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Publicado el 03 de abril, 2020

Patricio Navia: Sembrar en tiempos de crisis para cosechar después

Sociólogo, cientista político, académico UDP Patricio Navia

Al hacer lo correcto hoy, aunque sea impopular, los gobiernos estarán sembrando un capital político de responsabilidad y buena gestión que dará dividendos después, en aquel ahora lejano futuro en que el coronavirus no sea la primera preocupación de la población.

Patricio Navia Sociólogo, cientista político, académico UDP
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Incuestionablemente, las decisiones que están tomando los gobiernos de América Latina en estos momentos de crisis tendrán importantes repercusiones para la vida de sus países después del coronavirus. Pero ello también tendrá un importante impacto en la legitimidad y capacidad de gobernar que tendrá cada uno cuando la principal preocupación del país deje de ser el coronavirus. Por eso, aunque la urgencia de la crisis a veces hace olvidarnos del mediano y largo plazo, los gobiernos deben recordar que lo que están sembrando hoy determinará lo que puedan cosechar una vez que haya pasado lo peor de la crisis.

La respuesta al coronavirus en América Latina ha mostrado dos extremos de reacciones que probablemente no envejezcan bien. Por un lado, están los presidentes negacionistas que han relativizado o minimizado el impacto del virus en la salud pública. Esos presidentes, como Jair Bolsonaro en Brasil y Andrés Manuel López Obrador en México, en su afán por evitar el negativo impacto en la economía, han contribuido a empeorar la crisis en sus respectivos países. Si bien hay tiempo para que ambos presidentes corrijan rumbo —el mandatario mexicano ya parece haber aceptado la gravedad de la crisis—, ambos quedarán fuertemente marcados por la tardía respuesta que dieron sus gobiernos a la expansión de la pandemia.

En el otro extremo están los presidentes que reaccionaron de forma decidida y radical demasiado pronto. Esos mandatarios que se apuraron en cerrar las fronteras y declarar cuarentena en todo el país recibieron un temprano aplauso de muchas personas que están comprensiblemente preocupadas de la crisis sanitaria. Pero al apurarse en tomar medidas drásticas, esos presidentes pudieron haber equivocado el camino al disparar la bala de plata antes de tiempo. Como no sabemos qué tan mal se pondrán las cosas y como todos los modelos parecen predecir que esto va para largo, decretar medidas especialmente invasivas y drásticas como la cuarentana pone a prueba la capacidad de resistencia de la población. Si bien muchos aceptan quedarse en sus casas por un par de semanas, a medida que vaya pasando el tiempo disminuye la capacidad de la autoridad para lograr que la población respete las drásticas medidas de aislamiento social que implica una cuarentana nacional. Porque hay muchas personas en los países de la región que viven al día a día, a medida que se alarguen las cuarentenas muchas comenzarán a sentir la urgente necesidad de salir a trabajar para poder traer sustento a sus familias. Si bien entienden los riesgos, la alternativa de quedarse en casa sin alimentos en la mesa es igualmente difícil de tolerar. La combinación de niveles insuficientes de desarrollo con estados con poca capacidad para garantizar una red de protección social a toda la población terminará haciendo que las cuarentenas excesivamente largas se hagan imposibles de imponer en sociedades donde mucha gente vive del trabajo informal.

Por eso, los países que han sabido encontrar un balance entre reconocer la gravedad de la situación y tomar medidas drásticas, pero también responsables —en tanto pueden ser sostenidas indefinidamente en el tiempo— probablemente saldrán mejor parados también después de la crisis. Si bien hay muchas voces que comprensiblemente claman por la cuarentena nacional, los gobiernos tienen que pensar en qué tan sostenible es la idea de mantener esa medida por un periodo demasiado prolongado. Si se decreta cuarentena nacional, pero la situación no muestra mejoras sustantivas después de 2 o 3 semanas, los gobiernos van a tener problemas para hacerla cumplir y se habrán quedado sin la herramienta más poderosa para combatir la expansión del virus.

En el corto plazo, los gobiernos más responsables serán objeto de las críticas de aquellas personas que, ante la preocupación inmediata, no son capaces de pensar que las medidas drásticas deben ser sostenidas en el tiempo en sociedades en que la informalidad atenta contra la disciplina del aislamiento social. Pero en el mediano y largo plazo, saldrán mejor parados los gobiernos que sepan navegar entre los extremos del negacionismo y las respuestas extremas que son insostenibles por mucho tiempo.

Al hacer lo correcto hoy, aunque sea impopular, los gobiernos estarán sembrando un capital político de responsabilidad y buena gestión que dará dividendos después, en aquel ahora lejano futuro en que el coronavirus no sea la primera preocupación de la población. Aunque ahora no parezca haber luz al final del túnel, las cosas siempre evolucionan y, más temprano que tarde, cuando la sociedad logre dejar atrás la preocupación por la pandemia, los gobiernos que hoy están actuando responsablemente podrán cosechar ese capital político.

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