En tanto el gobierno no defina la hoja de ruta que lo guiará ahora que el proceso constituyente se desdibuja y todavía resuena el eco de la decisiva derrota electoral del plebiscito del 4 de septiembre, poco importarán los esfuerzos que haga por lograr que las coaliciones de gobierno se fusionen en una alianza multipartidista oficialista. Por más que se suban todos al mismo bus, mientras el chofer no sepa hacia dónde manejar, no podrá iniciar la marcha.

En mi columna del 7 de octubre de 2022 (Coalición de gobierno es singular) argumenté que, cuando se trata del oficialismo, «coalición de gobierno» solo puede ser singular. Afortunadamente, las coaliciones de gobierno (Apruebo Dignidad, compuesta por el PC y el Frente Amplio, y Socialismo Democrático, compuesta por el PS, PPD y PR) en su cónclave de Cerro Castillo el domingo 6 de noviembre optaron por formar una uber-coalición —una coalición de coaliciones— a la que, con muy poca creatividad, han optado por denominar Alianza. Ese es sin duda un tímido primer paso para entender que, en tanto todos esos partidos forman parte del gobierno, su desafío es flotar juntos o hundirse todos si mantenían ese singular concepto de que para formar un gobierno, podían seguir siendo dos coaliciones diferentes. 

Pero si bien formar una uber-coalición es un paso en la dirección correcta, falta todavía el paso más importante. La coalición de coaliciones oficialista debe concordar una hoja de ruta para los 3 ½ años que quedan de este gobierno. Esa hoja de ruta debe tomar en cuenta las dos cosas más importantes que han ocurrido desde que Gabriel Boric se convirtió en presidente de la república: el cambio en las prioridades de la opinión pública y la derrota del Apruebo en el plebiscito de salida. 

Los chilenos ahora están más preocupados de la inflación, la inminente recesión económica y los crecientes niveles de violencia. La gente todavía quiere una nueva constitución. Pero igual como las personas quieren una nueva casa, la prioridad hoy es poder pagar las cuentas a fin de mes y evitar que te asalten en la casa que quisieras remplazar.

La uber-coalición debe aceptar poner en segunda prioridad su propia obsesión con refundar el país, convertirse en el sepulturero del neoliberalismo y crear la constitución más inclusiva e incluyente de la historia de la humanidad. En cambio, debe entender que, a menos que se haga cargo de la prioridades de las personas, el gobierno de Boric seguirá el mismo camino hacia el fracaso que tan espectacularmente tomó la Convención Constituyente. 

La buena noticia para el gobierno es que la hoja de ruta que debe tomar para ser exitosa es simple y ya está dibujada. La administración Boric tiene que aprender del pragmatismo que tuvo la Concertación en sus mejores años. Hay que escuchar la voz del pueblo y actuar en consecuencia. La gente quiere un gobierno que tenga mano dura contra la delincuencia. Las personas demandan un gobierno que, avanzando gradualmente hacia una mayor inclusión y oportunidades, sea capaz de atraer inversión extranjera y nacional. Para poder ser exitoso, el gobierno de Boric deberá ser más como el gobierno de Ricardo Lagos que como los gobiernos de izquierda que tradicionalmente han gobernado en América Latina.

Tal vez este sea un buen momento para que Boric tome su teléfono celular, monte su bicicleta y emprenda camino hacia la residencia de Ricardo Lagos. El octogenario ex presidente —que Boric tanto criticó cuando era dirigente universitario— tiene la receta para el éxito que puede ser perfectamente utilizada por este nuevo presidente izquierdista. Esta vez, además de tomarse una selfie con Lagos —que habla mucho del futuro y de la tecnología, pero que no es asiduo usuario de las redes sociales—, Gabriel Boric debiera poner atención a los consejos que le puede dar el exitoso ex presidente.

Por varias razones, Boric y Lagos tienen muchas cosas en común. Los dos saltaron a la fama por su capacidad mediática de decir cosas provocadoras cuando la gente quería oír declaraciones disruptivas. Es verdad que Lagos obtuvo un doctorado en Economía (con una razonable tesis sobre historia económica), mientras que Boric todavía no se titula de abogado y prefiere citar poetas que papers académicos. Pero ambos hombres lograron ganarse la confianza de una mayoría de los chilenos para llegar a La Moneda. Tiene sentido que Boric aprenda lecciones de lo que hizo Lagos como presidente.

Una vez que se apropie de la hoja de ruta de cambios graduales y progresivos, Boric podrá retomar el sendero de la república concertacionista. Su uber-coalición, su propio gobierno y el país saldrán beneficiados. 

*Patricio Navia es Doctor en Ciencia Política y profesor de la UDP.

Patricio Navia

Sociólogo, cientista político y académico UDP.

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