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Publicado el 02 de agosto, 2019

Patricio Navia: ¿Piñera trabajando para Lavín?

Sociólogo, cientista político, académico UDP Patricio Navia

La carrera presidencial se puede convertir en el norte que ordene la agenda del gobierno y discipline a los contingentes partidistas de derecha.

Patricio Navia Sociólogo, cientista político, académico UDP
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La consolidación de Joaquín Lavín como candidato presidencial en Chile Vamos pone al gobierno del Presidente Piñera en una situación compleja. Por un lado, Piñera necesita frenar la carrera presidencial para no verse opacado hoy por el alcalde, tal como le sucedió en su primer gobierno por el anticipado retorno de Bachelet. Por el otro, la popularidad de Lavín le abre la oportunidad de darle continuidad a la derecha en el gobierno. Pero como la impresión que dejó la primera vez es que le importa más su propio legado que lo que vaya a pasar con la derecha después de su cuatrienio, es poco probable que el Presidente opte por ordenar las prioridades de su administración y el trabajo de sus ministros para optimizar las opciones presidenciales de Lavín de cara a las elecciones de 2021.

Es verdad que es poco sensato que los aspirantes a presidentes aceleren la carrera antes de tiempo. Al igual como ocurre con las carreras largas en ciclismo, ir liderando el pelotón a mitad de carrera puede terminar agotando y dejando sin energías al candidato cuando se acerque el sprint final. Además, Lavín ya ha demostrado que es mejor para aparecer en encuestas de intención de voto que para ganar elecciones competitivas.

Si bien hay muchos nostálgicos que la recuerdan como un empate, en 1999 Lavín desaprovechó una inmejorable ventaja. El país pasaba por una compleja recesión, la gente estaba pesimista sobre el futuro y el presidente saliente era muy impopular. Además, como no había elecciones parlamentarias concurrentes, los partidos de la Concertación anduvieron a media máquina. La única sorpresa ese año fue que, pese a tener mucho viento en contra, Ricardo Lagos igual se impuso.

En 2005, Lavín partió corriendo tan temprano que cuando llegó la recta final estaba tan cansado que lo hizo todo mal y terminó llegando en tercer lugar.

En su aventura senatorial en Valparaíso en 2009, el actual alcalde de Las Condes perdió contra Francisco Chahuán precisamente porque creyó que el posicionamiento mediático pesaba más que el trabajo en terreno.

El Presidente Piñera debiera aceptar que la campaña presidencial de 2021 ya se inició y convertir ese problema en una oportunidad para lograr que todos los candidatos presidenciales de derecha—especialmente Lavín—se pongan a trabajar para el éxito del gobierno de Piñera.

Y en 2013, no se atrevió a entrar a desafiar a Bachelet. Como buen estratega, prefirió mirar cómo la derecha era arrasada en las urnas que construir redes con los candidatos de RN y UDI que estaban en las trincheras.

En 2016, Lavín volvió a su bastión electoral de Las Condes, donde la derecha gana elecciones aún si pone como candidato a un cadáver. Su periodo se acaba en 2020 y debe decidir si buscar la reelección para un cargo que ocupará solo unos meses o, si sincera sus intenciones, deberá usar la contienda municipal y regional como plataforma para la presidencial de 2021.

Por su parte, el gobierno del Presidente Piñera debe decidir si acepta que la carrera presidencial en la derecha ya se inició —y toma partido por Lavín, que hoy lidera las preferencias— o intenta seguir ignorando que las figuras emergentes en el sector captan más la atención y la agenda de futuro que él mismo. Aunque hacer lo primero provocaría una inmediata reacción negativa en RN y Evópoli, Piñera puede matizar su estrategia dándole más espacio a todos los candidatos y usando la fuerza y energía de todos los presidenciables para conseguir un mejor resultado electoral para la derecha en 2020. Como el gobierno controla buena parte de la agenda mediática, La Moneda puede usar esa influencia para lograr que los presidenciables del sector se disciplinen en torno a la agenda de reformas y prioridades del gobierno.

Aunque queda un año para que empiece la campaña de las elecciones municipales y regionales de 2020, la lentitud con la que avanzan las reformas de pensiones y tributaria en el Congreso permiten anticipar que hay poco espacio para que La Moneda logre impulsar proyectos adicionales a los ya anunciados. De hecho, la lista de reformas pendientes supera con creces la capacidad del gobierno de impulsarlas ante un congreso hostil.

Hay buenas razones para creer que a Piñera le importa más su propio legado que el futuro de Chile Vamos. Pero la construcción de su legado pasa por la capacidad de lograr que su coalición gane dos elecciones presidenciales consecutivas. Por eso, la carrera presidencial en ciernes en la derecha y el liderazgo que hoy tiene Lavín, pueden ser más una oportunidad que un problema para La Moneda hoy. La carrera presidencial se puede convertir en el norte que ordene la agenda del gobierno y discipline a los contingentes partidistas de derecha. Por eso, el presidente Piñera debiera, aunque pudiera parecer que está trabajando para Lavín, aceptar que la campaña presidencial de 2021 y convertir ese problema en una oportunidad para lograr que todos los candidatos presidenciales de derecha—especialmente Lavín—se pongan a trabajar para el éxito del gobierno de Piñera.

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