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Publicado el 11 de septiembre, 2018

Patricio Navia: El fin de la luna de miel

Sociólogo y cientista político Patricio Navia
Es innegable que la desaprobación golpea al Presidente Piñera de forma muy distinta de como lo hizo con Michelle Bachelet hace cuatro años. Cuando se acabó su luna de miel, Bachelet tenía una importante reforma bajo el brazo. Hoy Piñera no ha avanzado decididamente en lograr que sus reformas se conviertan en ley.
Patricio Navia Sociólogo y cientista político
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Al igual que lo que le ocurrió en su segundo gobierno a la Presidenta Bachelet, el Presidente Sebastián Piñera ha visto su aprobación caer por debajo de su desaprobación en la semana 26 de su gobierno. Pero mientras Bachelet sufrió una caída en su aprobación —y un aumento en la desaprobación— producto de la controversial reforma educacional que estaba impulsando, la caída de Piñera no se puede asociar al costo político de haber dado alguna de las batallas ideológicas a las que se comprometió en campaña. Si igual va a caer en su aprobación, vale la pena al menos hacerlo dando la pelea ideológica y defendiendo las ideas con las que ganó la elección.

 

Cuando llegó al poder en marzo de 2014, la Presidenta Bachelet venía decidida a transformar profunda y radicalmente el modelo económico social de mercado que el país venía implementado desde la transición a la democracia en 1990. Además de prometer una nueva constitución, Bachelet prometía reformas profundas al sistema electoral, el fin al lucro, la selección y el copago en la educación particular subvencionada, la gratuidad en educación superior y una ambiciosa reforma tributaria para financiar la gratuidad en educación superior. Aprovechando la mayoría absoluta que tenía su coalición en ambas cámaras, Bachelet se abocó rápidamente a avanzar algunos de sus proyectos más emblemáticos. Si bien la nueva constitución quedó para el final de su gobierno —y nunca llegó a materializarse—, Bachelet se empeñó en pasar rápidamente la reforma a la educación particular subvencionada y la reforma tributaria.

 

Nadie puede dudar que, más para mal que para bien, Bachelet avanzó decididamente en el cumplimiento de sus promesas de campaña.

 

Para fines de septiembre de 2014, Bachelet ya había promulgado una ambiciosa reforma tributaria. Es verdad que luego hubo que hacer una reforma a la reforma, pero nadie puede dudar que, más para mal que para bien, Bachelet avanzó decididamente en el cumplimiento de sus promesas de campaña.

 

Por eso, cuando le cayó el fin de su luna de miel al comienzo de la primavera —cuando su desaprobación superó su aprobación— la Presidenta Bachelet pudo al menos consolarse con la idea de que el aumento en el rechazo a su gestión fue el precio a pagar por las reformas que ella prometió en campaña y por la que los chilenos presumiblemente votaron abrumadoramente en segunda vuelta. Es verdad que el aumento en el rechazo a su gestión puede ser indicativo de que los chilenos no estaban ya tan seguros de querer la reforma que Bachelet estaba impulsando. Pero Bachelet hizo campaña prometiendo reformas, apenas llegó al poder las impulsó y, cuando cayó su aprobación, las reformas ya estaban a punto de ser promulgadas como ley. El 10 de septiembre de 2014, el Congreso aprobó la ley de reforma tributaria y el 24 del mismo mes, Bachelet firmó la nueva ley.

 

Hoy, a comienzos de septiembre de 2018, la realidad es algo distinta. Chile Vamos no tiene mayoría en el congreso. El Presidente Piñera se ha comprometido con una reforma que corrija errores y distorsiones de la reforma tributaria de Bachelet (y de la reforma a esa reforma). El gobierno correctamente puede alegar que arreglar siempre es más difícil que echar a perder. Pero es innegable que el fin de la luna de miel golpea al Presidente Piñera de forma muy distinta de cómo golpeó a Bachelet hace cuatro años. Cuando se acabó la luna de miel, Bachelet tenía una importante reforma bajo el brazo. Hoy, Piñera no ha logrado avanzar decididamente en lograr que sus reformas se conviertan en ley.

 

Cuando el presidente es impopular, hay menos incentivos para que los legisladores se sienten a negociar con La Moneda.

 

En los próximos meses, el gobierno tendrá muchas oportunidades para demostrar que está en control del país y para convencer a los chilenos de que está haciendo las cosas bien. La aprobación presidencial sube y baja dependiendo de qué tan bien lo haga el gobierno. Cuando la aprobación sube, los legisladores están más proclives a llegar acuerdos con el gobierno para aprobar las leyes que envía el Ejecutivo. Pero cuando el presidente es impopular, hay menos incentivos para que los legisladores se sienten a negociar con La Moneda. La presión para ceder ante las presiones del Ejecutivo disminuye notoriamente cuando el porcentaje de los que desaprueban el desempeño del gobierno supera el porcentaje de los que aprueban.

 

Después de las conmemoraciones del quiebre de la democracia de 1973 y después del receso de fiestas patrias, el gobierno deberá impulsar paralelamente la ley de presupuesto de 2019 y la reforma tributaria. Adicionalmente, La Moneda se ha comprometido a enviar otros proyectos emblemáticos. La caída en la aprobación presidencial no es un buen inicio para la negociación que tendrá lugar entre un Congreso controlado por la izquierda y el gobierno de Chile Vamos.

 

Si bien Piñera ha experimentado el fin de su luna de miel exactamente en la misma semana 26 de su gobierno que vio la desaprobación de Bachelet superar a su aprobación, las condiciones en las que Bachelet terminó su luna de miel y comenzó a enfrentar un complejo periodo de su administración fueron más favorables que las que hoy enfrenta el Presidente Piñera.

 

 

FOTO: RODRIGO SAENZ/AGENCIAUNO

 

 

 

 

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