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Publicado el 05 de julio, 2019

Patricio Navia: A falta de ideas en la izquierda, buenos son los candidatos

Sociólogo, cientista político, académico UDP Patricio Navia

Ante la irrupción de la marea derechista conservadora en el mundo —y su versión chilena—, la izquierda se encuentra en una posición defensiva, justificando y defendiendo las reformas que implementó Bachelet, especialmente aquellas de su segundo gobierno. Pero la izquierda chilena no está pensando en qué proyecto de país quiere construir.

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La multiplicación de aspirantes presidenciales en la izquierda contrasta con la sequía de nuevas ideas y propuestas razonables por las que atraviesa ese sector. Más allá de los problemas del gobierno de Sebastián Piñera —que está con la aprobación más baja desde que llegó al poder—, Chile Vamos aparece con varios candidatos mejor posicionados para las presidenciales de 2021. La centroizquierda, en cambio, incapaz de superar la sombra de Michelle Bachelet, carece de liderazgos presidenciables populares. Pero eso mismo lleva a que muchos en ese sector se animen a saltar a una piscina que, aunque esté llena, no parece tener a nadie que dé garantías de que puede flotar y ser competitivo en 2021.

Desde 2005, todas las elecciones presidenciales que ha tenido Chile han tenido como protagonistas ya sea a Michelle Bachelet o Sebastián Piñera. La próxima contienda va a ser la primera en la que, si Bachelet cumple su promesa de no volver a presentarse, el elenco de candidatos no incluirá a ninguno de los dos líderes que se han turnado para gobernar Chile desde marzo de 2006. Por eso, es comprensible que, después de haber sido desplazados por tanto tiempo, haya una larga lista de aspirantes presidenciales de centroizquierda que quieren probar suerte. Lamentablemente para ellos, mientras más salten a la piscina, más difícil es que alguno logre consolidarse como candidato. Cuando hay muchos aspirantes compitiendo, es más difícil que cualquiera de ellos consiga diferenciarse y comunicar su mensaje.

En este contexto de muchos aspirantes compitiendo por atención, la mala noticia para todos ellos es que la opinión pública todavía no le está poniendo atención a la arena electoral. De hecho, las encuestas que se han difundido profusamente muestran, con meridiana claridad, que los nombres que más se repiten como favoritos son los que ya fueron presidentes -incluidos Bachelet y Piñera. Igual que cuando se le pregunta a la gente qué cantantes quieren para el próximo Festival de Viña del Mar, los nombres que primero salen son los de aquellos que ya triunfaron alguna vez. A medida que se acerque la fecha del Festival, comenzarán también a sonar los nombres de los artistas que están pegando en la radio.

Si bien enarbola las banderas de la justicia social y del combate contra la desigualdad, la izquierda no tiene propuestas sobre cómo volver a crecer, atraer inversión extranjera y generar más riqueza.

Aunque haya dicho varias veces que no quiere ser candidata, Michelle Bachelet sigue siendo un nombre que genera entusiasmo en su sector. Es más, mientras más aspirantes se lanzan a la piscina de presidenciables en la izquierda, más parece consolidarse la percepción de que ninguno de ellos logra hacerle el peso a la popularidad, unidad y apoyo que genera su nombre en la centroizquierda.

Hay un contraste evidente entre la multiplicación de aspirantes presidenciales en la centroizquierda y la ausencia de ideas nuevas para problemas nuevos, pero también de ideas nuevas para problemas viejos.

Ahora bien, a la par de la multiplicación de aspirantes izquierdistas, ese sector atraviesa por una sequía de ideas y propuestas. Porque la centroizquierda se ha dedicado a obstaculizar las iniciativas legislativas de Piñera, da la impresión de que la izquierda comunica mucho mejor a qué cosas se opone qué cuales son las banderas y propuestas que defiende. Es verdad que hay grupos de izquierda que enarbolan banderas de cambio radical y de oposición militante al modelo social de mercado. Pero esas ideas entusiasman solo a las bases, no son atractivas —ni lo serán— para atraer a los votantes moderados que optaron por apoyar a Piñera en las elecciones de 2017.

Ante la irrupción de la marea derechista conservadora en el mundo —y su versión chilena— la izquierda se encuentra en una posición defensiva, justificando y defendiendo las reformas que implementó Bachelet, especialmente aquellas de su segundo gobierno. Pero la izquierda chilena no está pensando en qué proyecto de país quiere construir. Si bien enarbola las banderas de la justicia social y del combate contra la desigualdad, la izquierda no tiene propuestas sobre cómo volver a crecer, atraer inversión extranjera y generar más riqueza. La izquierda sigue hablando de distribución, cuando el problema que enfrenta el país y la región es que la torta que se va a distribuir no crece. Si la principal amenaza que enfrenta la gente es la posible pérdida de empleo o la caída en el valor adquisitivo de sus ingresos, la gente va a preferir a candidatos que tengan propuestas concretas para esos temores que a aquellos candidatos que solo sigan hablando de utopías.

Hay un contraste evidente entre la multiplicación de aspirantes presidenciales en la centroizquierda y la ausencia de ideas nuevas para problemas nuevos, pero también de ideas nuevas para problemas viejos. Después de todo, siempre es más fácil proponer nombres de candidatos que pensar en nuevas ideas que sean factibles, realizables, atractivas y conducentes a generar, a la vez, más igualdad y justicia social y más crecimiento y oportunidades de inversión y desarrollo. Parece ser que en Chile hoy, la centroizquierda está más preocupada de encontrar candidatos que de pensar las ideas que puedan servir de plataforma para que esos candidatos sean electoralmente viables en 2021.

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