A dos semanas de la segunda vuelta de la elección presidencial, las candidaturas de José Antonio Kast y Gabriel Boric están enfocadas en atraer a esos votantes moderados cuyas opciones presidenciales se quedaron fuera de la segunda vuelta. El premio mayor parece ser ese casi millón de personas que votó por Franco Parisi. Y ya que ellos parecen ser más anti-elite que anti-modelo, la candidatura de Kast debiera tener más cercanía con ese grupo.

Sin embargo, es un error que Kast se esmere más en tratar de convencer a Parisi para que le dé su apoyo que a las personas que votaron por él. Porque el rechazo a la elite llevará a muchas de esas personas a oponerse a un acuerdo cupular entre Kast y Parisi, la mejor forma de ir a buscar a esos votantes es con un mensaje creíble en defensa de un modelo de mercado que tenga una cancha pareja que dé igual oportunidades para todos. Ese mensaje es el que hizo popular a Parisi entre sus votantes. Tratar a esas personas como miembros de un culto que seguirán las instrucciones del líder es un error.

La sorpresiva alta votación que recibió Parisi en la primera vuelta confundió a muchos. Pero la mejor forma de resumir la postura de esos votantes es que, si bien son un grupo que tiene buenas razones para estar descontento con el Chile actual, son personas que defienden las premisas básicas del modelo de libre mercado que ha hecho que el país se haya desarrollado tan claramente como lo ha hecho en estos 32 años desde el retorno de la democracia. Pero así como no quieren otro modelo de desarrollo —mucho menos uno que aspire a darle al Estado un rol más importante en la economía—, los votantes de Parisi sí demandan que el modelo funcione con las mismas reglas para todos. A esos votantes los moviliza el rechazo al abuso y la falta de una cancha pareja, las colusiones y la percepción de que la elite chilena es demasiado cerrada y poco competitiva. Para esos votantes, Kast y Boric pertenecen a la misma casta empresarial y política que ha gobernado Chile por treinta años y que deja afuera a los que no tienen los apellidos correctos ni fueron a los colegios particulares de elite.

Los votantes de Parisi no son nostálgicos de la dictadura ni ansían construir un Chile que llegue más allá del capitalismo. Los votantes de Parisi quieren entrar a la fiesta del consumo, pero no quieren ser abusados en el camino ni discriminados cuando emprenden. El votante de Parisi comparte el espíritu de ganador y exitoso que cultiva el economista que ahora vive en Estados Unidos, pero también comparte con él la crítica a un sistema que lo ha dejado fuera y— desde su perspectiva— lo persigue, precisamente porque él defiende la idea de que el sistema debe funcionar para todos.

Por eso, para Gabriel Boric, conquistar esa votación es un camino cuesta arriba. Boric puede hablarles a esos votantes de su lucha por terminar con el abuso. Pero el país que quiere construir Boric es muy distinto al país con el que sueña el votante de Parisi. Mientras Boric quiere superar el modelo neoliberal, los votantes de Parisi quieren hacer que ese modelo funcione para todos. Si Boric les dice que hay un modelo mejor que este, los votantes de Parisi no van a recibir ese mensaje con mucho interés. El votante de Parisi no quiere superar el modelo, quiere que el modelo funcione para él. El simpatizante de Parisi no rechaza el consumismo, quiere que todo el que así lo desea pueda comprarse su propio auto de lujo. El votante de Parisi no desprecia el capitalismo, quiere que Chile tenga un capitalismo con cancha pareja para que cualquiera que lo haga bien —y no solo los que nacieron en privilegio— puedan ser exitosos.

En eso, Kast debería estar más cerca de esos votantes. Pero el candidato de la derecha más conservadora debe entender que el votante de Parisi no quiere coartar la capacidad de las mujeres de decidir sobre sus derechos reproductivos o la decisión de las personas sobre a quién pueden amar y con quién pueden construir familia. Los votantes de Parisi aman la libertad económica, pero también aman la libertad en otras dimensiones relevantes que no han sido prioritarias para Kast. Más aun, los votantes de Parisi rechazan el elitismo de los acuerdos de elite. Por eso, cuando Kast se reúne con los líderes partidistas y la elite empresarial, los votantes de Parisi miran con recelo desde sus posturas anti-elite.

Por eso mismo, la estrategia de hacer un gran acuerdo con Parisi para que le dé su apoyo a Kast parece equivocada. No solo los votantes de Parisi la van a rechazar, sino que el propio Parisi perdería buena parte de su atractivo si aparece renunciando a sus principios y tranzando con esa elite contra la que su candidatura se movilizó.

Para atraer al votante de Parisi, Kast deberá entender que si bien esos votantes están a favor del modelo, quieren que el modelo funcione para todos y no solo para la misma elite de siempre. Los votantes de Parisi son anti-elite, no son anti-modelo. Solo el candidato que entienda eso logrará atraer una mayoría de esos votos en segunda vuelta.

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