas que toma cada país, los inversionistas decidirán esperar a ver cuál es el rumbo que toma Chile bajo el liderazgo de Boric. Lamentablemente para Chile, esa espera será muy costosa. Sin inversión no habrá crecimiento y sin crecimiento el país será más desigual e injusto. Boric podrá echarle la culpa al modelo neoliberal o los 33 años de democracia. Pero, hoy por hoy, el presidente de Chile va encaminado a dejar un país con más pobreza, menos oportunidades y menos crecimiento que el que recibió. Lo peor de todo es que dejará ese legado porque es incapaz de entender que los inversionistas extranjeros valoran lo que ha hecho Chile más que él mismo. 

Ojalá que, igual como ocurre cuando uno cree en el producto más que en el pésimo vendedor, los inversionistas extranjeros sigan viniendo al país pese a toda la mala propaganda que le hace a Chile el Presidente Boric cuando viaja al exterior. 

*Patricio Navia es Doctor en Ciencia Política y profesor de la UDP.

Patricio Navia

Sociólogo, cientista político y académico UDP.

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