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Publicado el 15 de mayo, 2020

Patricio Navia: Años o meses de vacas flacas

Sociólogo, cientista político, académico UDP Patricio Navia

Correctamente, el gobierno ha anunciado políticas de apoyo a las personas que más lo necesitan. Pero, incomprensiblemente, muchos en la oposición se niegan a aprender la lección que nos dejó la respuesta al estallido social de octubre y exigen y demandan que se gasten todos los ahorros de una sola vez.

Patricio Navia Sociólogo, cientista político, académico UDP
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Ahora que casi la mitad de los chilenos está en cuarentana, es momento de aceptar que la pandemia va a durar más de lo que todos quisiéramos. Por eso, el gobierno y la oposición debieran llegar a acuerdos sobre formas razonables y sustentables de dosificar la ayuda estatal a las familias para superar la pandemia. Como se ha usado ampliamente el ejemplo bíblico de José, que durante los 7 años de vacas gordas acumuló un 20% de la producción de Egipto, debiéramos recordar que los fondos soberanos del país, nuestros ahorros y la credibilidad crediticia del país no son para gastarlos en los primeros meses, sino que hay administrarlos para que alcancen para todo el periodo que duren las vacas flacas.

Desde el retorno de la democracia, la economía chilena experimentó años de crecimiento y expansión. Esto permitió que millones salieran de la pobreza y que se ampliaran las oportunidades y el acceso a la clase media a una proporción de la población sin precedentes en la historia previa del país. Aunque en meses recientes ha sido común escuchar voces que reclaman porque el país no posee los mismos altos estándares de vida de los países más desarrollados del mundo, el solo hecho que ahora nos comparemos con los miembros de la OECD y no con nuestros vecinos latinoamericanos es evidencia suficiente para concluir que los últimos 30 años fueron fundamentalmente de vacas gordas. Esto le permitió al país construir una buena reputación en los mercados de deuda y además pudimos ahorrar dinero en distintos fondos soberanos, seguros de desempleo y fondos de pensiones. Con todos los ahorros acumulados, Chile tiene muchos más activos que pasivos —pese a que, en años recientes, la deuda pública y privada en mercados internacionales había estado viniendo al alza.

El estallido social de octubre llevó a muchos a pedir —es más, a demandar— que el gobierno del Presidente Piñera echara mano a parte de esos fondos soberanos para financiar un aumento de pensiones, mejores servicios de salud, educación, otros subsidios y gastos públicos que permitieran avanzar decidida y rápidamente para reducir la desigualdad. Siguiendo la tradición de casi todos sus predecesores desde el retorno de la democracia, el gobierno se resistió a poner toda la carne en la parilla a fines de 2019. Después de todo, los ahorros para los años de las vacas flacas no debieran usarse para responder al descontento y al malestar de la gente. Hay que guardarlos -parafraseando al libro de Génesis- para cuando se sienta el hambre en toda la tierra de Egipto y el pueblo clame al Faraón por pan.

Ahora que las vacas flacas “y de muy feo aspecto; tan extenuadas, que no he visto otras semejantes en fealdad en toda la tierra de Egipto” ya están entre nosotros, es razonable y necesario que el gobierno comience a echar mano a esos recursos para ir en ayuda de la población. Correctamente, el gobierno ha anunciado políticas de apoyo a las personas que más lo necesitan.

Pero, incomprensiblemente, muchos en la oposición se niegan a aprender la lección que nos dejó la respuesta del gobierno al estallido social de octubre y exigen y demandan al gobierno que se gaste todos los ahorros de una sola vez. Si el gobierno les hubiera hecho caso a fines de 2019 y hubiera puesto toda la carne en la parrilla, ahora los ahorros de los años de abundancia ya no estarían y el país tendría un problema sustancialmente más complejo que el que ya tenemos ante la recesión económica que ha producido la pandemia.

En vez de aprender la lección de que siempre las cosas pueden empeorar y por lo tanto hay que estar preparados para las emergencias, esas mismas personas demandan una vez más que el gobierno se gaste de forma apresurada e irreflexiva todos los ahorros y se endeude de forma excesiva para ir en respuesta de las necesidades de la gente. Pudiera resultar útil que esas personas, además de leer la historia de los 7 años de vacas flacas, pudieran leer también la parábola de las diez vírgenes; aprenderían que las prudentes guardaron aceite adicional mientras que las insensatas consumieron todo el aceite antes de tiempo.

Precisamente porque el golpe económico que ha significado esta pandemia subraya la necesidad de dosificar la forma en que el Estado usa sus recursos para ir en ayuda de los más necesitados, el gobierno debe defender con fuerza su postura de que los ahorros de los años de las vacas gordas deben gastarse dosificadamente en lo que duren los tiempos de las vacas flacas. Gastarse todos los recursos en los primeros meses, sin pensar en lo que vendrá después, sería una actitud tan insensata e irresponsable como haber hecho caso a la voz de la calle a fines del año pasado y haber usado entonces todos los ahorros para responder a las demandas del estallido social.

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