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Publicado el 03 de mayo, 2020

Patricio Arrau: Rescate de grandes empresas: Nuevo instrumento para Banco Central

Economista Patricio Arrau

El BCCH es sin duda la institución macroeconómica más solida de Chile que vela por el largo plazo. Es el prestamista de última instancia del sistema financiero, que vela por su estabilidad, y hoy no puede ejercer ese rol con total propiedad. Es indispensable modificar la Ley Orgánica del banco para permitir también al BCCH determinar facilidades y eventualmente comprar instrumentos privados en el mercado de capitales.

Patricio Arrau Economista
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El gobierno implementó un plan de rescate con garantías estatales y financiamiento del Banco Central de Chile (BCCH) para las empresas que venden menos de UF 1 millón al año, esto es, unos US$37 millones (a $800 el dólar). El programa puede llegar a US$24 mil millones, pues ese es el límite que el Banco Central puso a su Facilidad de Crédito Condicional al Incremento de Colocaciones (FCIC). Esto funcionó porque el Banco Central puso la  facilidad y el Ejecutivo las garantías para que la banca concurriera. La racionalidad es evidente: se requiere sortear los meses de crisis de liquidez que puedan tener más de un millón de empresas para que en 6 meses más la economía chilena vuelva a crecer con  fuerza. 

Sin embargo, permanece la incertidumbre para las empresas que venden más de US$37 millones al año y están en grave crisis de liquidez. El problema es que las 2.000 empresas que venden más de US$37 millones al año en Chile emplean directamente a 2 millones de trabajadores, venden en total el 70% de todas las ventas del país, pagan el 60% de impuesto de primera categoría de Chile y en su cadena de pagos tienen un enorme cantidad de PYMEs como proveedores, quienes emplean millones de trabajadores adicionales que dependen de ellos. Si varias de ellas caen, la crisis se profundiza severamente. La discusión sobre grandes empresas y PYMEs en Chile no tiene sentido. La economía del país depende de todas.

El BCCH está impedido de dos instrumentos que tienen los bancos centrales de EE.UU. y Europa: comprar bonos en el mercado secundario del Fisco y comprar bonos corporativos y otros instrumentos privados en el mercado de capitales. Se ha propuesto que se le autorice a comprar instrumentos del Fisco en el mercado secundario, instrumento que considero mínimo e indispensable para el BCCH, tal como han propuesto prácticamente todos los ex presidentes del BCCH. Por ello no gasto más espacio en este punto. Argumentaré en lo que resta de esta columna que es indispensable modificar la Ley Orgánica del banco para permitir también al BCCH determinar facilidades y eventualmente comprar instrumentos privados en el mercado de capitales.

Las propuestas para apoyar a las grandes empresas hasta ahora se alternan entre dos enfoques extremos que no funcionan. El Ejecutivo, como lo propuso el Presidente Piñera, propone deudas preferentes financiadas por privados. La oposición por su parte, propone una vaga e indefinida participación del Estado en las empresas rescatadas. La proposición del Ejecutivo tiene un pecado venial: como una de las empresas en evidente objetivo de rescate es LATAM, se sospecha que el Presidente no desea exponerse a la crítica política de que ayudó a los ex socios. Esa consideración no corresponde, pues LATAM es una empresa vital para la conectividad de Chile y su presencia regional. Por lo mismo, el Presidente debe encargar a sus ministros de Hacienda y Economía determinar una mesa de trabajo técnico-política, sin interferencia de su parte, para buscar una solución definitiva y urgente. La oposición, por su parte, debe renunciar a pretender en estas circunstancias una estatización de grandes empresas en problemas de liquidez. El problema es simple y requiere un acuerdo técnico-político significativos. La única entidad que puede articular este acuerdo el BCCH.

La discusión sobre grandes empresas y PYMEs en Chile no tiene sentido. La economía del país depende de todas.

El BCCH es sin duda la institución macroeconómica más solida de Chile que vela por el largo plazo. Es el prestamista de última instancia del sistema financiero, que vela por su estabilidad, y hoy no puede ejercer ese rol con total propiedad. La Ley Orgánica Constitucional solo le permite actuar a través de la banca. Esto es un problema, pues el mercado de capitales ha evolucionado como una alternativa a la banca para financiar empresas, en especial a las más grandes, a través de las colocaciones de bonos corporativos y efectos de comercio, pero también a las más pequeñas a través de las facturas y otras estructuras securitizadas. El BCCH puede determinar facilidades de financiamiento a la banca, con sus exigencias de garantías, pero no puede hacerlo para el financiamiento no bancario. Esto es un problema grave en las actuales circunstancias. Pongo un ejemplo de mucha relevancia coyuntural:

Supongamos que el Ejecutivo decida impulsar su plan de deudas preferentes privadas con garantía estatal para grandes empresas, que entiendo tendría derechos accionarios (acciones “call” para ejercer y vender si no se pagan las deudas). Ahora supongamos que una de estas empresas no puede pagar las deudas, pero el mercado no está bueno para vender las acciones. El estado tendría que salir a pagar el porcentaje de la garantía. Para ello emite deuda en el mercado. Supongamos también que, de acuerdo a lo solicitado por los ex presidentes del BCCH, esta institución puede comprar deuda del Fisco en el mercado secundario. Es evidente que podría terminar financiando indirectamente las obligaciones de rescate del Fisco, mientras el Fisco se guarda las acciones para una mejor oportunidad de precios de venta.

Alternativamente, supongamos que en un acto de visión del Congreso, éste autoriza al BCCH a comprar bonos del Fisco en el mercado secundario, pero también bonos corporativos privados y otros instrumentos en el mercado de capitales, tal como ocurre en EE.UU. y Europa, para que pueda ofrecer facilidades especiales de liquidez amplias. A diferencia del caso anterior, imagino que el BCCH definiría una facilidad de financiamiento general para rescate de grandes empresas afectadas por el COVID-19 que tendría las siguientes características: a) obligaciones de recompra o pago de deudas en ciertos plazos estrictos; b) garantías prendarias accionarias preferentes contundentes, que de acuerdo al Consejo del BCCH entregan suficientes garantías de pago de las deudas; c) facultades para ejercer esas garantías cuando el Consejo del BCCH lo determine, con condiciones de nombramiento de director, si es necesario, e impedir distribución de dividendos. En otras palabras, el prestamista de última instancia de largo plazo en caso de crisis sistémicas, el BCCH, actuando con plenas y amplias facultades autónomas, determinando sus condiciones para extender sus facilidades de financiamiento y liquidez para el rescate de deudas e empresas grandes, con todas las garantías que determine.

Es inevitable que este tema se vuelva una discusión de alto contenido político. Es clave que el Ejecutivo ceda en su pretensión de un mero financiamiento privado con garantía estatal; que la oposición ceda en su pretensión de estatizar empresas y se atenga a que la garantía accionaria se limita con la capacidad de la empresa de pagar el rescate. Finalmente que todos le den la oportunidad al BCCH autónomo a seguir ejerciendo ese rol de solidez institucional, que ya lleva ejerciendo por casi 30 años.

@patricioarrau

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