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Publicado el 28 de mayo, 2019

Patricio Arrau: Guerra vieja y guerra nueva

Economista Patricio Arrau

El conflicto comercial entre Estados Unidos y China tiene distintos efectos, según desde dónde se mire. Mientras la guerra vieja -que hace alusión al alza en los aranceles a los bienes- no generará gran impacto en Chile, la nueva -esa que se refiere a la nueva era digital- nos pide que usemos la misma táctica que nos llevó al éxito en los 70: abrir la economía.

Patricio Arrau Economista
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Para analizar el impacto para nuestro país de las crecientes tensiones entre los EE.UU. y China, es necesario distinguir dos guerras: la guerra vieja, esa que habla de aranceles a los bienes y a la pretensión de los EE.UU. de balancear el comercio bilateral con China; y la guerra nueva, que tiene que ver con las nuevas tecnologías y el rol de cada potencia en la era digital que ya llegó. Ambas tiene distintos efectos en el corto y mediano plazo para Chile.

Partamos hablando de la guerra vieja. Me parece que esta guerra tiene bajo o nulo impacto en el corto plazo para Chile y tiene uno muy acotado para el mediano plazo. Cualquier economista sabe que no es posible balancear el déficit comercial de los EE.UU. mediante aranceles y que éste depende del desbalance entre el ingreso y gasto interno de los EE.UU. Cada vez es más evidente que se trata de un modo de negociar del Presidente Trump y de una manera de mantener a sus bases electorales alineadas políticamente.

Por el momento, el crecimiento del 3,5% de la economía chilena para 2019 se juega en casa y depende críticamente de cómo avance la discusión interna en el Congreso sobre las reformas estructurales y las expectativas de los actores internos,  y de los efectos del nuevo impulso de oferta de la inmigración en el mercado laboral.

Excepto que se produzca una disrupción improbable en los mercados mundiales, en Chile no tendremos impacto importante este año. Las voces internas que estiman un crecimiento menor al 3% este año para Chile por este motivo se equivocan, pues tanto el resto del mundo como nuestros socios comerciales están creciendo al 3,3% y no es razonable descontar el crecimiento chileno del 2019 con solo un trimestre débil. En caso de que esta guerra de la vieja economía se profundice y se consolide un arancel del 25% por lado entre los EE.UU. y China, que podría ocurrir por lo que mencionamos en la segunda parte de esa columna, las mejores estimaciones sugieren un impacto de mediano plazo de 0,5% de crecimiento en la economía mundial y por ende en la economía chilena. Ahí sí podríamos crecer solo al 3%, no ahora. Por el momento el crecimiento del 3,5% de la economía chilena para 2019 se juega en casa y depende críticamente de cómo avance la discusión interna en el Congreso sobre las reformas estructurales y las expectativas de los actores internos,  y de los efectos del nuevo impulso de oferta de la inmigración en el mercado laboral. Chile incluso puede sortear bien la guerra comercial vieja de largo plazo mejor que otras economías, debido a la diversificación de sus exportaciones entre la zona europea, los EE.UU. y Asia. Seguiremos exportando nuestros productos a los tres bloques.

Distinto es el caso de la nueva guerra comercial tecnológica. El gobierno del Presidente Trump ha decidido escalar la acusación de espionaje a la empresa de telecomunicaciones china Huawei y declararla, por razones de seguridad nacional, en el listado de empresas internacionales prohibidas para comerciar con las empresas de los EE.UU. Ello llevó a Alphabet, matriz de Google, a anunciar que los teléfonos inteligentes de Huawei no podrán utilizar en el futuro el sistema operativo Android. Las empresas de los EE.UU. no podrán importar chips producidos por Huawei y, más importante aún, Huawei no podrá participar en el despliegue de las redes 5G en los EE.UU., lo que llevará a una soterrada presión a sus países aliados, incluido Chile y la región latinoamericana, para desechar la tecnología china en las redes 5G. Solo es cosa de tiempo para que, en respuesta al bloqueo, Huawei desarrolle su propio sistema operativo y el mundo disponga de tres grandes empresas tecnológicas con sistemas operativos para teléfonos inteligentes: IOS de Apple, Android de Google y el propio de Huawei.

Las inversiones en infraestructura y redes 5G y los servicios de internet por teléfonos inteligentes son esenciales y en esto no podemos equivocarnos. Nuestro secreto es el mismo que lo que hicimos en los años setenta del siglo pasado: abrir nuestra economía a este mundo digital.

Aquí sí que estamos hablando de una guerra nueva que puede tener un gran impacto en el mediano plazo para el mundo y para Chile en particular. Ya hicimos casi todo lo que teníamos que hacer para nuestra inserción en el comercio internacional de bienes. La transformación digital de la economía y la sociedad chilena en todos los ámbitos: de sus empresas privadas y públicas, de sus servicios públicos y de su sistema educativo determinarán la inserción internacional de Chile en la nueva economía digital del siglo XXI. Las inversiones en infraestructura y redes 5G y los servicios de internet por teléfonos inteligentes son esenciales y en esto no podemos equivocarnos. Nuestro secreto es el mismo que lo que hicimos en los años setenta del siglo pasado: abrir nuestra economía a este mundo digital.

Para ello necesitamos tener claridad en dos cosas. Por una parte, una política de No Alineación en esta guerra nueva. Ello por cierto no significa ser ingenuos respecto a la ciberseguridad y la protección de datos que deban cumplir todas las empresas internacionales que deseen invertir en Chile. Debemos seguir avanzando rápido en una estricta regulación general de protección de datos al estilo europea (GDPR por su sigla en inglés) que declara que el dato es de propiedad del usuario, no de la empresa que lo almacena, y que fiscaliza severamente a las empresas tecnológicas para usar los datos en estricto cumplimiento de las autorizaciones del usuario. Muchos de los temores de los EE.UU. sobre Huawei se resuelven desarrollando un marco de regulación global de las grandes empresas tecnológicas -conocidas como bigtech-, donde ahora se debe incluir a Huawei en adición a Amazon, Apple, Google y Facebook.

En segundo lugar, nuestro éxito dependerá también de cómo entendamos la nueva economía digital y los flujos de servicios digitales transfronterizos en casa. Es una mala idea un nuevo impuesto indirecto a las plataformas digitales, pues funciona como un efectivo arancel que impide la sana competencia internacional por la provisión de servicios digitales. En esto tengamos un buen debate en la ley de Modernización Tributaria, eliminemos el ISD y reemplacémoslo con el IVA que es compatible con el comercio internacional. No es mucho lo que podemos influir en la guerra comercial, basta en eso con resistirse a las presiones de alineación, pero sí podemos partir por hacer bien las cosas en casa.

@patricioarrau

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