No hay nada más costoso e inútil en política que seguir peleando una batalla que ya está perdida. El gobierno del Presidente Boric debería aceptar que los votos para la ratificación del TPP-11 en el Senado ya están. En vez de alargar su propio sufrimiento por una nueva derrota política, el Mandatario debiera dar vuelta la página y concentrarse en lograr algunas victorias en los meses que se vienen.

Después de la dura derrota en el plebiscito del 4 de septiembre, Boric ha enviado señales confusas sobre su capacidad para absorber el golpe. Aunque ha dicho que nunca hay que ir más rápido que el pueblo, porque eso es una forma de locura, también ha señalado que él fue más rápido que el pueblo, sugiriendo que eventualmente el pueblo entenderá que el camino correcto es el que él impulsaba. En vez de asumir los costos de la derrota y prepararse para la siguiente batalla, Boric se ha obsesionado con intentar explicar el fracaso de la hoja de ruta que él defendió. Para empeorar las cosas, sus explicaciones solo han generado justificados cuestionamientos sobre la capacidad que tiene el inexperto presidente para escuchar la voz de la gente y entender el mensaje. 

Como la vida continúa, el gobierno rápidamente se encontró en un nuevo campo de batalla. Sabiendo que La Moneda pasaba por un momento de debilidad, los partidarios del TPP-11 (Trans Pacific Partnership, compuesto por 11 países) aprovecharon la oportunidad para intentar aprobar ese acuerdo de libre comercio en el Senado. Ya que 25 de sus 50 miembros son de derecha, había buenas posibilidades de propinarle una nueva derrota al gobierno. Además, como el proyecto de nueva constitución que apoyó el gobierno incluía el fin del Senado, incluso entre senadores del oficialismo hay cuentas pendientes con La Moneda. Después de todo, Boric no trepidó en apoyar un proyecto de constitución que dejaría sin trabajo a varios senadores que ahora tienen la oportunidad de castigarlo a él y al Frente Amplio. 

No es sorpresivo entonces que ahora el gobierno se encamine a una nueva derrota electoral. Si el Senado vota a favor de ratificar el TPP-11 (un acuerdo impulsado, por cierto, por el segundo gobierno de Michelle Bachelet), Boric deberá optar por vetar el proyecto —cosa que dejaría feliz a las bases más radicales de su coalición— o dar su aquiescencia al acuerdo y ratificarlo. Negándose a aceptar ese adverso escenario, algunos en el gobierno están impulsando la peregrina idea de retrasar la ratificación del acuerdo usando resquicios legales. Según el inviable plan, Boric podría retrasar la entrada en vigencia del acuerdo buscando negociar primero bilateralmente con los otros países firmantes una forma alternativa para solucionar las controversias que se produzcan entre empresas privadas y el estado nacional. En vez de ir al CIADI, la instancia internacional institucionalizada de solución de controversias, el plan sería que nuestros socios comerciales del TPP-11 acepten formas alternativas de solución de controversias. Así, las llamadas side letters representarían una victoria parcial para aquellos que se oponen a la supuesta pérdida de soberanía que implica ratificar el TPP-11. 

Como es improbable que todos los países socios acepten renunciar a esa cláusula del tratado, es improbable que ese esfuerzo rinda los frutos esperados por el gobierno. Así, además de la derrota en el Senado, Boric experimentará una nueva, e innecesaria, derrota en un intento por revertir el resultado de una batalla que ya perdió. Es mejor dar vuelta la página y prepararse mejor para poder ganar el próximo desafío. 

Pese a su corta edad, y aunque algunos en el mundo insisten en presentarlo como un político joven con ideas nuevas, Boric es el presidente chileno post 1990 que más se ha inspirado en el fracasado gobierno de Salvador Allende. Las referencias que el joven mandatario repetidamente hace al gobierno de la Unidad Popular dejan entrever que, más que enfrentar los complejos y urgentes desafíos de hoy, Boric quiere gobernar un país que ya no existe en un periodo que debe permanecer en la historia y que nadie en su sano juicio quiere repetir.

Después de perder el plebiscito del 4 de septiembre, el gobierno de Boric debiera aceptar que va a perder también la batalla por el TPP-11. Afortunadamente para el gobierno, habrá muchas otras oportunidades para ganar batallas en lo que resta del periodo. Es momento de que se concentre en prepararse mejor para las futuras batallas que en intentar dar la pelea por ganar batallas que ya están perdidas. 

Boric puede inspirarse en el presidente chileno que él estime conveniente, pero si va a poner a Allende como su modelo a seguir, el joven presidente debiera aprender las lecciones correctas del legado del ex presidente. Es mejor ser recordado por las batallas ganadas que por las heroicas batallas perdidas. Después de todo, Boric debiera entender que Chile hoy vive con el modelo establecido en la dictadura militar y no con el sueño de la vía chilena al socialismo que impulsó Allende. 

*Patricio Navia es Doctor en Ciencia Política y profesor de la UDP.

Patricio Navia

Sociólogo, cientista político y académico UDP.

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