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Publicado el 01 de marzo, 2019

Patricio Navia: Prosur: Una mala idea para remplazar otra mala idea

Sociólogo, cientista político, académico UDP Patricio Navia

Si las iniciativas que se han creado en el pasado no han producido los resultados esperados, no hay razón para creer que ahora las cosas serán diferentes. Hubiera sido mejor usar las instancias de integración que ya existen en la región para promover los valores democráticos y de libre mercado.

Patricio Navia Sociólogo, cientista político, académico UDP
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La iniciativa del Presidente Sebastián Piñera de crear una nueva instancia regional, Prosur, que remplace a la moribunda Unasur, es una mala idea que busca remplazar otra mala idea. Porque hay más organismos de integración que países en la región y porque Piñera ya creó la Alianza del Pacífico en su primer gobierno, no se entiende su obsesión por inventar una nueva burocracia internacional. Peor aún, dado que esta iniciativa agrupa solo a gobiernos de derecha, su futuro depende de la continuidad de quienes ahora ejercen el poder.

América Latina debe tener el récord mundial de iniciativas de integración regional. Se han formado tantas en las últimas décadas que es muy probable que superen el número de países que hay en la zona. Como la evidencia es concluyente respecto a la insuficiente integración y coordinación que existe en el subcontinente, parece razonable concluir que más proyectos de este tipo no producirán resultados distintos. Si las iniciativas que se han creado en el pasado no han producido los resultados esperados, no hay razón para creer que ahora las cosas serán diferentes. Como bien sabemos, si queremos resultados distintos, no podemos seguir haciendo lo mismo de siempre.

En su llamado a formar una nueva instancia de integración regional, el Presidente Piñera dijo que buscaba reunir a todas las democracias de la región que respetaran los derechos humanos. Esto es, todos los países, menos Venezuela. Cualquier observador medianamente informado recordaría que ese mismo objetivo, para toda América Latina y el Caribe, fue lo que buscó la firma de la Carta Democrática en 2001. Pero poco tiempo después, el foco de los países de la OEA se centró en lograr la reincorporación de Cuba al foro internacional, incumpliendo el mandato de esa importante, pero aparentemente intrascendente, declaración de septiembre de 2001 —aunque el foco de Estados Unidos, que ayudó a impulsar esa iniciativa, también cambió, al concentrarse en el Medio Oriente después de los ataques del 11 de septiembre.

No es necesario tener dos instancias que avanzan, en esencia, hacia el mismo objetivo.

El antecedente más inmediato de Prosur es Unasur, creada en 2008 por el Presidente Lula, de Brasil. Unasur buscaba neutralizar el liderazgo de Hugo Chávez quien, a través de ALBA, la Alianza Bolivariana, buscaba hacer crecer su influencia en la región. Aunque el PT perdió el poder en Brasil en 2016, Unasur todavía existe formalmente. De hecho, su sede en Quito, cerca de la latitud 0, es un elefante blanco —con una burocracia bien pagada— que representa un monumento a la inutilidad de las iniciativas de integración regional creadas en años recientes (esfuerzo, por cierto, pagado, hasta el día de hoy, por los contribuyentes de los estados miembros).

Pero tal vez lo más incomprensible de Prosur es que amenaza con opacar la exitosa iniciativa de integración comercial impulsada por Piñera en su primer gobierno, la Alianza del Pacífico. Ya que varios de los gobiernos que han apoyado de forma más entusiasta la nueva iniciativa son también los miembros más activos y entusiastas de la Alianza del Pacífico, resulta inevitable sospechar que hay duplicidad de esfuerzos. No es necesario tener dos instancias que avanzan, en esencia, hacia el mismo objetivo. Para que el mensaje en defensa del libre mercado y la democracia se escuche más fuerte y claro, es mejor tener una sola voz.

Buscar crear una organización cuyos miembros reflejen un solo color político inevitablemente condiciona el éxito de la iniciativa al resultado de las próximas elecciones en cada país miembro.

El problema de Prosur no es el mensaje. El gobierno hace lo correcto en promover la democracia y el respeto a los derechos humanos. Es más, incluso La Moneda debiera sumar a su esfuerzo la promoción de las políticas de libre mercado e integración comercial en la región. Pero crear una nueva instancia de integración regional es una mala forma de promover estos valores en América Latina. Peor aún, buscar crear una organización cuyos miembros reflejen un solo color político inevitablemente condiciona el éxito de la iniciativa al resultado de las próximas elecciones en cada país miembro. Si Argentina, Colombia, Brasil o incluso Chile dan un giro a la izquierda en las próximas elecciones, Prosur seguirá el mismo destino de irrelevancia que ha seguido Unasur.

Hubiera sido mejor usar las instancias de integración que ya existen en la región para promover los valores democráticos y de libre mercado. Crear una nueva instancia regional es una mala idea. Hay pocas cosas más inútiles que remplazar una mala idea con otra mala idea. El hecho que Unasur pronto se hizo irrelevante debiera ser una lección que lleve al gobierno de Piñera a entender que crear una nueva instancia de integración regional es una mala idea que probablemente, igual que las instancias que se han creado en años recientes, sea más humo que fuego.

FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE/AGENCIAUNO

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