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Publicado el 10 de mayo, 2019

Patricio Navia: A merced de la oposición

Sociólogo, cientista político, académico UDP Patricio Navia

El gobierno debería cambiar el foco de sus prioridades desde lo que pasa en el Congreso a lo que pasa en la economía del país. Después de todo, a los chilenos les preocupa mucho más que la economía funcione a que pasen las leyes.

Patricio Navia Sociólogo, cientista político, académico UDP
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Ya que la agenda legislativa del gobierno está a merced de una oposición cuya prioridad es retrasar lo más posible la tramitación de los proyectos, el Ejecutivo debería centrarse en impulsar reformas en otras áreas que no requieran de la promulgación de leyes. No hay nada peor que estar en una situación de apuro y tener que lidiar con personas que tienen todo el tiempo del mundo. Cuando uno necesita con urgencia que se realice un trámite, es frustrante sentir que la contraparte quiera dilatarlo lo más posible.

Algo similar le está pasando ahora al gobierno. Aunque su administración se demoró más de la cuenta en enviar sus proyectos de ley emblemáticos al Congreso, la lentitud con la que la mayoría de oposición que ejerce el control del Congreso ha abordado la tramitación deja en claro su estrategia obstruccionista. Un Congreso que hace bien su trabajo debe ser diligente en la tramitación de los proyectos de ley. Los legisladores deben saber qué están votando y cuáles son las consecuencias de los cambios legales que resultan de las nuevas leyes que se promulgan. Un buen legislador no puede ser forzado a votar sin conocer el contenido de los proyectos de ley. Pero ser diligente y cuidadoso no es lo mismo que ser obstruccionista. 

Mientras más se acerque las elecciones regionales y municipales de octubre de 2020, más incentivos tendrá para usar todos los resquicios legales disponibles para dilatar la tramitación de los proyectos de ley.

Sabiendo que poseen una mayoría en el Congreso, los partidos de izquierda han optado por usarla para bloquear las iniciativas del gobierno; en vez de aprovecharla para lograr concesiones que hagan las reformas más afines a los objetivos de la izquierda, prefiere mantener el statu quo. Esto es, en parte, porque Piñera quiere modificar algunas de las reformas que se promulgaron durante el segundo gobierno de Bachelet. Pero también porque la oposición no quiere que el Presidente se anote ninguna victoria significativa en materia de reformas. Incluso en aquellos temas en los que existe un consenso amplio respecto a qué se debe reformar y cuál es el camino a seguir, como la reforma de pensiones, la oposición parece más interesada en bloquear que en avanzar reformas que mejoren la situación actual a un porcentaje significativo de los jubilados y de aquellos chilenos que están próximos a jubilar.

Ante esa realidad, el gobierno no saca nada con lamentarse. Es más, debe aceptar la realidad. La estrategia obstruccionista de la oposición seguirá en aumento en los próximos meses. Mientras más se acerque las elecciones regionales y municipales de octubre de 2020 —cuyas primarias se deberán realizar en junio de 2020 (por lo que deberá haber candidatos inscritos ya en 12 meses)— más incentivos tendrá para usar todos los resquicios legales disponibles para dilatar la tramitación de los proyectos de ley. La única chance que tiene la oposición de ganar las elecciones regionales y municipales de 2020 es demostrando que el gobierno de Piñera no pudo realizar ninguno de los cambios que prometió. Como no tiene nada distinto que ofrecer ni liderazgos presidenciales potentes, la centroizquierda está jugando a la estrategia de quién es menos malo. Si el gobierno de derecha no tiene ningún logro que demostrar en 2020, la izquierda podrá hacer campaña a partir del mensaje que ellos representan el mal menor.

En vez de seguir apostando su éxito a que la oposición acepte la idea de legislar o deba hacer esfuerzos excesivos para lograr que mantenga vivo los proyectos de ley más emblemáticos de La Moneda, el gobierno del Presidente Piñera debiera cambiar el tablero. Para hacerlo, debe enfocarse en reformas que no requieran del Congreso, para así minimizar la capacidad que tiene la oposición de bloquear la agenda gubernamental.

A solo tres semanas de que el Presidente dé su segundo mensaje a la nación desde el Congreso Nacional, el gobierno necesita demostrar que está en control de la agenda y que su programa va en marcha.

Es cierto que hay otra alternativa para salir del pantano actual. El Presidente Piñera pudiera optar por un cambio de gabinete para darle nuevos aires al gobierno. Pero en la medida que se niegue a hacerlo, la mejor estrategia alternativa es dejar de poner todos los huevos del éxito del gobierno en la canasta del Congreso que ahora controla la oposición. El gobierno debería cambiar el foco de sus prioridades desde lo que pasa en el Congreso a lo que pasa en la economía del país. Después de todo, a los chilenos les preocupa mucho más que la economía funcione a que pasen las leyes. Es cierto que para que la economía funcione mejor, hay que promulgar algunas leyes. Pero mientras eso no ocurra, hay que buscar alternativas para que la gente vea que el gobierno produce resultados.

A solo tres semanas de que el Presidente dé su segundo mensaje a la nación desde el Congreso Nacional, el gobierno necesita demostrar que está en control de la agenda y que su programa va en marcha. Mientras siga a merced de la voluntad obstruccionista de la oposición en el Congreso, será imposible que convenza a los chilenos de que han llegado los tiempos mejores.

 

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