Si a Gabriel Boric el apoyo a los retiros del 10% de las AFP le ayudó a convertirse en presidente de la república, no hay razón para pensar que los legisladores actuales —especialmente aquellos que aspiran a carreras políticas igualmente exitosas— vayan a comportarse de forma más responsable. Aunque parece no haber suficientes votos en este momento para que el Congreso apruebe un nuevo retiro de fondos de pensiones, la sola amenaza se ha convertido en una espada de Damocles que constantemente amenazará al gobierno.

Muchos pensaban que el fin de la temporada electoral llevaría a los legisladores a moderar su populismo, pero lo cierto es que el nuevo Congreso llegó con las mismas ansias de populismo que el anterior. Los congresistas no son ni buenos ni malos, solo responden a incentivos, como el resto de los mortales. 

La tentación populista en Chile se explica tanto por el sistema electoral como por el nuevo balance de poder entre el Ejecutivo y un Poder Legislativo fragmentado con partidos políticos débiles. El reemplazo del sistema binominal por uno más proporcional demostró que siempre podemos pasar de algo malo a algo peor. El binominal era malo porque consolidaba un duopolio con más competencia al interior de las listas que entre las dos listas dominantes. 

El nuevo sistema electoral —curiosamente denominado proporcional moderado— induce a que la competencia se produzca por quién puede tomar posiciones más radicales que le permitan asegurarse el apoyo de la base dura y que todos los candidatos más bien se olviden de buscar a los votantes moderados. Como se eligen entre 3 y 8 diputados por distrito, la gente no logra conocer a todos los candidatos —ni siquiera se sabe el nombre de todos los legisladores de sus distritos. Por eso, la elección se transforma en un concurso de popularidad entre muchísimos candidatos. Los candidatos titulares —aquellos que van a la reelección— llevan la ventaja, porque tienen mayor reconocimiento de nombre. Esta ventaja del incumbente se sustenta en que, mientras están en sus cargos, los diputados pueden usar su plataforma para hacerse conocidos. Es difícil encontrar una mejor forma de hacerse conocido que promover una política pública popular de corto plazo y altos costos en el largo plazo como son los retiros de las AFP.  Además, como los legisladores no pueden quedarse en sus cargos por más de tres periodos, menos les preocupan las malas consecuencias de largo plazo que puedan tener sus decisiones. Lo importante es hacerse lo suficientemente conocido como para ganar la reelección en cuatro años en un distrito donde habrá demasiados candidatos como para que la gente pueda conocerlos a todos. 

Como si el nuevo sistema electoral no fuera lo suficientemente dañino, desde el estallido social el Congreso ha adquirido mayor poder de facto, mientras que el Ejecutivo se ha visto debilitado. Los tres exitosos retiros de los años anteriores avanzaron pese a que el gobierno inicialmente objetó su constitucionalidad. Como finalmente cedió, y optó por patrocinarlos, se sentó un precedente. Cuando el gobierno finalmente se animó a recurrir al Tribunal Constitucional para cuestionar la constitucionalidad de una medida que había apoyado —en un proyecto levemente diferente, pero que tenía el mismo objetivo de permitirle a la gente retirar parte de sus dineros de las AFP—, el Tribunal Constitucional no se atrevió a frenar un proyecto tan popular y, apuntando al propio gobierno de Piñera, que había patrocinado el primer retiro, rechazó declarar inconstitucional el segundo retiro. Por el peso de los hechos, el Congreso logró alterar a su favor el balance de poder con el Ejecutivo. 

Ahora que está en La Moneda, el presidente Boric descaradamente ha optado por usar la estrategia del Padre Gatica —que predica, pero no practica. Boric, y también sus ministros que votaron entusiastamente a favor de los retiros, argumentan que la situación es diferente y que ahora no se justifican. Es verdad que, por el momento, no parecen haber votos suficientes en el Congreso para aprobar un nuevo retiro. Pero si la inflación se mantiene alta y el poder de compra de las personas sigue cayendo, si la economía se sigue enfriando con rapidez y la gente se termina de gastar el dinero de los retiros anteriores, se alinearán los mismos astros que llevaron a que se formara una amplia mayoría legislativa a favor de nuevos retiros. 

Entonces, el presidente Boric se dará cuenta que muchos otros parlamentarios han empezado a transitar con entusiasmo por el mismo camino del irresponsable apoyo a los retiros anteriores que le ayudó a llegar a la presidencia de la república. Además, esta vez, hay evidencia de que ese camino de irresponsabilidad en el comportamiento legislativo lleva a La Moneda. Difícil tarea tendrá Boric de tratar de convencer a los nuevos legisladores de ser responsables cuando su propia irresponsabilidad le rindió dividendos tan jugosos.

*Patricio Navia es sociólogo, cientista político y académico UDP.

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