Aunque muchos creen que José Antonio Kast tiene nulas posibilidades de ser el próximo presidente de Chile, que ya aparezca en las encuestas en segundo lugar muestra que está haciendo algunas cosas bien. Para seguir con su tendencia alcista, Kast debe ir a la búsqueda de los votantes moderados con un discurso que hable desde la razón mientras consolida su apoyo en los sectores más derechista con un discurso que hable desde el corazón.

El éxito que ha tenido la candidatura presidencial de Kast subraya la tremenda crisis por la que atraviesan los partidos de derecha en Chile. Hace cuatro años, cuando Piñera prometía tiempos mejores, muchos en la derecha creían que el futuro de ese sector estaba en personas como Felipe Kast, el sobrino de José Antonio, que fundó un partido liberal de derecha que se perfilaba como el recambio y la renovación en ese sector. Pero después del segundo cuatrienio de Piñera en el poder, la derecha ha sufrido una profunda transformación. Los dos principales partidos del sector, UDI y RN, atraviesan por profundas crisis identitarias. Después del estallido social —y a partir de la decisión de ambos partidos de impulsar un proceso constituyente— la derecha parece no tener norte. Después que su principal líder de recambio, el entonces alcalde de Las Condes Joaquín Lavín, se declarara «socialdemócrata» y muchos destacados legisladores y autoridades de derecha parecieron entrar a una tenaz competencia por quién abrazaba más ideas de izquierda, la gente comprensiblemente no entiende qué valores y principios defiende el sector.

Esa confusión se ha convertido en la gran oportunidad que ha aprovechado José Antonio Kast. Con un discurso simple e impenitentemente derechista, comenzó a atraer votantes que se sentían huérfanos de un gobierno que estaba impulsando políticas opuestas a las que prometió en campaña y de una coalición que parecía incapaz de articular un discurso diferenciador de aquel que la izquierda promovía desde el megáfono popular del estallido social. Bastó que Kast dijera ser de derecha y que generara un discurso basado en la ley y el orden para que, en cosa de meses, su candidatura superara en intención de voto a la del candidato oficial de la coalición derechista, Sebastián Sichel. Converso reciente al derechismo, Sichel correctamente entendió que, para ganar, había que ir a conquistar a los votantes moderados. Pero tal fue su afán por lograr su objetivo, que se olvidó primero de conquistar la votación de derecha. Kast hábilmente aprovechó esa oportunidad y, desde la derecha extrema, realizó lo que ya parece una toma hostil del liderazgo en el sector.

Ahora que Kast ha logrado ganarse el apoyo entusiasta de derechistas que ahora se sienten orgullosos de proclamar su condición de tal —y crecientemente los candidatos al parlamento de RN y UDI comienzan a moderar su discurso respecto al líder del Partido Republicano de Chile—, el candidato que, si le creemos a las encuestas, parece mejor posicionado para enfrentar al candidato del PC y del Frente Amplio, Gabriel Boric, en segunda vuelta debe tomar una importante decisión.

Mantener su discurso derechista probablemente le va a alcanzar a Kast para pasar a segunda vuelta. Pero a menos que sea capaz de atraer a los votantes moderados que desconfían de los extremos, no logrará evitar la victoria de Boric. Para ser viable en segunda vuelta, Kast necesita salir de su zona de confort y avanzar hacia la difícil conquista de los votantes moderados. Afortunadamente para él, adoptar posiciones moderadas en la campaña de segunda vuelta siempre es más tolerable para los votantes de los extremos si en la primera vuelta has defendido los valores de tu sector. Los votantes más de  derecha también quieren ganar elecciones, por lo que están dispuestos a que su candidato, que ya dio prueba de fe en la primera vuelta, adopte posiciones más moderadas para poder ganar. Ricardo Lagos ocupó esa misma estrategia en su campaña de 1999, cuando en primera vuelta se corrió a la derecha y exitosamente avanzó hacia el centro en segunda vuelta.

Esta vez, si pasa a segunda vuelta, no está tan claro que Kast quiera iniciar una marcha hacia el centro. Si no lo hace, aunque sienta su votación en primera vuelta como una victoria, el apoyo no será suficiente para ganar la presidencia. Si, en cambio, decide ir en busca de los votantes moderados, Kast no correrá riesgo de perder el apoyo de los duros de su sector que ya están convencidos de que no abandonará sus principios si llega a ganar la elección presidencial. Para convencer a los moderados, Kast deberá ser capaz de demostrar más apertura al diálogo, mayor tolerancia y más disposición a negociar y buscar acuerdos que la que demuestre su rival en segunda vuelta. Porque nadie tiene ganada la elección antes de que la gente vote, la segunda vuelta, como siempre ocurre, será el premio que se lleve aquel que es capaz de convencer al votante moderado, el votante que está en la mediana de la distribución de los que salgan a votar el 19 de diciembre.

Patricio Navia

Sociólogo, cientista político y académico UDP.

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