Porque el que mucho abarca, poco aprieta, el gobierno del Presidente Gabriel Boric debiera centrar sus esfuerzos en avanzar un número reducido de prioridades. De lo contrario, si mantiene su ambiciosa agenda de reformas, corre el riesgo de que ninguna de ellas logre materializarse.

Precisamente porque La Moneda necesita desesperadamente anotarse una victoria legislativa, el presidente Boric debiera priorizar una o dos reformas y buscar convertirlas en realidad antes de que termine el año.

En las últimas semanas, el gobierno ha buscado reponerse del duro golpe de la derrota en el plebiscito del 4 de septiembre anunciando diversas iniciativas que abarcan desde la reforma tributaria hasta el derecho al aborto sin restricciones, pasando por la reforma de pensiones y la reforma laboral para reducir la jornada semanal de 45 a 40 horas.

Considerando los tiempos electorales y el hecho que el Congreso estará discutiendo la ley de presupuesto para 2023 hasta fines de noviembre, la agenda de reformas del gobierno parece especialmente ambiciosa. Además, como la economía está entrando en una recesión y el Congreso está negociando un acuerdo para retomar el proceso constituyente, cualquier observador imparcial concluirá que el gobierno está intentando hacer demasiado en el poco tiempo que queda antes de las fiestas de fin de año. 

Parte del problema del gobierno es heredado. Cuando asumió en marzo, el Presidente Boric se encontró con un país que estaba en medio de un proceso constituyente. Entre el 11 de marzo y el 4 de julio, el gobierno debió competir con la Convención Constitucional por la atención de la opinión pública. Como el gobierno cometió los típicos errores de principiantes —y otros no tan típicos, producto de la incomprensible decisión de Boric de nombrar un equipo político con poco peso y poca experiencia—la administración del PC/Frente Amplio desperdició la luna de miel y rápidamente vio caer su aprobación. 

El gobierno también cometió el torpe error de desentenderse de lo que estaba haciendo la Convención Constitucional. Aunque tenía una enorme legitimidad electoral, Boric no hizo nada para evitar para evitar la radicalización de la Convención Constitucional. Como si no se hubiera enterado de que su gobierno tendría la tarea de defender la opción del Apruebo, Boric no intentó influir en el contenido de la nueva constitución. A sabiendas de que el electorado quería un texto moderado, Boric no hizo nada para advertir a la convención de que ese camino de radicalización podía terminar mal. 

Boric tuvo que moderar su discurso después de que su radical mensaje en primera vuelta le hiciera obtener solo un 25,8% de los votos. En segunda vuelta, Boric ganó holgadamente porque se moderó mucho más que su rival, José Antonio Kast. En vez de impulsar una moderación similar en la convención constitucional, Boric solo se sentó a mirar cómo la convención arrastraba al proceso a su fracaso. Como Boric se convirtió en el principal vocero del Apruebo en la campaña, es incomprensible que no haya intentado influir para que la constitución redactada por la convención fuera menos radical.  

Después de perder el plebiscito, el gobierno ha buscado retomar la agenda. Pero en vez de nadar ordenadamente en una dirección clara, Boric parece estar dando manotazos de ahogado. Si bien tiene la tarea de lograr que el Congreso promulgue una ley de presupuesto que le permita afrontar los complejos desafíos que se vienen en 2023, el gobierno ha llenado la agenda legislativa con otros anuncios que complican la aprobación del presupuesto y desvían la atención de las prioridades de política económica que el gobierno busca privilegiar.

Es iluso pensar que en los próximos meses se pueden aprobar la ley de presupuesto, la reforma tributaria, la reforma laboral, la reforma de pensiones, una ley que amplíe el derecho al aborto y, además, que se concuerde un camino de consenso para el proceso constituyente. Esa agenda es demasiado ambiciosa. Si el gobierno no prioriza, corre el riesgo de que la mayoría de esas reformas se traben en el Congreso y que solo avancen la reforma tributaria y el proceso constituyente. Si eso ocurre, el gobierno terminará el año sin lograr anotarse ninguna victoria significativa en el Congreso. 

Es verdad que el gobierno no tiene mayoría en el Congreso y que el proceso constituyente copó la agenda hasta el plebiscito. También es cierto que la victoria del Rechazo obligó a extender el proceso constituyente por varios meses—sino años. Pero los gobiernos son evaluados por las victorias que obtienen y por las derrotas que experimentan. Hasta ahora, el gobierno del Presidente Boric ha experimentado una enorme derrota y no ha logrado sumar ninguna victoria significativa.

En vez de aspirar a meter varios goles a la vez en lo que resta del año, el gobierno del Presidente Boric debiera concentrarse en lograr una primera victoria sobre la que pueda después comenzar a construir más logros. Para eso, La Moneda debe tomar la difícil decisión de reducir el número de frentes abiertos que tiene ahora en el Congreso.

En vez de querer avanzar muchos proyectos complejos de forma paralela, es esencial que el gobierno se concentre en un par de prioridades. Si logra una primera gran victoria legislativa, La Moneda adquirirá fuerza y credibilidad para avanzar nuevos proyectos en el Congreso. Ese es su gran desafío en este momento. 

Patricio Navia

Sociólogo, cientista político y académico UDP.

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