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Publicado el 11 de junio, 2019

Patricio Navia: El temor a José Antonio Kast

Sociólogo, cientista político, académico UDP Patricio Navia

En un sector que dice favorecer la libre competencia y gusta que los electores tengan opciones, nadie debería sentirse demasiado nervioso por la aparición de un nuevo referente político.

Patricio Navia Sociólogo, cientista político, académico UDP
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Resulta difícil de entender la conmoción producida al interior de Chile Vamos con la creación de un nuevo partido de derecha liderado por el exdiputado UDI y excandidato presidencial José Antonio Kast (JAK). Porque la derecha debiera estar a favor de la libre competencia, porque el sector ya ha visto aparecer nuevos partidos en el pasado —que por cierto han tenido desigual éxito— y porque, en teoría, Kast apela a un electorado conservador que ha sido dejado de lado por la evolución de los partidos de derecha hacia posiciones más moderadas, la aparición del Partido Republicano debiera sumar más que restar a la fortaleza y diversidad en la derecha chilena.

El movimiento liderado por José Antonio Kast ha tomado a muchos líderes de derecha y observadores del acontecer nacional por sorpresa. Pese a que desde 1988 que Chile ha tenido un electorado conservador duro y militante, y precisamente porque los partidos dominantes de derecha han buscado perfilarse como más moderados, no debería haber razón para tal sorpresa. Es simplemente una cuestión de demanda. El Partido Republicano viene a satisfacer una demanda que se generó cuando la UDI y RN emprendieron el camino para salir a conquistar el voto moderado que quedó huérfano con el fin de la Concertación.

Ahora bien, el Partido Republicano pronto aprenderá la misma lección que en su momento aprendieron, a golpe de varias derrotas electorales en contiendas presidenciales, RN y la UDI. Para ganar elecciones hay que apelar al voto mayoritario. Ser un partido de nicho permite existir y crecer hasta un cierto techo. Pero para aspirar a gobernar Chile se requiere de vocación de mayoría. Eso solo se logra apelando a votantes moderados.

Tener existencia y sustentabilidad electoral en el sistema proporcional chileno no es sinónimo de tener posibilidades de ganar una elección presidencial.

Es verdad que desde que se implementó el nuevo sistema electoral, los partidos de nicho tienen más espacio para existir. En distritos que eligen 7 o más diputados, basta con superar la barrera del 10% de los votos para asegurar un escaño. No es sorpresa que en la elección de 2017 proliferaran los partidos de nicho en la izquierda. Era cuestión de tiempo antes de que apareciera un partido de nicho de derecha que aprovechara la oportunidad que da un sistema electoral más permisivo.

Pero tener existencia y sustentabilidad electoral en el sistema proporcional chileno no es sinónimo de tener posibilidades de ganar una elección presidencial. El Partido Republicano, en tanto se mantenga como partido de nicho, difícilmente logrará obtener una mayoría de los votos. En el escenario más optimista que manejan en el partido de JAK, la elección presidencial de 2021 tendrá muchos candidatos en torno al 15-20% de los votos. Eso significa que, si los astros se alinean de la forma más conveniente para la derecha dura, José Antonio Kast podría pasar a una segunda vuelta soñada con un candidato radical de izquierda —Beatriz Sánchez, por ejemplo. Eso obligaría a los votantes moderados a tener que escoger entre dos candidatos extremistas. Pero aún en ese escenario improbable —aunque no imposible—, para ganar Kast necesitaría apelar a los votantes moderados con posiciones mucho menos radicales y principistas de las que ahora tiene. De lo contrario, incluso Beatriz Sánchez, con un discurso moderado y razonable, le ganaría en segunda vuelta.

Precisamente porque tiene posiciones menos comprometidas con los extremos, Evópoli también genera menos entusiasmo en las personas más militantes en la arena política.

La aparición del Partido Republicano no es el primer intento por ampliar las bases electorales de la derecha chilena. A comienzos de 2014, la senadora Lily Pérez y tres diputados renunciaron a RN para formar Amplitud. Así les fue (salvo a Karla Rubilar quien, por cierto, renunció a Amplitud poco después de que se formara esa agrupación). En las elecciones de 2017 hizo su debut en grande Evópoli (aunque, en realidad, ese partido eligió a su primer diputado, Felipe Kast, sobrino de José Antonio, en 2013). Defendiendo posiciones libremercadistas de derecha, pero también con un compromiso claro con la defensa de los derechos humanos y posiciones más moderadas en cuestiones valóricas, Evópoli ha sido el proyecto nuevo de derecha más exitoso electoralmente desde 1990.

A diferencia del Partido Republicano, Evópoli aspira a un votante más joven, liberal y moderado y genera mucho menos rechazo que el Partido Republicano. Pero precisamente porque tiene posiciones menos comprometidas con los extremos, también genera menos entusiasmo en las personas más militantes en la arena política. Después de todo, eso es lo que pasa cuando un grupo político adopta una vocación mayoritaria: los puristas lo acusan de traicionar los valores.

No sabemos en qué va a terminar el proyecto de partido de José Antonio Kast. Posiblemente, como buen partido sectario, genere mucho entusiasmo en un grupo reducido de personas. Pero en un sector que dice favorecer la libre competencia y gusta que los electores tengan opciones, nadie debería sentirse demasiado nervioso por la aparición de un nuevo referente político.

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