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Publicado el 28 mayo, 2021

Patricio Navia: La refundación de la derecha

Sociólogo, cientista político, académico UDP Patricio Navia

Mientras la izquierda apuesta a que la Constitución y, en última instancia, el Estado sea el que abra las puertas para el ingreso a la tierra prometida, la derecha debe volver a poner a las personas al centro de la discusión. Los chilenos quieren ser protagonistas de su propio futuro.

Patricio Navia Sociólogo, cientista político, académico UDP
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Ahora que la derecha crecientemente empieza a centrarse en la campaña para las primarias del 18 de julio, la necesaria refundación del sector debiera construirse a partir de los dos componentes que hicieron de Chile el país con más crecimiento y reducción de pobreza en América Latina en las últimas tres décadas: la promoción de mercados competitivos y la construcción de instituciones estatales sólidas y eficientes.

Aunque hoy parece impopular resaltar todo lo que Chile hizo bien desde el retorno a la democracia en 1990, la derecha no debiera bailar al ritmo del discurso de la izquierda, que demoniza lo ocurrido en estas tres décadas. Es cierto que nadie gana elecciones prometiendo volver al pasado. Incluso el Make America Great Again de Trump fue un conjunto de promesas sobre lo que haría en caso de llegar a la presidencia. Para Trump, el retorno al paraíso perdido era más bien una promesa de un mejor futuro que atrajo el apoyo de muchos que nunca vivieron ese pasado. Los votantes de Trump estaban motivados por el deseo de construir lo que creían era un mejor país. De igual forma, en las elecciones de 2020 en Estados Unidos, el discurso de Joe Biden se construyó sobre la promesa de un mejor futuro. Ese futuro implicaba volver a retomar algunas prácticas que existían antes de la llegada de Trump. Pero Biden cuidadosamente enmarcó su mensaje en el uso del pasado para construir un mejor futuro: Build Back Better (reconstruir mejor).

Desde antes del estallido social, los chilenos habían dejado muy en claro en las encuestas y en los movimientos sociales que querían un mejor país. Teniendo a la vista la tierra prometida y sabiendo que en ella fluía leche y miel, los chilenos demandaban poder entrar a ella. El estallido fue mucho más una demanda por abrir puertas, construir puentes y derribar muros. La clase política respondió prometiendo que la nueva Constitución sería la píldora mágica que permitiría abrirles la puerta de la tierra prometida. Pero hay buenas razones para creer que el proceso constituyente terminará generando frustración y descontento cuando la incertidumbre que genere disminuya los incentivos para la inversión y repercuta negativamente en el crecimiento, la creación de empleo y la inclusión social.

Ahí es donde está la gran oportunidad para la derecha —o para cualquiera que aspire a ser candidato con un mensaje positivo y de construcción de un mejor país. Mientras la izquierda apuesta a que la Constitución y, en ultima instancia, el Estado sea el que abra las puertas para el ingreso a la tierra prometida, la derecha debe volver a poner a las personas al centro de la discusión. Los chilenos quieren ser protagonistas de su propio futuro. De hecho, el fuerte apoyo al proceso constituyente se explica porque la gente siente que en ese proceso ellos serán los actores principales. Una vez que el proceso constituyente deje en claro que la gente no puede ser la protagonista de los cambios, la derecha tendrá la opción de volver a ofrecer protagonismo a cada persona en la construcción de su propio futuro.

Cuando la gente perciba —y no tomará mucho tiempo para que esto ocurra— que la convención constituyente no se hace cargo de sus necesidades inmediatas y de sus sueños más urgentes, comenzará a centrar su atención en la campaña para las elecciones presidenciales y legislativas. Porque la gente siempre le pone más atención a las promesas concretas que hacen los candidatos presidenciales en campañas cortas e intensas que al contenido a menudo confuso y difícil de entender del extenso texto constitucional que se redactará en un periodo de 12 meses, la oportunidad de la derecha se comenzará a vislumbrar a medida que la novedad de la convención constituyente comience a desaparecer. Esto ocurrirá algunas semanas después de que la convención inicie su trabajo.

De la misma forma que la gente le pone menos atención a la pandemia del covid ahora que la que le puso cuando recién comenzó, los chilenos irá perdiendo interés en la convención constituyente a medida que pasen las semanas. De esta forma, comenzará a prestarle más atención a la campaña presidencial cuando llegue la primavera. Para entonces, la candidatura de la derecha tendrá la oportunidad de articular un mensaje diferenciador que vuelva a poner a las personas al centro del debate.

Aunque ahora muchos creen que la derecha no tiene forma de volverse a poner de pie, la política nos enseña que siempre hay oportunidades para la refundación y la reconstrucción. En la medida que la derecha logre hacerlo sobre las bases ideológicas que ponen a las personas al centro de la sociedad —y no al Estado— el futuro de la derecha será mucho más promisorio. El oscuro horizonte que hoy parece amenazar al sector se convertirá en un prometedor amanecer si la derecha logra articular un mensaje que se centre más en las personas y menos en el Estado.

  1. Pit Leihy dice:

    Buena columna… pero también es posible interpretar las elecciones de mayo como boicot puntual de la clase política, tanto por los pocos votantes como por los muchos no-votantes (muchos de la derecha, parece). La elección del fin del año es otra vaina, e importarán más el bloc de la derecha y cualquier blob (sic) del centro e izquierda. El problema de la derecha no es la electabilidad – es bien posible que Lavín gane, con los ruidos correctos del populismo lite y sin “own goals” – sino, el problema es la gobernabilidad en 2022, un problema que en realidad el centro y este nuevo pipiolopopulismo de Boric/Jadue/Jiles y posiblemente Provoste comparten con la derecha. Hay que pensar menos en calmar a la gente con marketing y consignas (también una adicción transversal de los movimientos políticos y “sociales”), y pensar más en fomentar una narrativa de autoestima y confianza interpersonal. Hay que invertir en educación.

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